Aldo Mazzucchelli plantea que el oro de Colombes fue más importante que el Mundial de Maracaná, y que la "garra charrúa" apareció cuando cayó la calidad del fútbol uruguayo
Aldo Mazzucchelli plantea que el oro de Colombes fue más importante que el Mundial de Maracaná, y que la "garra charrúa" apareció cuando cayó la calidad del fútbol uruguayo
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En Uruguay no hay discusión: Maracaná es la gesta deportiva más emblemática. Ese relato se inculcó a lo largo de generaciones, y poner en duda el valor épico del Mundial del 50 es, para muchos, una afrenta a lo más profundo de la uruguayez. Pero la rica historia del fútbol uruguayo no empezó aquel 16 de junio en 1950, sino en 1924, cuando en los Juegos Olímpicos de París los celestes conquistaron la medalla de oro.
Sobre ese punto, el escritor Aldo Mazzucchelli no tiene dudas: lo que sucedió en el Estadio Olímpico de Colombes es el hito más importante en las historia del fútbol uruguayo, más que el venerado Maracaná. A su modo de ver, aquel oro olímpico -que se repitió cuatro años después en Amsterdam- fue el inicio de los mejores años del fútbol uruguayo, que tenía como principal característica el buen juego.
Mazzucchelli (Montevideo, 1961) es un reconocido ensayista y poeta, con un PhD por la Universidad de Stanford. Fue profesor de la Universidad de Brown y es grado 5 en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República. En 2010 obtuvo el Premio Bartolomé Hidalgo por el libro La mejor de las fieras humanas (Taurus), sobre Julio Herrera y Reissig.
El interés de Mazzucchelli en el fútbol comenzó en la década de los 80, mirando fútbol con el padre de un amigo. Él sentía que vivía "una época horrorosa, donde todo era garra", con el buen estilo relegado a un segundo plano. Unos años más tarde, en 1994, volvió al fútbol, esta vez en una columna que escribía en la desaparecida revista Posdata, con el seudónimo David Martino.
Hace algunas semanas publicó el libro Del ferrocarril al tango. El estilo del fútbol uruguayo 1891-1930 (Taurus), un voluminoso, documentado y atrapante ensayo sobre la historia del fútbol celeste, que repasa los comienzos de ese deporte en Uruguay, y también analiza la sociedad de la época.
Además del fútbol, la política es protagonista del libro. Por eso, en las páginas aparecen nombres como el de José Batlle y Ordóñez a la cabeza, Pedro Manini Ríos y Alfredo Vásquez Acevedo entre las figuras que tuvieron un papel destacado en el crecimiento del deporte y en su impacto en la sociedad.
El trabajo de Mazzucchelli repasa la fundación de clubes, de instituciones criollas y de la Asociación Uruguaya de Fútbol, las desavenencias entre equipos y ligas, e historias de equipos ingleses. También recoge anécdotas de figuras históricas como los valerosos hermanos Céspedes, tres jugadores tricolores que murieron de viruela después de que uno de ellos quedó dormido en "un alojamiento de última categoría", donde antes estuvo acostado un brasilero infectado con esa enfermedad.
MÁS QUE BRASIL. "Colombes ha sido, quizá -aunque el país ya no puede reconocerlo y el mundo no lo ayudará en ello-, el mayor logro deportivo de la historia del Uruguay", escribió Mazzucchelli. "Mayor que todos, en primer lugar por haber sido el primero y el más difícil, aquel en el que quienes lo lograron no contaba con ningún espejo en el que mirarse o inspirarse", añadió.
En los años 20, dijo Mazzucchelli, Uruguay jugaba bien. Aquellos celestes no esperaban agazapados en su propio arco que un pelotazo habilitara al número 9, sino que se movían rápido y manejaban bien la pelota. Sí, así llegó a jugar alguna vez Uruguay. Según Mazzucchelli, así era el estilo deportivo hasta mediados de los 50, cuando las cosas cambiaron. El autor prefiere no ahondar en las razones de ese cambio, porque su objeto de estudio tiene como fecha límite los años 30.
Fue ese juego habilidoso el que le permitió a Uruguay conseguir su primer logro deportivo: el oro olímpico de 1924, que según Ma-zzucchelli, es la conquista deportiva más importante de su historia. ¿Por qué, entonces, la gesta del 50 está en lo más alto del imaginario colectivo uruguayo? Según el autor, eso responde a un esfuerzo por "reescribir la historia" para dejarla equilibrada "para los dos grandes", pues en la década de los 20 dominó Nacional y luego del 60 Peñarol se agigantó a nivel internacional.
"Uno de los elementos polémicos del libro es mostrar la importancia del 24. Uruguay solo habla del Maracaná y la idea de que en Maracaná se ganó porque fue algo excepcional. A los brasileros Uruguay les ganó siempre, desde que empezó el fútbol hasta que apareció Pelé en el 58", dijo a galería
"Uruguay siempre fue superior a Brasil, jamás fue su rival. El rival fue siempre Argentina. Que haya ganado la final del 50, con las 200.000 personas, es toda una construcción simbólica, porque el espectador no juega y cuando vas a jugar a un estadio que es abrumadoramente del otro, te puede jugar a favor. Porque si las cosas no se dan para el equipo local y ellos sienten la presión del público, vos no sentís presión. Para Uruguay fue mucho más difícil ganar la final del 30 que la del 50. (Héctor) Scarone dijo que nunca estuvo tan nervioso como en la final del 30", aseguró.
MÁS TALENTO, MENOS GARRA. El completo trabajo de Mazzucchelli toca otra de las vacas sagradas del fútbol uruguayo: la garra charrúa. A su modo de ver, los uruguayos "siempre fueron peleadores", pero las principales conquistas no se obtuvieron por tener garra, sino que se lograron "jugando muchísimo mejor".
"No precisás violencia si sos mejor que el otro. Lo que pasó es que siempre hubo nacionalismo y pasión alrededor del fútbol. Creo que el error es olvidar la calidad del fútbol uruguayo y pensar que se ganó como no se ganó", dijo Mazzucchelli.
En el libro, el autor se refiere a los jugadores que viajaron a París en 1924 a disputar los juegos olímpicos, donde obtuvieron la medalla de oro que se considera equivalente a un título mundial. Cuatro años después, Uruguay volvió a ganar el oro en los Juegos Olímpicos de Amsterdam; en 1930 ya como Mundial de fútbol salió campeón en Montevideo, y en 1950 en Maracaná.
La generación del 20 -que jugó en 1924, 1928 y 1930- "fue probablemente la generación de futbolistas uruguayos más respetada y admirada por su comportamiento en torneos de importancia", dijo Mazzucchelli. Tan habilidosos eran que, según el autor, en aquellos años ellos eran los receptores de los golpes de los europeos, que apelaban al juego más duro para poder frenarlos.
Según Mazzucchelli, "la violencia" de los equipos celestes surge con la "decadencia futbolística". "Y con la impotencia y la inferioridad futbolística, surge la idea de una ‘garra' mal entendida", dijo. Y lejos de toda corrección política y cuestionando una de las vacas sagradas de la identidad nacional, agregó: "A la luz de los documentos de época, se puede decir que Uruguay comenzó a hablar de ‘garra' cuando ya no pudo explicarse futbolísticamente sus triunfos".
DE BARCOS Y CUARTELES. Más allá de las explicaciones sobre el estilo de juego, el libro de Mazzucchelli recoge imperdibles anécdotas de aquellos campeonatos de fútbol, como, por ejemplo, detalles del viaje y estadía en París, donde los uruguayos obtuvieron el oro de Colombes en 1924.
Cuando llegaron a la Villa Olímpica, los jugadores se toparon con "el mayor desengaño de todo el viaje". "Habían soportado todo para llegar a París, que imaginaban maravilloso en cada uno de sus aspectos, pero el alojamiento resulta ser una serie de barracas de madera, para dormitorio y comedores, separadas por pasajes angostos, sin brillo, ni luz", escribió el autor.
Los baños parecían "de cuartel" y en la cocina "se hacían los mismos platos para todos". "La comida era malísima, empezábamos a estar de mal humor", recordó tiempo después Scarone, goleador y figura emblemática del equipo. Tan molestos estaban por el lugar que les tocó para concentrar que un día algunos salieron a recorrer París y se toparon con una casona -cuyo portón perteneció a la Bastilla-, donde se instalaron por su cuenta.
La concentración celeste tuvo visitas de figuras destacadas: un joven Carlos Quijano que se encontraba estudiando en París, y el periodista Lorenzo Batlle Berres, cronista del diario El Día, hermano de quien después fuera presidente. Una vez terminado el campeonato, los uruguayos demoraron varias semanas en retornar a Montevideo. Esa estadía fue financiada básicamente por el aporte de compatriotas que solventaron los gastos y los invitaron a comer a sus casas.
Ya en Uruguay, fueron recibidos como campeones en un puerto colmado de personas, al que habían llegado trenes cargados de habitantes de localidades del interior. "Cuando partimos, nadie nos creía. Que hasta los diarios nos llevaron la carga, y solamente los familiares nos fueron a despedir al puerto. ¡Pero a la vuelta'... Las cosas habían cambiado", recordó después José Nasazzi.
Cuatro años más tarde, los uruguayos volvieron a embarcarse rumbo a Europa, donde consiguieron el segundo oro olímpico, esta vez en Amsterdam. La delegación se alojó en una casa de campo para 30 personas ubicada en un parque a 45 kilómetros de la ciudad. Se pidió un menú acorde con el paladar uruguayo: desayuno a base de café con leche y pan con manteca; almuerzo con puchero, un plato de verdura y sopa, y carne o pescado para la noche.
Los últimos capítulos del extenso libro de Mazzucchelli están dedicados al Mundial de 1930, con historias de los celestes tomando mate en la concentración en el Prado. Hay frases memorables, fotos para el recuerdo, y citas de diarios de distintos países que recuerdan las gestas celestes. El autor dijo que el libro no fue pensado solo para futboleros, sino para un público interesado en la historia. Es cierto, hay para todos los gustos. El futbolero de ley, el que vibra con el buen juego y las gestas heroicas, disfrutará de cada capítulo, pero también lamentará haberse perdido a la mejor generación celeste.
"SCARONE ES MÁS QUE SUÁREZ"
Pocos jugadores han sido tan emblemáticos en la década de los 20 como Héctor Scarone. El Mago fue campeón olímpico en 1924, 1928, del mundo en 1930, obtuvo varias copas América, y fue una de las glorias del Club Nacional de Football, que hoy recuerda su pasaje por la institución con una de las tribunas del Parque Central, que lleva su nombre.
"Scarone fue Messi durante 50 años. Luis Suárez es muy importante, pero Scarone es más que Suárez. En cualquier cosa que quieras medir: títulos, clásicos, en lo que sea", dijo Aldo Mazzucchelli. El Mago fue uno de los primeros futbolistas en obtener un jugoso contrato en el exterior, algo que finalmente terminó rechazando por su amor a la selección y a su club.
El libro cuenta que en 1925, a partir de una gira que Nacional realizó por Europa, Scarone fue tentado a jugar en Barcelona por un dinero "escandaloso" para la época. "Debe pasar un año esperando a que cumpla la ‘cuarentena' reglamentaria para poder estar habilitado a debutar oficialmente. Mientras tanto, juega en un equipo de exhibición que el club posee para dar espectáculo en diversos pueblos de España, se pasea en un descapotable que el club le ha dado y desarrolla un romance con una chica de San Feliú de Guixols, en la Costa Brava, lo que es registrado por la prensa, mostrando el incipiente carácter mediático de los futbolistas globales", escribió Mazzucchelli.
Sin embargo, cuando estaba habilitado a jugar, las condiciones de profesionalismo cambiaron en España y se dispuso que si jugaba en ese país no podría hacerlo en la selección. "El Barcelona le ofrece contrato de cinco años, sueldo, premios a la máxima escala del plantel, más de 30 mil pesos uruguayos", contó el autor. Pero eso no fue suficiente para El Mago: "Yo pensaba en mi Uruguay querido; en que pronto vendrían otra vez las Olimpíadas, y mi compromiso con la celeste era irrenunciable; pensé en mi Nacional, al que nunca podría volver a defender, y el resultado de todo eso fue que me negué a firmar", había declarado el futbolista en su momento.
PEDRO PETRONE, EL MÁXIMO GOLEADOR
A Luis Suárez se lo presenta como el máximo goleador histórico de la selección. Sin embargo, Aldo Mazzucchelli aporta un dato distinto en ?su libro, basándose en la cantidad de partidos oficiales disputados. En ese sentido, no solo importa el número de tantos, sino los encuentros en que participaron los jugadores. De acuerdo con esa información, Mazzucchelli concluye que Pedro Petrone, el delantero celeste que fue campeón olímpico en 1924, 1928, y del mundo en 1930, entre otras conquistas con la selección, es el máximo artillero celeste. Para eso, presenta los números de tantos, partidos y promedio de goles por encuentro:
Pedro Petrone
24 goles/29 partidos oficiales/0,82 goles por partido.
Severino Varela
29 goles/24 partidos oficiales/0,79 goles por partido.
Héctor Castro
18 goles/24 partidos oficiales/0,72 goles por partido.
Carlos Scarone
18 goles/25 partidos oficiales/0,72 goles por partido.
Óscar Omar Míguez
27 goles/39 partidos oficiales/0,69 goles por partido.
Héctor Scarone
31 goles/52 partidos oficiales/0,59 goles por partido.
Luis Suárez
58 goles/109 partidos oficiales/0,53 goles por partido.
Héctor Scarone en el partido contra Francia en 1924.
Angel Romano, Alfredo Zibechi, Pedro Petrone, Alfredo Ghierra, He´ctor Scarone y Pascual Somma.
Hector Scarone frente al golero holandes, Gejus van der Meulen, en la semifinal de ParÍs en 1924.
Los jugadores de 1924 saliendo de paseo en París.
Los jugadores de 1924 haciendo un asado en el fondo del chateau de madame Pain.