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"Yo tuve la suerte de nacer en una familia en la que el arte era un humus”, dijo el
artista y escultor Pablo Atchugarry en el primer encuentro del nuevo
ciclo de afters
culturales organizado por semanario Búsqueda.
El conversatorio inició con la presentación del invitado a cargo de
la editora de Cultura, Silvana Tanzi, y la entrevista
también fue realizada por el director periodístico de Búsqueda,
Andrés Danza.
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Una
de las primeras preguntas fue cómo influyó su familia en su
carrera. Según el artista, tanto su padre como su madre tenían
inclinaciones artísticas, en especial por la pintura y la poesía.
Cuando viajó a Europa, en 1977, se transformó en escultor, ya que
antes era pintor. Más allá de que había hecho algún modelado en
arena y portland, fue en Italia donde descubrió el mármol de
Carrara, material que lo acompañaría a lo largo de su carrera.
Sobre
la técnica que utiliza, aseguró que es quitando como se va formando
la obra, por lo que se trabaja dentro del límite que impone el
material. Contó que al principio elegía la pieza de mármol para
que encajara en el dibujo que había creado, pero con el tiempo
cambió y ahora primero escoge la pieza para después esculpir en
ella.
“Al
final hay dos tipos de escultura: la que se hace agregando y la que
se hace quitando. Cuando uno quita, en el caso del mármol o la
piedra, uno parte de algo existente. Hay un límite que la naturaleza
le da al escultor. Es muy importante que el artista acepte los
límites”, sostuvo.
Comentó
que trabaja 12 horas al día con diversas amoladoras que le permiten
cortar un material duro pero frágil. “Hay todo un esfuerzo físico
y mental para sacar lo que no se puede volver a colocar, el escultor
se transforma en un cirujano. Hay que tomar riesgos, si no la
escultura no adelanta”, subrayó, y agregó que hay modificaciones
en el trabajo que siempre presenta alguna sorpresa. “Los cambios
debidos al material son frecuentes”. Señaló que su taller en
Manantiales es un lugar de puertas abiertas que va a contrapelo con
el prototipo del artista “encerrado en su cueva, en su estudio. En
el fondo el artista siempre está solo, como lo estamos todos los
seres humanos”.
Sobre
el mercado del arte, afirmó que lo vive “desde dentro” y bromeó
diciendo que trabaja hasta los domingos para pagar la tarifa de la
luz. “Siempre el arte tiene un tema económico, no es casualidad
que las grandes ciudades, que eran imperios económicos, fueron la
cuna de los grandes artistas. El mercado del arte es una parte
considerable de la vida de un artista, sobre todo en estos tiempos”,
afirmó.
Consultado
sobre su obra más cara, dijo que llegaron a pagar un millón de
euros por una de ellas. El escultor también admitió que a pesar de
que sabe en dónde están sus creaciones, les pierde el rastro una
vez que se venden. “En este momento las esculturas que he realizado
son alrededor de 3.000. Es un ejército. Van pasando de mano en mano
a través del mercado. En subastas, galerías o de padres a hijos”.
Sobre
el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), expresó que
surgió por la necesidad de algunos artistas de dejar sus creaciones
en un sitio que permitiera que pasaran a la posteridad. A pesar de
que está en Punta del Este y que es patrimonio de los uruguayos,
indicó que es “un contenedor para la humanidad”.
En
relación con otro tipo de materiales, expresó que ha creado
colgantes de oro además de incursionar en metales pintados con
pintura de auto. Este cambio lo atribuye a la influencia de su faceta
como pintor. En cuanto a su estilo, subrayó que ha ido sintetizando
la figura humana, quitándole los rasgos más detallistas. Además,
trabaja con los claros y oscuros que generan grietas u orificios que
va esculpiendo.
Al
finalizar, Danza anunció que la próxima invitada será Emma
Sanguinetti, crítica de arte y gestora cultural que estaba en el
auditorio.