Can-sa-do.
Pero fue uno de los mejores años en varios aspectos: los shows, la
madurez… Económicamente también estuvo muy bueno. Estoy contento de que
Márama siguiera tan presente como siempre. Nos querían de vuelta,
terminamos siendo como una especie de clásico del verano, para las
fiestas, eventos…
¿Y entre tanta cosa en tu agenda a qué dedicas los espacios libres?
No
hay muchos días libres. Trato de descansar lo más posible porque
pasamos de gira y se duerme poco. Nuestra vida es bastante loca, pero
cuando tengo un rato libre me gusta mucho jugar en la computadora. Tengo
mi lado gamer, me gustan mucho los juegos de estrategia y de armas.
Últimamente estoy algo viciado con Call of Duty.
Viniste de Estados Unidos hace poco, y ya te vas para Argentina, ¿cuál es tu casa?
Mi
casa es Uruguay, siempre, más allá de la vivienda física. Cuando vuelvo
a mi barrio (Cordón) lo siento como mi lugar, conecto desde otro lado,
desde ese Agustín de antes. Me gusta volver. Viví cuatro años en
Argentina y ahora me vine a vivir para acá, que era algo que quería
hacer hace tiempo, ya sea por los programas (estaba cansado de venir a
grabar y quedarme en hoteles), pero sobre todo por mi familia. Nació mi
sobrinita, y mis amigos están todos acá. Si ya me es difícil hacerme el
tiempo para verlos, era todavía más difícil cuando me iba para
Argentina. Me aburría bastante en mi casa de allá.
¿Qué fue lo que marcó ese antes y después en Agustín?
Márama,
obviamente. Aunque en realidad son varios momentos, porque uno crece,
va cambiando, pero el shock de la banda fue el más radical de todos. Fue
un cambio de vida muy extremo aunque siga siendo el mismo dentro de
todo. Mi familia me educó de cierta manera y creo que nunca voy a perder
mis valores aunque cambie en muchas otras cosas.
Y si no fueras uruguayo, ¿qué nacionalidad tendrías?
Me
gusta muuuuucho Italia. A veces cuando cocino me pongo música italiana y
canto y hablo aunque no sepa, me invento palabras y empiezo a gritar.
Brasileño también es una buena opción, soy bastante optimista y alegre. Y
sino argentino, que no está mal porque es bastante parecido al uruguayo
y estamos más cerca del mate.
Agustín Casanova
encabeza la última lista de los influencers preferidos por los
uruguayos, por encima de los youtuber Gonzalo Fonseca y Alaska. Pero él,
por sobre la actuación, la conducción y las redes sociales, elige ser
cantante, un artista.
¿Artista o influencer?
Influencer
es una persona que comparte su vida y está todo el tiempo hablando de
cosas, recomendando y hasta dando algún beneficio, descuentos, pero que
no te brinda un producto como la música. Nosotros intentamos que la
gente baile y se divierta, más nada. Mi trabajo depende de mis
canciones, no de si me levanto y me tomo un yogurt de tal marca.
No me siento un influencer, pero si llego a influenciar a alguien espero
que sea para bien. Siempre lo terminás haciendo, pero más a nivel de
los estados de ánimo que otra cosa. Mis canciones te pueden alegrar,
pero no creo que mi palabra tenga mucha relevancia. Aunque es cierto que
uno siente una responsabilidad a la hora de emitir opiniones, por eso
intento no hablar de política, religión o fútbol y dejo esos comentarios
para mí, porque quizás pueda afectar a alguien, cambiarle el humor del
día, arruinarle un momento… Hay gente que desperdicia la influencia que
tiene.
¿Alguna vez te imaginaste que iba a haber tanta gente interesada por tus vínculos y tu vida sexual?
Nunca
me imaginé que iba a pasar eso. Hay gente a la que no le gusta que se
me acerque nada que tenga que ver con el género femenino. Les cae mal al
punto de que les mandan mensajes por Instagram diciendo “alejate”,
“dejá a Agustín en paz”, “no le hables”, como si fuera su posesión. Me
pasó con una maquilladora. Entonces para las relaciones personales tengo
que explicar desde el primer momento que alguna puteada te vas a comer.
Por eso intento ser lo más reservado que puedo. No me convence que la
gente se meta en cosas que quizás no entiende y termine afectando a mi
familia. Y no me gusta cuando algunas personas sobrepasan los límites de
la privacidad al punto de que ya no existe. Me pasó que entró gente a
mi jardín para regalarme algo, o estar en mi casa desayunando, mirar
para la izquierda y tener a una persona al lado mío que me dice que vio
el portón abierto y entró para pedirme una foto. Entonces creo que me
hace bien reservar algunas cosas para no sentirme tan expuesto todo el
tiempo. Porque aunque cruce a la estación de servicio siempre hay
alguien que me está sacando alguna foto sin que me de cuenta, y si
todavía le agrego contar mis cosas personales, después me paran por la
calle para preguntarme por qué mi madre discutió con mi padre. Yo
sé que algunos medios van a pelear por sacar esos temas, por eso
intento compartir hasta cierto punto, porque también me gusta que la
gente que me acompaña en la música me conozca desde otro lugar, sin
excederme a contarlo absolutamente todo porque tiene consecuencias.
¿Qué tanto conoce de Agustín Casanova esa persona que te sigue a cada show?
Mucho.
Hay gente que realmente me conoce de una manera que me asusta, que me
conoce más que yo mismo y solo por seguirme. No solo sabe qué es lo que
como, cómo me visto, cuándo me acuesto, en qué hotel voy a estar, sino
cuando estoy enojado, cuando estoy contento, qué es lo que pienso. Es
medio raro, vos no conocés a la persona y esa persona sabe todo de vos.
Cuando te enfrentás a ese que se te arrima con un saludo de toda la vida
y te choca la espalda es como medio incómodo, pero intento dedicarle mi
mejor cara y el tiempo para que no se lleve una mala imagen. Sé que
quizás para esa persona es muy importante y quiero que se vaya diciendo:
“estuvo bueno conocerlo”.
El escenario te obliga un
poco a dejar tus emociones y estados de ánimo de lado para que la gente
baile y se divierta. ¿Cómo manejás eso?
Sí, y eso es lo más
difícil de todo. Podés haber estado llorando un segundo antes de salir
que la tenés que pilotear. Yo la piloteo muy bien, porque cuando salgo
al escenario me doy para adelante y cambio de chip. Y ta, cuando me bajo
ahí sí, nos morimos todos. No se si está bien o no, lo que pasa es que
mi música es alegre. Imaginate alguien que pagó para ver eso y yo subí
re triste, no lo va a disfrutar. Ahí me cuestiono si lo que tengo que
hacer es darle esa alegría o mostrarme que soy humano y también puedo
tener un mal día. Pasa que por más enojado y triste que vos vayas
por la calle, y aunque tengas dos horas de sueño y pila de hambre, si
viene una persona y te dice: ¡Agustín!, te da un abrazo y te pide una
foto, tenés que sonreír. Igual te hace sonreír, pero es como trabajar
todos los días, a todas horas.
¿Te sentís cómodo refiriéndote a tus seguidores como fans?
No,
a mí no me gusta. No porque no me guste tener fanáticos de la banda,
sino porque no me siento cómodo diciendo “hola, ¿cómo está mi club de
fans?”, me resulta raro. Me cuesta decirlo. Prefiero que sean
seguidores, gente que le gusta mi trabajo, que le gusta mi música.
Márama tiene una comunidad muy fiel, ya son siete años y hay gente que
estuvo ahí desde el principio, que ha crecido conmigo desde este lugar.
Los que me vieron empezar en un boliche donde cabían diez personas hoy
me van a ver al Luna Park. Es una comunidad muy linda, y la banda, y yo,
tenemos una pequeña responsabilidad con ellos.
¿Por qué faveás (marcar como favorito) a la gente que habla de vos pero no te arroba en Twitter?
(Se
hace el sorprendido y después se ríe). Lo hago una vez cada tanto.
Mucha de la gente que me sigue ya hasta lo hace por gusto, no me arroba
porque saben que no lo veo entonces si me quieren poner algo para que lo
lea ponen: Agustín Casanova tal cosa. Me dicen que vuelva a tocar a
lugares, que me vieron, que es el o la que me pidió la foto y ahí van y
la suben, que la última canción que subí les gustó, está re bueno. Es mi
manera de ordenar y estar al tanto de lo que se dice. Y la verdad no he
leído ninguna crítica. Es una buena manera de tener un feedback de la
gente y estar cerca sin pasarse horas leyendo notificaciones sin que te
suelte el celular.
La que no te suelta es la tele…
Y
estoy feliz por eso, me divierto mucho en las grabaciones. Por momentos
cuando me veo digo: pará, acá me equivoqué, o no tendría que haber
dicho esto así, me expliqué mal. Sobre todo en estos programas donde sos
jurado y el objetivo principal es ayudar desde tu experiencia a la otra
persona. Me re gustó que pensaran en mí para eso y que tiempo después
haya tenido buena respuesta, no solamente de la gente sino de la
producción, del canal. Veo que voy por buen camino porque me siguen
llamando de otros programas. Si confían en mí obviamente que intento
ponerle toda la onda. Realmente me esfuerzo; empecé a estudiar otras
técnicas vocales, veo los programas de otros países, lo doy todo para
que el día de mañana si alguien argumenta que yo no merezco estar ahí,
que sea por una crítica constructiva real y no por ser un hater que
putea por putear. Yo por lo menos estoy muy contento y seguro conmigo
mismo. No tengo que ser el mejor, porque no busco competir contra nadie,
sí contra mí, entonces voy hasta la muerte para ser mi mejor versión.
¿Y qué experiencia te dejó el coaching?
Todavía
tengo muchas cosas que aprender y entender, pero de cada proyecto que
hago me llevo un aprendizaje. Me acuerdo que en la primera temporada de
Got, María Noel Riccetto y yo a veces nos íbamos llorando en el auto
porque las historias te mataban. La producción te pide que esos
sentimientos los separes, pero es imposible. Si existe alguien así no sé
cómo lo hará, porque humanamente es muy difícil. El primer año me
afectó un montón y no quería volver porque sentía que decirle que no a
alguien me hacía mucho mal a mí. Con el tiempo y la ayuda de mi familia y
la producción, que siempre me cuida, lo conseguí. Y hoy, aunque todavía
no logro separarlo del todo, pienso en que se trata de darle a ese ‘no’
la oportunidad de que siga mejorando. Muchas veces terminamos involucrados
con algunos participantes para darles una mano y esas son las cosas que
no salen. Cuando uno de ellos cayó de imprevisto en el hospital y
necesitaba donantes de sangre de emergencia, la producción mandó el
mensaje al grupo de WhatsApp y enseguida Petinatti dijo que los iba a
conseguir a todos. No pasaron diez minutos que ya tenía 20 donantes. Yo
sé que él es una persona difícil de entender y de querer, porque es muy
controversial, pero corresponde también que la gente sepa que hace estas
cosas de corazón. Porque siempre hay gente lista para asesinarnos por
lo mínimo.
¿Seguís prefiriendo la música?
Obvio.
Porque el escenario es distinto a todo. Nos subimos a un par de tablas
de madera y nos sentimos cómodos, yo hasta me descalzo. Lo siento como
mi casa, nos reímos entre nosotros. Me da una tranquilidad que la tele
no me da todavía.
Pero te animaste igual, ¿hay alguna cosa para la que seas tímido?
Sí.
Sí con mayúsculas. Sobre todo en el contacto con la gente, cada tanto
me dan un poco de vergüenza algunas cosas. Intento divertirme con todo
pero internamente tengo dos personalidades, la reservada y que todo me
da un poco de cosa, y mi lado más creativo y artístico que me permite
salir al escenario. Mi parte tímida nunca me hizo privarme de nada,
siempre le gané la pelea sin dejar de lado el decir: bueno, hasta acá.
No voy a pasar vergüenza, la línea de la vergüenza ajena no la cruzo. Me
acuerdo de una vez en un casamiento que estábamos tocando y me subieron
a caballito, y claro, yo estaba ahí cantando, a caballito de una
persona muy borracha… Nos divertimos mucho y todo, pero ese era mi
límite. Sabía que no iba a terminar sacándome la camiseta y
revoleándola, era hasta ahí, entonces bajame que ya me estoy empezando a
sentir incómodo (risas).
Por la forma en la que te
vestís nadie podría considerarte tímido. Tenés una forma muy particular
de llevar los looks. ¿Te viste alguien o tenés algún referente?
Me
visto yo, a no ser para Got, que hay una chica, Valentina, que es muy
buena y tiene un lugar que se llama Ciaobella. La he llamado para
algunos proyectos y videoclips. Pero yo siempre intento mezclar un poco
de todo y vestirme yo. A mí no me importa la ropa en realidad. A las
vestuaristas les encanta, caen con sus ideas re locas y yo digo que sí a
todo. ¿Un chaleco con flores verdes y naranjas? Me lo pongo. Entonces
eso lo aprovechan para poder sacar a relucir su creatividad también. La
ropa forma parte del arte y para mí los diseñadores son artistas. Y
puede venir mi padre y decirme: “¡¿Qué te pusisteeeee?!”, que yo me mato
de risa. Aunque hay algunas cosas que son muy mías, como los tiradores.
Me encantan. Pero no es que tenga un referente, voy cambiando la forma
de vestirme. Antes era mucho de la camisa leñadora, ahora estoy más en
un plan pantalones cargo y oversized.
Referentes musicales tenés que tener…
Abel
Pintos. No relacionado con mi música porque no tiene nada que ver, pero
sí vinculado a la técnica vocal. A Abel y a Sin Bandera los estudio
mucho, me gustan los recursos que tienen y los admiro, obviamente. Los
escucho desde niño. Ahí quizás entendí un poco más lo que siente una
persona que es muy fanática de Márama cuando nos ve. Cuando canté con
Abel yo temblaba, me puse re nervioso.
¿Y no es todo un desafío aplicar ese estilo a lo que es la cumbia pop o cumbia cheta?
Yo lo hice desde las tonalidades altas. Hay algunos recursos vocales
que tengo pero no utilizo porque entiendo que el género que hago queda
mejor sin eso, mucho vibrato, por ejemplo. Pero cuando estoy en vivo es
otra cosa. Lo mejoramos vocalmente, musicalmente, y agregamos
trompetas, más vientos, violines, o modificamos la canción para hacerla
versión salsa, balada, y darle a la persona que está viendo un producto
mucho mayor a lo que pueda escuchar por Spotify, agregando un poquito
más de profesionalismo sin dejar de divertirlos y hacerlos bailar. Hay
mucha gente que le impacta y se lleva una imagen muy diferente a la idea
con la que vino.
Cambiando de tema, esta nota va a salir un día después de tu cumpleaños. ¿Cómo lo festejás?
Cierto.
14 de diciembre. Sagitario. Pero no lo festejo, no me gusta. Antes lo
hacía todos los años, con fiestas temáticas de disfraces o colores, y
para los 15 me vestí de quinceañera, con vestido, peluca rubia y hasta
bailé el vals. Pero la verdad es que desde que apareció Márama todo eso
es muy difícil y me acostumbré a pasar muchos cumpleaños solo. En
diciembre casi siempre estamos tocando, de gira. Aparte ahora me gusta
que pase más desapercibido y no haya tanta gente mandándome mensajes. Me
encanta que me escriba mi familia y mis amigos, pero no soy de esa
gente que si no la saludaste te hace la cruz. A mí mejor que no me
saluden, nos vemos otro día.
¿Qué otras facetas tenés?
Soy
tío. La vengo llevando bien, pero es una experiencia muy nueva y muy
extraña. Era el más chico de la familia hasta que llegó Bruna. Y yo, que
soy tremeeendo fanático de los niños, estaba chocho, aunque nunca me
imaginé a mis hermanas teniendo hijos. Fue desconcertante cuando me
contó que estaba embarazada y yo que la seguía viendo como mi hermanita.
Ahora entiendo porqué mucha gente cuando tiene hijos viene y te muestra
una foto, que te da igual, hasta que entendés la ternura que es tener
un bebé en la familia. A mí Bruna me mata de amor. Lamentablemente será malcriada por mí. La Navidad de este año
va a tener un color distinto porque la llegada de un niño siempre hace
todo más fantasioso y místico.