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"Yo siempre fui un gran cantor de ducha"

Edad: 52 • Ocupación: Músico, periodista, sociólogo • Señas particulares: Fue arquero y modelo publicitario, tiene una hija estudiando Biotecnología en Barcelona, es fan del melódico mexicano

Edad: 52 • Ocupación: Músico, periodista, sociólogo • Señas particulares: Fue arquero y modelo publicitario, tiene una hija estudiando Biotecnología en Barcelona, es fan del melódico mexicano

El tercer disco de El Peyote Asesino va a salir 22 años después que el anterior, luego de una separación bastante ríspida. ¿Qué tuvo que pasar? Pasa que nos pasó todo muy rápido: de ser una banda de amigos a, en tres años, estar envueltos en un proyecto muy profesional donde debías estar a la altura de la expectativa y la inversión del sello y el productor (Universal y Gustavo Santaolalla). Eso en Los Ángeles, pero llegabas acá y no había un contexto que te permitiera laburar a ese nivel: no había managers, jefes de escenario, ¡en el 98 ninguna banda de rock había hecho un Teatro de Verano sola! Hoy se alinearon las ideas artísticas. A nivel afectivo retomamos el contacto rápido, pero todos empezamos a hacer cosas distintas en lo artístico: Juan (Campodónico) con Bajofondo, Carlos (Casacuberta) se dedicó a producir, (Daniel) Benia se fue a Chile, Pepe (Canedo) se fue con La Vela Puerca. Recién en 2009, cuando nos llamaron para cerrar el Pilsen Rock, empecé a calibrar lo que pasaba acá. Luego hicimos un par de Teatros de Verano más para juntarnos. Capaz que nos peleamos tan rápido luego de Terraja (1998) que casi no lo tocamos en vivo. En 2015 empezamos a hablar de tener material nuevo. Y volví a vivir en Uruguay.

¿Y en qué etapa está? Ya debería haber salido. La pandemia relajó los plazos. Ya hay un single y un videoclip. Eso sale en agosto.

A Uruguay volvió por amor, ya estaba en pareja con Noelia Campo. Sí, y por laburo. Mientras mi hija era chica, ni loco me iba de allá. Además, pasó que los proyectos en España no cuajaban como los de acá. Agustina hoy tiene 21 años y está estudiando el último año de Biotecnología.

¿Qué clase de arquero se perdió el América de México? Atajaba bien. Te enseñaban el estilo de (Héctor) Zelada, que era buenísimo. En el América había esa idea de que las inferiores debían jugar como el primer equipo. Zelada tenía cosas innovadoras, como no jugarse en los penales. Entonces tenías que tener mucho entrenamiento en las piernas, cosa de saltar y llegar, y salir a cortar todos los centros. En México llegué a la Tercera División y jugaba todos los fines de semana. Volví a Uruguay y estuve en la Cuarta de Wanderers, ¡y me aburrí de comer banco!

Usted escucha mucha música, ¿pero qué tan ecléctico tiene que ser para escuchar Rush, metal noruego y José José?  ¡Así de ecléctico! Si en el día tenés varios estados de ánimo, ¡imaginate en tu vida! El melódico mexicano lo escuché todas las mañanas en el coche de mi padre al ir al colegio. Y más allá de los arreglos con violines, son tremendas canciones. Hablan de las cosas que te pasan en la vida. Ves a los del black metal noruego y te querés matar, pero la música está buena. Y de Rush decían que era una banda para músicos, pero en EE.UU. es la banda que encadena más discos de oro después de The Beatles y The Rolling Stones.

¿Sigue su idea de hacer un disco de homenaje al melódico mexicano? Sí, o un show. Es una idea conjunta con Daniel Benia, que es fan de Los Iracundos, Sandro y esas cosas. Yo siempre fui un gran cantor de ducha. ¡En la ducha todos cantamos bien! Es que los azulejos hacen que te escuches mejor, te permiten una cierta reverberación.

Volvió del DF en agosto de 1985, ¿lo sorprendió pasar de una megalópolis a Montevideo? Más que el tamaño me mató el frío. En México hay una estación seca y otra con lluvia, no hace mucho frío ni calor. Además, salvo en las avenidas principales, acá no había alumbrado público. Mis viejos vivían en Villa Muñoz y la última luz que te topabas era por Amézaga. En México había alumbrado en todos lados.

Siendo columnista en Búsqueda, ¿cómo es su vínculo con los haters? Los bloqueo, antes discutía. Hay que discernir entre el que tiene un desacuerdo, que puede ser áspero pero respetuoso, y el que solo quiere que te enrosques.

¿Le pasa que, por ser músico, la gente lo ubica de antemano en un determinado pensamiento y por eso quizá se desilusiona? Ese problema no es mío, es de la gente. Pensar es un acto de lealtad hacia lo que uno entiende que es verdad. Peor es escribir algo para agradar a terceros. Yo escribo para aclararme ideas, no para disgustar ni provocar. Pero a los músicos no se les pide "compromiso", ¡se les pide que se comprometan con las cosas que ellos quieren que se comprometan! Yo sé que cada vez que escribo algo, habrá dos o tres que no irán a mi próximo show, pero por suerte la sociedad es libre.

¿Qué resultó más difícil, ser pareja a la distancia o ser padre a la distancia? Ser padre, y eso que me agarró en una edad en que Agustina es bastante grande. Pero pasó lo de la pandemia o cuando en Catalunya se agudizó el quilombo independendista. Ella me llamaba y me preguntaba qué pensaba... y eran conversaciones difíciles por WhatsApp. De todas maneras, ambas etapas ocurrieron cuando tuvieron que ocurrir.

¿Fue modelo? No, no... Bah, aprovechando que tenía ojos claros y que pesaba 20 kilos menos que ahora (risas)... En un momento quise volver a México y Marcelo Buquet, un actor uruguayo que labura allá, amigo mío, me dijo de hacer comerciales. ¡Eso no es ser modelo de pasarela, cosa que nunca fui! Hacía de extra de un aviso de Ron Bacardí y ganaba 800 dólares, ¡a eso no se le decía que no! Yo puedo decir que me dirigió Alejandro González Iñárritu, que a fines de los 90 hizo spots institucionales de Canal 5 de México. Si buscás en YouTube y ves a un tipo vestido de cowboy tirando cartoncitos, soy yo.

Fernando Santullo es el cowboy que aparece entre los 7:26 y los 7:53 de este video

¿Hay algo que cambiaría de la historia del Peyote? Cambiar el pasado es inútil. Sí tengo claro que no haría lo mismo porque no soy la misma persona. Este disco lo hacemos porque aprendimos a negociar. También ayuda haber pasado por otras experiencias musicales. ¡El Peyote fue nuestra primera experiencia seria!