La charla que organizó el Liceo Jubilar para celebrar sus 20 años

¿Qué tienen en común el contador Orlando Dovat, el actor Enzo Vogrincic, la científica Pilar Moreno y monseñor Nicolás Cotugno? Todos ellos hicieron algo que se creía imposible. Y, con motivo de los 20 años del Liceo Jubilar Juan Pablo II, estos cuatro referentes de distintos ámbitos participaron en la charla Creer que se puede y trabajar para ello, en el World Trade Center. Valentín Goldie, director del Liceo Jubilar, abrió el encuentro expresando que cumplir un “número redondo” fue motivo de reflexión: “En esta historia uno ve la capacidad de pensar algo que nadie antes había pensado. Eso tiene que ver con la superación”.

El testimonio de Orlando Dovat, fundador de Zonamerica, es un claro ejemplo de la determinación y la confianza necesarias para hacer que lo imposible suceda. Cuando inició su idea, no existía en Uruguay una legislación que regulara las zonas francas. En el proceso de luchar por la aprobación de la ley, Dovat asumió que “chocó” contra “varios muros”.

La historia de Enzo es tan inspiradora como la de Pilar Moreno. Ambos se iniciaron en un camino incierto como el de la actuación y la ciencia, a pesar de haberse cruzado con varios “no vas a poder”. Las distintas circunstancias de la vida hicieron que hoy triunfen en sus profesiones. Enzo fue protagonista de la película 9 y participó en la producción hollywoodense La Sociedad de la Nieve (sobre la tragedia de Los Andes, próxima a estrenarse), mientras que Pilar se consagró con un doctorado en Ciencias Biológicas y tuvo una participación activa en investigaciones durante la pandemia.

El último orador de la charla fue el fundador del Liceo Jubilar, Nicolás Cotugno, quien se presentó como “un cristiano que tiene fe”. El monseñor recordó cómo surgió la idea de crear la institución poco tiempo después de que el papa Juan Pablo II lo enviara a Montevideo con el cargo de arzobispo. En el año 2000, Cotugno llegó a la Gruta de Lourdes para celebrar una misa y se encontró con un reclamo de los vecinos: “¡Queremos un liceo!”, aclamaban, ya que en la zona no había un centro de enseñanza secundaria, ni público ni privado. La comunidad parroquial asumió el desafío y, gracias al apoyo de la fundación holandesa Kirche in Not, se logró comenzar las obras del liceo, que se inauguró dos años después. Actualmente, se trata de un centro de enseñanza católico, integral y gratuito que acoge más de 400 alumnos.

Fotos: Adrián Echeverriaga