Irene Vallejo fue reconocida como visitante ilustre de la ciudad

“Hay ciudades a las que se viene por primera vez, hay ciudades que se conocen por rutas y caminos que se transitan primero con la imaginación y después con el cuerpo, con la mirada, y este es mi caso con Montevideo. Yo conocí la música de su callejero, yo amé a algunos habitantes, visité Santa María antes que a Montevideo”, dijo la escritora Irene Vallejo en su visita a la Intendencia de Monteviedeo, instancia en la que además de presentar el libro El infinito en un junco fue reconocida como Visitante Ilustre de la ciudad.

Además de hablar sobre su admiración por los poetas uruguayos, relató que en una oportunidad con su padre hizo el viaje Montevideo-Buenos Aires-Misiones por la pasión que generó en ella el escritor Horacio Quiroga con su libro Cuentos de amor, de locura y de muerte. “Ha significado tanto esta literatura, estos sonidos, que cuando paseo por las calles siento que ya estuve, que ya fui otros personajes literarios, que me tomaron de la mano y que esta ciudad es necesariamente un hogar para quien ama los libros”, aseguró.

La crítica literaria Alicia Torres fue la encargada de llevar adelante una suerte de entrevista en la que la escritora se centró en su última obra. “Yo no podía imaginar que este libro que me parecía tan excéntrico cuando lo estaba escribiendo, un recuento de mis insensatas pasiones por los libros, por los clásicos, por las humanidades pudiera encontrar este eco. Yo que en ese momento me sentía sola, rodeada de todos estos apocalípticos que decían que se acaban los libros, que se acaba la lectura, que los libros son obsoletos. Ese mensaje era tan insistente que yo misma había llegado a creerlo y me veía a mí misma como la última de una estirpe que se extingue”. A pesar de eso su obra El infinito en un junco es un éxito en ventas y le demostró que no está sola en esta cruzada por los libros.

La escritora contó que escribió la obra sin ningún tipo de limitación, ya que lo hizo mientras su hijo pasaba por una delicada situación de salud y era en la escritura en el lugar en el que encontraba refugio.

“Yo escribía El infinito en un junco como para hacer una especie de conjuro en el que traía a mi memoria todas estas historias y personajes, mi pasión lectora, mi curiosidad, mis relatos viajaban a través de los personajes, de los jinetes misteriosos, de Cleopatra, de Alejandro Magno, y de tantos personajes. De esa manera olvidaba la angustia por mi hijo, realmente no estaba pensando en un éxito en el mercado, estaba tratando de sobrevivir a la tormenta”, afirmó.

Fotos: Lucía Durán