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Renzo Gatto: “El matrimonio no tiene ningún sentido”
A diez años de publicar Manual para divorciados, Renzo Gatto Trochón prepara una versión recargada que incluye las redes sociales y la nueva ley de género
Renzo Gatto, autor de Manual para divorciados. Fotos: Adrián Echeverriaga
Cuando hace una década el abogado, empresario gastronómico, productor de teatro y escritor Renzo Gatto publicó Manual para divorciados no imaginó que iba a recibir tantos agradecimientos, naturalmente por parte de hombres desorientados que no encontraban apoyo ni comprensión en su proceso de divorcio y negociación para la tenencia de los hijos. El libro, que había surgido como una suerte de respuesta al Manual para divorciadas, publicado varios años antes por la pionera feminista Fanny Puyeski (amiga íntima de la familia Gatto) aborda con sentido del humor y también con seriedad el tema del matrimonio y sus consecuencias jurídicas cuando se disuelve. Funciona a la vez como texto de consulta y como medio efectivo para quitarle tensiones al asunto.
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Ahora, pasado un tiempo y con la ley de género ampliamente utilizada en los juzgados, el autor prepara una versión más moderna de su publicación, que incluye el impacto de las redes sociales en las relaciones conyugales rotas y los cambios que vivió la paternidad a raíz de la creciente entrada de las mujeres al campo laboral y del avance de la igualdad de género, además de las implicancias de la nueva ley.
Sobre estos cambios, sobre sus deseos de comenzar una carrera política y sobre su nueva versión de su libro, Gatto conversó con Galería.
¿Qué cambios hubo en estos 10 años que motiven una nueva edición de Manual para divorciados?
Toda la explicación del libro radica en un cambio cultural que en principio es positivo y que tiene que ver con la liberación de la mujer y su lucha por la igualdad, la cual yo comparto plenamente. Pero esos cambios culturales trajeron consecuencias y generaron en algunos nichos muchas injusticias. Estos cambios vinieron de la mano de otros cambios en la posición de los padres, distinta a la que tradicionalmente era. Ese padre era distante, poco cariñoso, poco comprometido e incluso cuando se producía la separación o aun en matrimonios rotos que no se divorciaban por interés o lo que fuera, la madre se quedaba con los hijos y al padre generalmente no le importaba o formaba rápidamente otra familia. Producto de que la mujer se fue liberando, muchos hombres empezaron a tomar una posición distinta. La mujer en el mercado y fuera de la casa obligó a los padres a tener un vínculo más cercano con los hijos, más afectuoso. La cercanía con un niño siempre te cambia. Esos padres, cuando se producían las separaciones empezaron a sufrir los resabios de esa cultura en que la mujer se quedaba con los hijos. Y esa cultura obviamente permeaba en el poder judicial y era prácticamente imposible lograr una tenencia compartida. En el poder judicial se apaña más a la mujer.
A raíz del libro se le acusó de retrógrado y machista, y de formular conceptos antiguos. ¿Qué dice a esto?
No es así. Lo que veo yo es una gran injusticia respecto de muchos padres, que además a lo largo de este tiempo se fue profundizando en dos aspectos. El primero tiene que ver con el problema del abuso y de la violencia doméstica. Cuando yo escribí el libro existía la ley de violencia doméstica pero no estaba o era muy nueva la ley de violencia de género. Esta ley es de las peores leyes jamás votadas en este país, se hizo sin ningún tipo de rigor técnico y tapó la ley de violencia doméstica. Hoy en los juzgados de familia prácticamente nadie aplica la ley de violencia doméstica, todos aplican la de violencia de género. Y esa ley estableció un reguero de medidas cautelares, de las cuales el juez está obligado a imponer apenas recibe una denuncia y lo que hizo fue ametrallar los derechos de los padres.
Siempre me acuerdo de un caso que tuve hace unos cinco años de un individuo que se separó de su mujer y empezó a tener una discusión por Whatsapp, del tipo del que generalmente se va de tono. El hermano de ella lo denunció por violencia psicológica. La jueza recibió la denuncia y como fue una denuncia por violencia de género, por violencia psicológica por su condición de mujer, le impone las medidas cautelares, lo que implicó que durante tres meses no pudo ver a sus hijos. Por unos mensajes de Whatsapp.
¿A qué atribuye que la ley de violencia de género haya prosperado como lo hizo?
Entre otras cosas, la izquierda en este país se embanderó con esos derechos y no tienen la menor capacidad de autocrítica ni de pensar en excepciones ni en daños colaterales. Esta es una de las razones por las que te digo que se fue estrechando la brecha y perjudicando al hombre.
Otra razón son las redes sociales, que vienen funcionando como sistemas de justicia social, sin darle al damnificado ningún tipo de capacidad de defensa. Lamentablemente muchas mujeres apañadas por organizaciones que las sostienen hacen denuncias gravísimas donde el hombre no tiene capacidad de contestar. Además, lo que conteste no le interesa a la gente.
Quizás estamos cayendo en generalizaciones….
Puede ser. Yo participé en algunas movidas apoyando la ley de tenencia compartida y criticando el sistema, asociaciones, etc., y justamente el problema es que muchas veces esas organizaciones lamentablemente albergan a padres más jorobados. Yo hablo de un sector de padres pero también reconozco que hay hombres que son una porquería con sus mujeres e hijos y a veces esos hombres se meten bajo el paraguas de esas organizaciones para embanderarse con la causa.
En el libro usted recomienda no casarse y no convivir. Pero usted se casó dos veces y actualmente convive con su novia (la actriz Jimena Siri)
La convivencia tiene una capacidad de destruir todo que es terrible. A veces se da de forma natural, si vos te sentís muy, muy enamorado y apasionado con la persona, querés estar la mayor cantidad de tiempo juntos y eso te lleva a la convivencia. Cuando la pasión empieza a ceder y empezás con los conflictos, ya estas metido en el lío (se ríe). El matrimonio como institución es un absurdo total. Es más, tengo ganas de comenzar una carrera política y si logro llegar a algún cargo en diputación lo primero que voy a hacer es una ley que termine con los divorcios en un juzgado. ¿Por qué cuando te casas vas a un registro civil y para divorciarte tenés que hacer un juicio, que por lo general te lleva cerca de un año? El divorcio no tiene nada que ver, primero te podes divorciar y después discutirás judicialmente si no se ponen de acuerdo con los hijos. No sabés el tiempo que se pierde en los juzgados de familia en las audiencias y juicios de divorcios, al santo botón. Tendrías que poder mandar un telegrama colacionado y decir ‘me divorcio’ y chau. Pero la sociedad uruguaya es muy conservadora.
El matrimonio no tiene ningún sentido, porque todo se puede regular de otra forma. Está el concubinato, que lo podés registrar si querés, o la unión libre, que también tienen sus efectos jurídicos. No es necesario meterte en un régimen que desde el punto de vista jurídico es complejísimo, me refiero a las cuestiones patrimoniales derivadas del matrimonio y que está perimido. Ya cada día la gente se casa menos. Cada día se ven menos jóvenes interesados en ello.n
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Gorda, ¿qué hay de comer?
En su libro, Gatto analiza la actitud de las dos partes del matrimonio cuando este deja de funcionar. “Hay una combinación de causas que hacen fracasar a la mayoría de los matrimonios o concubinatos. En un sinnúmero de casos, los hombres no hemos entendido que los noveles retos femeninos nos imponen asumir tareas antes reservadas a ellas. Gozamos de los logros en el campo de la autonomía femenina, traducidos en nuevas fuentes de ingresos que ellas ahora proveen al hogar, pero en muchos aspectos seguimos dependiendo de aquella mujer que simplificaba nuestra existencia en todos los aspectos de la vida diaria.
Demasiados hombres siguen necesitando de la esposa para cuidar a los hijos, saborear algo de comida casera, tener la ropa limpia, la casa pulcra, la cama tendida y hasta recoger las medias que dejamos tiradas en el piso al llegar de trabajar. Reclamamos la versión ‘maternal’ de nuestra esposa.
Para una mujer que vuelve de su trabajo tras haber manejado un complejo problema administrativo, negociado un millonario contrato con un proveedor, atendido a decenas de niños escolares, discutido y votado una ley nacional, manejado un taxímetro, enfrentado a una encargada malhumorada, ver al boludo de su marido tirado en calzoncillos mirando Fox Sports, a su hijo todo mugriento comiendo del pote del helado a las nueve de la noche y que la reciban con un ‘gorda, ¿qué hay de comer?’ es lo mismo que para nosotros un árbitro cobre un penal inexistente”, escribe.