¿Qué investigan los detectives privados en Uruguay?

Los casos empresariales, laborales y de infidelidad son los que más llevan a contratar detectives en el país

Los casos empresariales, laborales y de infidelidad son los que más llevan a contratar detectives en el país 

Entre una verdulería y una heladería que aparenta estar cerrada existe una puerta que no llama para nada la atención. Hacia adentro, lo único que puede verse es una larga escalera que parece no tener final. Allí arriba, varias habitaciones cerradas dan más misterio al lugar. La única abierta es la del despacho de Jorge Alliaume, director de la agencia de investigación Detective Jack, fundada por su abuelo en 1928.

Al entrar, cualquiera esperaría una habitación al estilo Sherlock Holmes, oscura, con montañas de papeles desordenados y tapada por humo de tabaco. Detrás de un escritorio, un detective con sombrero, sobretodo y una pipa en la boca. Pero no. La oficina estaba bien iluminada, tenía medallas colgadas, un par de handies apoyados sobre una mesita -permiten una comunicación más rápida que por celular-, y un cartel detrás del escritorio que confirmaba que allí trabajaba un detective. El hombre, simpático, no coincidía con la imagen esperada. Llevaba un traje, camisa y corbata, no tenía sombrero, ni una pipa, ni había humo de tabaco. Se sentó, dio vuelta unas hojas que tenía apoyadas sobre su escritorio y se dispuso a contar sobre su actividad.

ADIÓS OCHO HORAS. Jorge Alliaume tiene un máster en inteligencia y un doctorado en Ciencias de la Seguridad enfocado en investigación. Para desarrollar su tarea se precisa disponibilidad total; se trabaja cualquier día, a cualquier hora y en cualquier lugar, y el tiempo que se le dedique dependerá de cada caso. Por ejemplo, si lo que se está investigando es un robo en una empresa, el trabajo puede llevar hasta un mes. "Sabes a qué hora lo empezás pero no sabes ni dónde ni cuándo lo terminás. Empezamos un trabajo acá y lo hemos terminado en el Chuy, en Brasil", recuerda. Si el caso es de infidelidad, podría tomar una semana porque, según Alliaume, en esos días siempre hay al menos una comunicación entre los involucrados.
El precio de cada caso dependerá de las herramientas y el tiempo que se le dedique. En los de infidelidad, cuatro horas de seguimiento por día podrían costar alrededor de 8.000 pesos y una semana 15.000 pesos aproximadamente.

TIPOS DE CASOS. ¿Para qué contratar a un detective? La variedad de respuestas que tuvo esa pregunta fue interminable. Según dijo Alliaume, la mayoría de los casos son en el ámbito empresarial. Empresas grandes, multinacionales, que contratan este servicio por diversas razones. Entre ellas aparecen robos dentro de la misma compañía, empleados certificados que están trabajando en otro lugar, funcionarios con contratos de exclusividad que trabajan en ese horario para otro cliente, o personas del exterior que vienen a Uruguay para tener reuniones con un cliente y, sin decir nada, también contactan a otras empresas que son competencia.
Otro asunto son las investigaciones de personas desaparecidas. "Hemos aportado alguna que otra prueba. Es como algo complementario a lo que hace la policía", afirma el detective. Y aunque cada vez sean menos, también aparecen los casos de infidelidad. "Cuando la gente viene por un caso de infidelidad, ya tiene un 93% de sospecha de que la pareja le está siendo infiel. A lo que viene acá es a tener una prueba objetiva", explica Alliaume. Según su experiencia, cuando la investigación termina y se comprueba la infidelidad, quien siempre se lo toma peor es el hombre. "No soy psicólogo ni sociólogo, pero me parece que las parejas lo están resolviendo de otra manera. Ha disminuido muchísimo ese tipo de trabajo", asegura.

Y la lista de casos continúa. Lo han llamado hoteles para saber sobre el funcionamiento interno y observar cómo se desempeña el personal; o para casos de pensiones alimenticias, en los que hay que comprobar que la persona está trabajando y se le puede reclamar el dinero correspondiente. "Una vez trabajamos para Casinos del Estado, con aquellas máquinas que estaban colocadas en bares o casas de fotocopiadoras que estaban muy cerca de los centros estudiantiles", recuerda Alliaume, y cuenta que debían comprobar si eran usadas por personas menores de edad. En cuanto a casos vinculados a la política, el detective aseguró que en lo que más han trabajado fue en casos de "contrainteligencia". "Hemos hecho mucho revisaciones de despachos donde van a haber reuniones".

El despacho de Alliaume está adherido a la Asociación Mundial de Detectives, lo que le da posibilidades de trabajo en el exterior. Allí aparecen muchos casos de empresas que quieren saber cómo están constituidas ciertas sociedades, buscan conocer el patrimonio que dicen tener, y cientos de razones más.

EN ACCIÓN. El objetivo primordial de cualquier investigación es que la persona que está siendo investigada no se dé cuenta de la situación. Por eso, una de las primeras tareas del detective es hacer un relevamiento ambiental para saber por dónde se mueve el sujeto investigado y así camuflarse con mayor facilidad.
Alliaume y su equipo no usan ninguna vestimenta especial, solamente se adecuan al ambiente en que deben moverse. Si la persona va todos los días al gimnasio, el detective tendrá que vestirse con ropa para entrenar, por ejemplo. Utilizan aparatos como mini grabadores, transmisores, cámaras ocultas, GPS, que compran en Europa o Estados Unidos a precios y modalidades que hoy resultan muy accesibles. "Hemos llegado a poner mini cámaras en la mochila de un niño, porque los padres tienen versiones de que en las guarderías les gritan. También en casas de personas que tienen personal doméstico", explica.

Según Alliaume, el uruguayo es muy desconfiado y siempre necesita una prueba que le demuestre la verdad. "Tengo colegas brasileros y argentinos, y los clientes son diferentes. Acá les tenés que dar una prueba, mostrar algo", afirma.

MENOS TECNOLOGÍA, MÁS INTELIGENCIA. Detrás de la empresa Domínguez & Asociados se encuentra Ricardo Domínguez, un detective que comenzó a involucrarse en el mundo de la investigación en 1971, al ingresar a la Dirección Nacional de Información e Inteligencia de la Policía y que luego decidió trabajar de manera independiente. "La forma en que trabajamos es al estilo policial antiguo, porque en Uruguay mucha tecnología no hay y la que hay es tremendamente cara. Además, acá nos conocemos todos. En nuestro trabajo nos divertimos, en el buen sentido, lo hacemos con alegría y mucha responsabilidad", asegura.

Domínguez se compara con la serie Columbo, un detective de Los Ángeles que "usaba mucho la cabeza" al momento de trabajar, y que, con poca información y pocos recursos, no le quedaba otra que apelar a la inteligencia. "¿Qué tecnología tenemos hoy? La que tiene todo el mundo, simplemente hay que saber usarla", dice.

A diferencia de otras partes del mundo, en Uruguay no existe una licencia de detective. Según cuenta, para obtener la licencia en España, los agentes tienen que dar exámenes, ser oficiales de policía y abogados, ambos. Una vez que se cumple con esos requisitos, el gobierno tiene la obligación de darles la información necesaria. "Eso es imposible hacerlo en Uruguay; acá cada vez te cierran más y te la tenés que ingeniar para conseguir la información de cualquier manera para llegar a tu objetivo". 

Domínguez cobra una tarifa por hora, que varía si es diurna o nocturna. La diurna cuesta alrededor de 400 pesos y la nocturna arriba de los 600 pesos. Con él trabajan cuatro investigadores, abogados, una psicóloga y también una vidente que los apoya en las diferentes investigaciones. "Muchas veces hasta los mismos policías, excompañeros, nos han pedido ayuda", cuenta.

A diferencia de Detective Jack, los casos que más llegan al escritorio de Domínguez & Asociados son los de infidelidad, y luego vienen los empresariales. Sin embargo, para Domínguez los casos más lindos y "tremendamente emocionantes, que quiebran a cualquiera" son los de personas -en su mayoría mujeres- que buscan a su padre biológico.