El casamiento de Tatiana Triver y Dan Dash en la Costa Brava española

Una tarde soleada de verano con una suave brisa en Lloret de Mar, en la Costa Brava española, les dio la bienvenida a los invitados a la celebración del casamiento de Tatiana Triver y Dan Dash.

Su historia fue amor a primera vista. Desde que la uruguaya y el inglés se conocieron en Europa en 2020, nunca más se separaron y cuando decidieron casarse buscaron el sitio ideal donde reunir a sus amigos y familiares.

Lloret de Mar cumplía con todos los requisitos y la finca Santa Clotilde, ubicada sobre los acantilados de la playa de Fenals y Cala Boadella, los superó ampliamente. La ceremonia religiosa se celebró en la ermita de Santa Cristina, que deleitó a los invitados con una vista de los árboles perdidos en el mar azul del Mediterráneo de la Costa Brava. El sacerdote Hanjo Christoph Kollmann ofició el ritual en español y en inglés, que estuvo animado por el coro de The Klaustres. Los invitados hicieron varias peticiones y agradecimientos.

Más tarde, el cóctel se realizó en los jardines renacentistas de Santa Clotilde, con la ambientación de una banda que viajó especialmente desde Francia. El banquete y la fiesta continuaron en la casa de Santa Clotilde, donde los invitados nuevamente pudieron disfrutar de la vista al mar, en un entorno con variadas tonalidades de verde.

Para su boda, Tatiana eligió un vestido del diseñador español Ze García, que acompañó con un tocado de Francis Molina, quien también realizó el maquillaje y el peinado. La novia llevó un rosario, obsequio de su tía, en nombre de su abuelo y su bisabuela, ya difuntos.

Para la decoración de la fiesta, la novia se inspiró en varios de sus viajes, destacando el uso de los colores, la iluminación y el cuidado de los detalles especiales. La mamá del novio, Wendy Dash, apasionada por la cerámica, se encargó de hacer todos los platos. Las servilletas,  con el nombre de los invitados, se bordaron a mano en Uruguay por María de la Paz Bordados. En tanto, una amiga de la novia, Pauline Garcin, escribió a mano el menú, en inglés y en español. Amigos y familiares contribuyeron con estos gestos para concretar un casamiento inolvidable.

“Dan llegó a mi vida un 4 de julio de 2020, cuando vivía en Barcelona y fui a visitar a una amiga a Ginebra, donde hoy vivimos juntos. Pero lo más gracioso fue que la noche antes de conocerlo dije: ?Jamás podría vivir aquí'. Pero así es el amor, mueve montañas”, recordó Tatiana. Hasta 2014, cuando decidió irse de intercambio a Lisboa, la novia estudió en la Universidad de Montevideo, pero el estilo de vida europeo la atrapó por completo. Regresó a Uruguay con la idea clara de mudarse a Europa, al terminar sus estudios. En 2017 renunció a su trabajo y armó valijas hacia Barcelona para estudiar un máster en Sales & Management. Su vida cambió completamente.

Esa noche del 4 de julio, Tatiana vio a Dan por primera vez, cuando llegaba al restaurante con sus amigas. Él se levantó para saludar con su “sonrisa de niño” y ella se cayó de la silla al querer ubicarse en la mesa. “Siempre contamos este momento divertido cuando relatamos nuestra historia. Por alguna razón, yo no me sentí avergonzada a pesar de que me había parecido guapísimo. Simplemente me reincorporé en mi lugar. Fue una conexión única, desde el primer momento charlamos sin parar toda la noche”, contó Tatiana desde Europa. “Salimos a bailar y cuando me acompañó, caminando a casa, nos dimos nuestro primer beso. Recuerdo ese día como si hubiera sido ayer. Cada momento con Dan ha quedado grabado en mi corazón, como un momento único e irrepetible. A la mañana siguiente fuimos de hiking con nuestros amigos y nos despedimos”, explicó. Dan viajó a África por trabajo y Tatiana regresó a Barcelona, pero a los dos días él le escribió. Voló a Barcelona y desde entonces se hicieron inseparables y atravesaron fronteras para volver a verse. Al año y medio, Tatiana dejó Barcelona para irse a vivir a Ginebra con Dan. Seis meses después, en el mismo puente donde se dieron el primer beso, Dan le propuso matrimonio, previo pedido de mano a su padre, tal como dicta la tradición inglesa.

“Nuestra relación se ha caracterizado siempre por el compañerismo, las risas, el respeto, la espontaneidad, el crecimiento y, sobre todo, mucho amor. Siempre nos hemos incentivado el uno al otro a ser nuestra mejor versión”.

Fotos: Franco Gribodo y M. Boffano