N° 2066 - 02 al 08 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn verdad, aunque son absolutamente necesarias las medidas adoptadas en nuestro país para prevenir o controlar el preocupante desarrollo de la actual pandemia, cuesta bastante soportar el riguroso encierro aconsejado a quienes, como este columnista, ya están bien adentrados en la franja etaria más proclive a verse afectada por dicha pandemia. En esta impensada y preocupante situación se echan de menos muchas cosas. Desde el contacto cotidiano con hijos y nietos, o el encuentro habitual con los amigos de siempre, hasta la mera salida a la calle, aunque más no sea para disfrutar de los estertores de este verano que, compadecido de nuestras penas, se muestra renuente a cederle el paso a los fríos capaces de complicarla. Y si hay algo que se extraña sobremanera… es el fútbol nuestro de cada día.
Por tal razón, no podemos sino aplaudir la iniciativa de algunos canales de televisión que el pasado fin de semana nos permitieron retroceder en el tiempo y volver a disfrutar un par de partidos de nuestra selección que, pese al tiempo transcurrido desde la fecha en que se disputaron, permanecen absolutamente vigentes en el recuerdo de nuestros aficionados. Y ¡vaya que fue un auténtico regocijo para el alma ver nuevamente en acción a quienes fueron protagonistas de dos actuaciones memorables del equipo dirigido por el Maestro Tabárez!
No es lo mismo, claro está, ver un partido en tiempo real, con la incertidumbre de saber qué puede ocurrir, que hacerlo cuando ya se conoce el resultado; más aún cuando pasaron ya unos cuantos años desde que tuvo lugar. Pero ha sido precisamente esta peculiar circunstancia la que posibilitó un disfrute diferente para quienes supimos aprovecharnos de ese tan bien estructurado pasatiempo televisivo.
Fueron dos los partidos que pudieron verse. El disputado ante Ghana en el Mundial de Sudáfrica del 2010 (que posibilitó que después de 40 años una selección uruguaya pudiera acceder a las semifinales de un torneo de ese tipo) y el choque ante Inglaterra en el Mundial de Brasil, en el que el retorno en tiempo récord de Luis Suárez, tras una muy dura lesión, le permitió producir una de las mayores epopeyas individuales en la selección que registra el rico historial del fútbol celeste.
Aun con este tan peculiar detalle, permítasenos centrar esta columna en el primero de los cotejos antes mencionados, seguros de que pocas veces un partido de fútbol ha ofrecido facetas tan cambiantes y decisivas, que muy difícilmente hubiera podido imaginar el más creativo de los guionistas de Hollywood. No piense el lector que, ante la indefinida inactividad de nuestro fútbol, vamos a comentar un partido disputado hace tantos años. Sin embargo, volver a ver ese partido, siendo 10 años más viejo, vino a resultarnos una experiencia muy singular y disfrutable. Más aún porque en la oportunidad en que dicho cotejo se jugó (esto a título de anécdota personal), y aprovechando la Feria Judicial, nos encontrábamos con mi esposa de paseo en Buenos Aires. Y pensando en los nervios resultantes de verlo solos en la habitación del hotel, nos fuimos hasta la Embajada de nuestro país, en cuyo confortable auditorio sufrimos y gozamos durante dos largas e inolvidables horas, junto con una muy nutrida y bullanguera legión de compatriotas residentes en la vecina orilla (claro que a costa de no haber podido captar en tal ocasión, con la precisión debida, ciertos detalles de ese partido que recién ahora pudimos advertir).
No vamos a referirnos al trámite de un cotejo que Uruguay bien pudo haber ganado en el tiempo reglamentario. Acaso sí señalar que el juez pasó por alto dos claros penales cometidos por Ghana y uno por nuestra selección, que pudieron ser determinantes en la suerte final del partido. Ello, empero, nada comparable con el inaudito yerro del árbitro portugués (inducido por el línea de ese sector) que sancionó una infracción de Fucile, que no existió ni por asomo, y de cuya ejecución derivó precisamente la jugada cumbre del alargue. Pero los errores en nuestro perjuicio siguieron en la continuidad de esa misma jugada. Cuando parte el centro contra nuestra área ya hay dos futbolistas ghaneses fuera de juego y siguen estándolo cuando un compañero suyo desvía de cabeza el balón hacia el arco celeste. Y ni el línea ni el juez indican nada, dejando seguir increíblemente la acción. Llega entonces la sucesión de remates de los futbolistas rivales y la persistente oposición de los nuestros, todo en escasos cinco segundos. Y es entonces que aparece el protagonismo excluyente de Luis Suárez, plantado en la raya del gol, salvando con el muslo un primer remate, y luego el siguiente estirando la mano sobre la cabeza de Fucile y cometiendo un clarísimo penal. Luego su impotencia al verse expulsado, su salida hacia el túnel, su espera ante la inminente ejecución, y cuando el remate del africano se estrella en el horizontal, su reacción tomándose la cabeza con ambas manos, no dando crédito a lo ocurrido. Y su alocada corrida hacia la cancha para festejar con sus compañeros. Por último, la angustiante definición por penales, las dos atajadas monumentales de Muslera, esa caminata lenta e interminable de Abreu para ejecutar el penal decisivo y su locura picando la pelota por sobre el desairado golero rival, como si estuviera en algún campito de su niñez.
Rodrigo Romano y Federico Buysan, los apreciados colegas de Canal 12, lograron —justo es señalarlo— un equilibrio casi perfecto entre una suerte de relato retroactivo del cotejo, pero gritando los goles como hechos en tiempo real, y reportajes a varios protagonistas de aquel partido, respecto a diversas circunstancias de juego. De modo que no solo se vio colmado el objetivo primario de ofrecer a una enorme audiencia cautiva un largo rato de solaz, sino que también en ese lapso las preocupaciones de estos días tan complicados quedaran de lado. Al punto que, en los distintos rincones del país, los goles de aquel añejo partido se gritaron y festejaron del mismo modo que si se hubieran convertido en este momento.
Por su parte, el video original de ese mismo partido, emitido por Canal 10 en la mañana del domingo, permitió aquilatar el oficio y la visión de Roberto Moar y Jorge da Silveira, en sus relatos y comentarios vertidos en el mismo momento y escenario en que se disputara. Ello quedó de manifiesto en ciertas situaciones puntuales de juego. El primero, pidiéndole a Muslera que atajara no uno sino dos penales de la serie (lo que este cumplió puntualmente) y el comentarista intuyendo y expresando, desde un buen rato antes, que el Loco Abreu, si debía ejecutar algún penal, iba a picar su remate, tal como luego ocurrió.
Esta experiencia televisiva resultó, pues, altamente favorable, como para que pueda repetirse en algún próximo fin de semana.