Laura Raffo: “Tengo muy naturalizado el poder decir en cualquier reunión: ‘Me llama mi hijo, esperame’”

Ser madre de mellizos llevó a la precandidata por el Partido Nacional a retrasar su entrada en la política, pero no se arrepiente. Hoy lucha por regalarle a sus hijos tiempo de calidad

A Martosa, su madre, Laura Raffo le “haría un monumento”. Quizás es algo que muchos haríamos por nuestras madres. Pero la precandidata del Partido Nacional por la agrupación Sumar afirma que su madre es especial, una adelantada para su época, que la “marcó a fuego”. Marta, su nombre real, “fue una madre catalizadora y promotora de que nos desarrollemos al máximo”, “siempre nos transmitió a las mujeres de la familia la importancia de que tuviéramos autonomía, que no dependiéramos de nadie”, cuenta Raffo­ a Galería.

No lo dice, pero lo transmite con el brillo de sus ojos y la emoción con la que habla de ella. A Martosa le debe buena parte de los logros y puestos de liderazgos que ha alcanzado hasta el momento, incluso el ser hoy precandidata a la presidencia. Actualmente, ese valor de “construí tu propio destino” y “atrevete a soñar” es uno de los tantos valores familiares que quiere transmitir a sus hijos mellizos, Francisco e Ignacio, de 17 años. Estando donde está y asumiendo los desafíos que tiene por delante es, a su entender, la mejor manera de inculcárselos. “Cuando un hijo me pregunta por qué no voy a estar el sábado, le explico con alegría que no voy a estar porque voy a estar haciendo algo que me encanta y que quiero que el día de mañana él también pueda hacer las cosas que le encantan”.

Sus hijos saben que la pueden llamar a cualquier hora y asegura que siempre da la batalla para, en medio de una agenda tan apretada, encontrar los espacios para compartir con ellos y conversar. “No me importa nada decir en una reunión de 20 hombres: “Tengo que terminar porque tengo que ir a tal lado con mi hijo”, asegura. “Ellos lo necesitan” y, como en un guiño, agrega: “También lo necesitan de sus padres”.

Respondiendo al espíritu que heredó de su madre, Raffo está convencida de que con personalidad e iniciativa “de a poco” se pueden ir cambiando los horarios y la forma de tomar decisiones en la política, de manera que no se perjudique a las mujeres. En esa batalla se encuentra. Además, se compromete a pelear para generar igualdad de oportunidades para que las mujeres puedan desarrollarse profesionalmente, tanto como los hombres. “Estos temas los tenemos muy presentes y los vamos a impulsar”, remata, desde su oficina de la sede central de Sumar, ubicada en Plaza­ Independencia­, frente a la Torre Ejecutiva.

La maternidad le llegó doble. ¿Cómo vivió el ser primeriza de mellizos?

Fue un cambio impresionante en mi vida. En esa época trabajaba en Microsoft y tenía a cargo cinco mercados, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Argentina y Chile. Cuando quedé embarazada de mellizos, lo primero que me dijo el ginecólogo fue: “Los embarazos de mellizos son de riesgo, vas a tener que cuidarte y viajar menos”. Igual, por suerte, hasta el séptimo mes laburé para los cinco mercados lo más bien. Después, sí, tuve que guardar reposo. Cuando nacieron los mellis fue una alegría inmensa. Pero claramente fue difícil, desde salir a la calle e ir al supermercado. Me acuerdo que miraba a las madres que habían tenido un bebé y lo llevaban calzado en la cadera, haciendo todo­, naturalmente­. Yo cuando me calzaba uno y otro en las caderas quedaba sin manos y sin poder hacer nada. Entonces, es un cambio supergrande en cuanto a la autonomía y a la independencia, a las que yo estaba acostumbrada. Pero llega el amor de tu vida, que son tus hijos.       

¿Qué cosas de la educación que recibió les quiso transmitir?  

Los valores son los mismos. Siempre transmitís a tus hijos el valor de ser buena persona, de estar cuando los demás los necesitan, de cuidarse entre hermanos, de cuidar a la familia. En casa siempre me criaron con la idea de que la familia es unida y nos apoyamos unos a otros. Otra cosa que me inculcó mucho mi mamá fue: “Hacé lo que te guste, atrevete a soñar con cualquier cosa, que lo podés alcanzar”. Mi madre nos insistía mucho en eso a mí y a mi hermana mujer, Vero. Tengo 50 años, o sea, me criaron en una época en la cual, por supuesto, las mujeres ya estaban en el mercado laboral y tenían una participación activa, pero donde todavía hacían menos cosas que los hombres. Entonces, mi madre insistía mucho en la autonomía y en el “no tenés límites”. Eso hoy se lo transmito a mis hijos todo el tiempo. Construí tu propio destino. Siempre vas a tener el apoyo familiar, pero vas a cumplir tus sueños, en la medida en que los persigas. 

¿Cómo es la relación que hoy tiene con ellos? 

Es una relación divina, porque son el centro de mi vida. Yo estoy divorciada hace 10 años y vivo con mis dos hijos. Es una relación muy cercana, muy de contarnos las cosas y hablar con mucha transparencia. Son adolescentes, un montón de veces te cuestionan, te critican y te plantean cosas fuertes. Yo fomento mucho que haya diálogo, incluso que te cuestionen determinados temas que tienen que ver con la sociedad. De pronto, ven en TikTok alguien criticando un tema y vienen y me preguntan qué está pasando con esto. Los apoyo mucho en el deporte, los dos son fanáticos del rugby y juegan en el Seminario, su colegio. Están en la etapa en la que están construyendo su futuro, están eligiendo su orientación y los apoyo en sus gustos.

¿Le molesta cuando le preguntan cómo hace para conciliar política y maternidad? 

Esa es una pregunta que arrastramos las mujeres desde que nos hemos dedicado al mercado laboral. Es increíble cómo a las mujeres nos lo siguen preguntando. ¿Por qué no les preguntan a ellos cómo hacen con sus chicos? Esa pregunta la empecé a enfrentar apenas nacieron los mellis. Cuando me reintegré al trabajo, obviamente, cada tanto seguía viajando. Me acuerdo muy bien de ir en viaje de trabajo, la mayoría de mis compañeros eran varones, y siempre me preguntaban: “¿Cómo te las arreglas?”. Todos mis compañeros tenían hijos también, pero a ellos nadie les preguntaba. Entonces, es una evolución que tiene que seguirse dando en la sociedad. Los niños tienen madre y padre y, por lo tanto, que las mujeres nos desarrollemos profesionalmente no impide que seamos madres. Del mismo modo que la profesión de los padres no impide que sean padres. 

También es cierto que cuando un niño se lastima o tiene fiebre en la escuela, a la primera que recurren siempre es a la madres. Por lo tanto, soy consciente de que para las madres desarrollarnos profesionalmente es más cuesta arriba que para los padres. Es una realidad, porque te tenés que ocupar de tus hijos, que lo hacés con amor, pero la carga termina siendo mayor para la madre que para el padre, de la casa, de los adultos mayores y encima trabajás la misma cantidad de horas. Terminás siendo malabarista. Me lo plantean las madres en todo el país. 

Es verdad que la política está planteada muchas veces en horarios más compatibles con hombres que con mujeres. Pero de a poco lo podés cambiar. Por ejemplo, yo siempre digo: “Todos los sábados y domingos de 9 de la mañana a 10 de la noche, actividades políticas, no”. Porque yo quiero almorzar un día con mis hijos, quiero cenar con ellos, llevarlos al partido. Ellos lo necesitan. También lo necesitan de los padres. Pero es cierto que como mujer empezás a plantear cuestiones vinculadas a la maternidad que hasta ahora no estaban planteadas. 

Alguna vez dijo que demoró en meterse en política porque estaba criando a sus hijos. ¿Fue una decisión difícil?  

Sí, claro. Cuando en 2012 yo me junto a conversar por primera vez con Luis Lacalle Pou él se postulaba por primera vez a la interna del Partido Nacional y estaba conformando un grupo, yo me sentía muy tentada. Me parecía buenísimo lo que estaba haciendo, pero mis mellis en ese momento tenían cinco años. La verdad no me sentí capaz de compatibilizar las dos cosas. Muchas veces nos pasa eso a las mujeres. Sabemos que es tan cuesta arriba, ¡tan cuesta arriba!, que muchas veces dejamos oportunidades de lado porque somos madres y queremos tener el tiempo con nuestros hijos. Eso son barreras que existen para que las mujeres nos desarrollemos. Por eso yo empujo tanto porque existan los sistemas de cuidados, porque les demos apoyo a las madres para desarrollarse profesionalmente. Somos nosotras las que tenemos que impulsar esos cambios. Que la mujer sepa que cuenta con una red de cuidados, donde sus hijos puedan concurrir más allá del departamento o del barrio donde viva. Si no los impulsamos nosotras, no los impulsa nadie. 

Está comprobado que en los temas de cuidados existe lo que se llama el muro de la maternidad, que es cómo la maternidad se transforma en un muro para las mujeres a la hora de conseguir oportunidades laborales, como implica una caída en sus ingresos en todo el mundo, etc. Para tirar abajo ese muro se necesitan políticas. Soy muy consciente de eso.

¿Se arrepiente, entonces, de no haberse metido antes en política?  

Esas son decisiones superpersonales. Yo creo que en la vida tenés que hacer lo que sentís en el momento. Cuando me zambullí en la arena política en 2020 fue como volver a mis raíces y sentí que hacía algo que hacía tiempo que estaba esperando. Lo disfruté a pleno y lo estoy disfrutando enormemente. Ahora lo vivo con alegría, pero en su momento quizás no lo hubiera vivido así. Me parece que está bueno que cada uno se dé sus tiempos y cumpla los procesos. 

Cuando resolvió meterse en política, ¿lo consultó con sus hijos?

No los consulté. Tomé la decisión y después me di un espacio de todo un mediodía para hablar con ellos y con mi pareja. Lo conversamos muy seriamente. Les contamos lo que eso significaba, la exposición mediática que yo iba a tener, que la gente iba a hablar de su madre, que me iban a ubicar más de lo que ya me ubicaban, porque yo trabajaba en televisión. Tuve una charla muy profunda. Es superimportante hacerlo. No los consulté porque me parece que son decisiones personales. Ellos eran chiquilines, lo que les tenés que transmitir es, con alegría, la decisión que tomaste. 

¿Cómo viven ellos el hecho de que la madre tenga tanta exposición pública? 

Lo viven como todo en la vida. Por momentos con mucha alegría, me apoyan mucho, ven que esto es mi pasión y quieren que todo el proyecto político se pueda llevar a cabo. Opinan de lo que hacemos en TikTok, de lo que hacemos en redes, se involucran. Pero, por momentos, obviamente, como es una tarea que te lleva mucho tiempo, te lo hacen sentir, te reclaman, lo cual es absolutamente normal en adolescentes. Igual a mí no me gusta exponerlos mucho. 

¿No exponerlos es una decisión, entonces?

Sí, es una decisión absolutamente tomada, hablada con ellos. Si te fijás, yo no hago cosas públicas con mis hijos. Ellos no aparecen en mis redes sociales. Solo puntualmente en Navidad­, porque es una foto familiar y nada más. No vienen a los actos. 

¿No te acompañan en los actos y actividades políticas?   

Ellos se enganchan, votaron en las elecciones de jóvenes del Partido Nacional, les entusiasma, pero en principio no participan en las actividades. Yo prefiero mantenerlos al margen de la exposición, porque la exposición tiene su lado muy bueno, como es recibir el cariño de la gente, pero todos sabemos que también tiene su lado malo. 

¿Qué hace una madre, cuando sistemáticamente empieza a tener reuniones o asados en la noche, donde se toman las decisiones más importantes, tal como dijo el presidente en el desayuno de Búsqueda

Y bueno, dos cosas: primero, empezás a organizar las comidas en tu casa. Yo hago muchas reuniones en casa. Mis hijos conocen a todos y se sienten integrados, participan, hacen, comen. Yo tengo muy naturalizado el poder decir en cualquier reunión: “Me llama mi hijo, esperame”. Incorporo el hecho de ser madre a mi actividad política. Ellos saben que me pueden llamar a cualquier hora, siempre. Me acuerdo una vez que estábamos llegando a un acto, me estaban esperando y me llamó Francisco­, que tenía un problema y yo me tomé mis 15 minutos para conversar con él y dejar el tema resuelto. Después entré al acto. No me importa nada decir en una reunión de 20 hombres: “Tengo que terminar porque tengo que ir a tal lado con mi hijo”. Lo tenés que incorporar. Y después cuando tenés que participar en actos o reuniones fuera de hora, es tener mucho diálogo con tus hijos. “Chicos, hoy no ceno con ustedes, pero mañana sí”. Tener mucho tiempo de calidad con ellos.

¿Alguna vez sintió que descuidó a la familia por la política? 

No, eso es un mecanismo muy culposo que tenemos las mujeres. Las mujeres somos culposas, todas. Desde el día uno que te vas a trabajar y que tu bebé queda en casa, sentís: “¿no tendría que estar un rato más en casa?”. La sociedad nos inculca eso y hay que pelear mucho contra la culpa, preguntarnos por qué me tengo que sentir culpable de hacer lo que realmente me hace sentir plena, si yo soy una buena madre, que me ocupo de mis hijos, que estoy para ellos cuando me necesitan. La presencia no es una cuestión de estar al lado físicamente, la presencia es una cuestión de que tus hijos sepan que cuentan con vos y pueden consultarte para todo. Son temas que yo trabajé un montón porque la culpa siempre está. 

Su padre también era político. ¿Cómo fue crecer en un ambiente politizado? 

Me marcó muchísimo porque cuando mi padre empezó a hacer política todavía estábamos en dictadura y tratando de que haya un retorno democrático al país. Me acuerdo de salir a cacerolear con mi abuela materna, Lidia, que le encantaba. En casa siempre vivimos la política como algo positivo, hay que ponerle el pecho al país para que se transforme. Me gustó mucho vivir la política por dentro, la energía que tiene el Partido Nacional y sus tradiciones. 

¿Qué valora de su madre? 

Todo. Tengo una madre que es lo máximo. Martosa le decimos. Se llama Marta. Ella no solo siempre estuvo muy presente en nuestra crianza, sino que además fue una madre catalizadora y promotora de que nos desarrollemos al máximo. Una madre que no nos puso límites y que siempre nos transmitió a los tres hijos obviamente, pero a las mujeres en particular, la importancia de que nos desarrolláramos a pleno, que tuviéramos nuestra autonomía, que no dependiéramos de nadie, que hiciéramos nuestros estudios, que creciéramos por nosotras mismas. Nos lo marcó a fuego a mi hermana y a mí. Y también es una mujer superpreocupada por los demás. Entre los hermanos le decimos que tiene el SIF, el Sistema de Información Familiar, porque nos mantiene a todos informados de todo. La verdad que es una figura superimportante. Le tenemos que hacer un monumento. No sabés el gran apoyo que es ahora también para mis hijos. ¡Es tremenda abuela con todos sus nietos! Ahora que estoy en plena campaña y estoy enloquecida con un montón de cosas, por supuesto que siempre está Martosa al pie del cañón. Soy muy afortunada de la madre que tengo. 

¿Hay alguna historia familiar que le haya inspirado a impulsar algún tema en política?  

Lo de la autonomía económica de las mujeres me parece muy importante, lo trabajé mucho también en el sector privado. Cómo hacer que las mujeres obtengan el mismo nivel de ingresos que los hombres y también entre las mujeres. Visito muchos departamentos y barrios, y converso con mujeres que son jefas de hogar, con hijos a cargo y les resulta difícil tener un trabajo, tener una red de cuidados para sus hijos y, por lo tanto, se perpetúa la situación de falta de autonomía económica. Es un círculo vicioso. Nosotros tenemos un grupo de mujeres que se llama Sumar Mujeres, donde tratamos estos temas: autonomía económica, situaciones de violencia. Creo que el hecho de que haya candidatas mujeres favorece que se traten temas que tienen que ver con una mayor igualdad entre hombres y mujeres. Hay que apoyar a las madres en su autonomía. Es una visión que los varones no la tienen. Por eso no es lo mismo un Parlamento de hombres que un Parlamento de hombres y mujeres. No es lo mismo una presidenta mujer que un presidente hombre. No es lo mismo. 

FUENTE: nota.texto7