Nombre: Agustina Boni • Edad: 47 • Ocupación: diseñadora gráfica, fundadora de Linda Wall ?• Señas particulares: De chica vendía medias de nylon, cuando necesita un consejo recurre a su hermana, el humor es su salvavidas
Nombre: Agustina Boni • Edad: 47 • Ocupación: diseñadora gráfica, fundadora de Linda Wall ?• Señas particulares: De chica vendía medias de nylon, cuando necesita un consejo recurre a su hermana, el humor es su salvavidas
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿A qué edad se dio cuenta de que dibujaba bien? Siempre me encantó dibujar, soy diseñadora gráfica, pero empecé a tener la inquietud de ir a clase de dibujo cuando ya tenía 33 años. Trabajaba en una agencia de publicidad hacía siglos, quería hacer algo diferente y me anoté en un taller de ilustración. Y después seguí. Pero no considero ni ahí que dibujo bien; fui aprendiendo la técnica. Tengo un estilo muy definido pero lo fui desarrollando de grande. Es 100% perseverancia, no es algo innato. Mucha observación. Tengo el primer dibujo que hice en el taller y es muy gracioso. Estaba enamorada de ese dibujo, y era un macaco al que le faltaban las orejas, con suerte tenía una nariz.
¿Por qué Linda Wall? Una amiga de la agencia de publicidad donde trabajaba me dijo que quería hacerle algo a su hija para el dormitorio. Le hice un dibujo especial y como lo queríamos grande y encuadrado, se iba a un precio disparatado. Entonces dijimos: ¿por qué no lo imprimimos en vinilo? Al trabajar en una agencia estás más rodeada de proveedores. Y creo que fue ahí, piloteando en la agencia con mis compañeros, que nació Linda Wall. Jamás me imaginé que iba a vivir de esto.
Debe haber gente que piensa que se llama Linda. Sí, porque lo soy, entonces va todo de la mano (ríe).
¿Se considera una emprendedora nata? Sí, siempre me encantó vender. Fui muy rebelde con mis jefes, me banco muy poco que me den órdenes. En su momento, cuando trabajé en dependencia, hice lo que pude, pero creo que siempre tuve el espíritu emprendedor. Me encantaba tener mi propio dinero, no me gustaba pedir. Arranqué vendiendo medias de nylon, trajes de baño, cuando tenía 14 años. Iba a taller de pintura, hacía cajitas de madera y me iba a la feria a venderlas.
El emprendedor en general tiene que lidiar con el no saber qué va a pasar mañana. ¿Cómo se lleva con la incertidumbre? Mal. Voy a ser muy sincera, no sé si es un sincericidio. Me pasa que hace ya casi ocho años que vivo de esto y digo: ?“Qué milagro”. Pero por otro lado, esto es una consecuencia de todo lo que hago para que funcione. Es muy agotador. Quiero salir del cliché llorón, pero realmente es cansador. Ayer justo veía un video que decía que un emprendedor nunca está en la zona de confort, y es tal cual. Con Linda Wall tengo una relación amor-odio. Porque recibís muchos “no”, pero el momento en que recibís un “sí” hace que se te borren todos los no, todas las frustraciones, todas las veces que lloraste de calentura. Cuando metés un gol es una felicidad muy placentera, te llenás de orgullo porque es como un hijo. Tengo dos hijos, Emilia y Linda Wall. Linda Wall me da mucho más trabajo que mi hija.
Su padre tiene una sastrería. ¿Sabe coser? No, cero. Con mi padre hablo de ropa porque él es más pilchero que yo. Hay liquidación en Zara y me manda foto de lo que se compró, en ese plan.
Tiene una hermana menor. ¿Cómo fue crecer siendo la mayor? Sí, Victoria es tres años menor, y después mi padre se volvió a casar y tengo otro hermano más chico, de 30. Con mi hermana es adoración total. De más chicas yo era más protectora de ella, y ahora yo soy de pedirle consejos a ella. Soy muy impulsiva, y cuando necesito una palabra más racional, le pregunto a ella. Tenemos una relación muy linda.
Hace poco su generación del Juan XXIII cumplió 30 años de egresados y estuvo en el comité organizador. ¿Cómo fue eso de volver a ver a sus compañeros tantos años después? El hermano de mi cuñado era de mi generación del Juan XXIII, de mi clase, y siempre nos vemos en los eventos familiares. Yo empecé a atomizar: “Che, ¿por qué no nos juntamos?”. Y él, que me sigue, me dijo: “Dale, sí”. Tengo algunas amigas que he mantenido del colegio, y este verano en La Paloma me reencontré con todo mi grupo de sexto de Arquitectura. Manija va, manija viene, armamos un grupo y empezamos a organizar la fiesta. Estuvo buenísima, fue un reencuentro sano.
En sus redes dice que tiene metabolismo lento. ¿Se cuida en las comidas? Sí, obvio. Me cuido y voy al gimnasio. Disciplina. Voy a al gimnasio tres o cuatro veces por semana. Hago pesas... Todo lo que tengo que hacer lo hago, para tener una vejez digna (ríe).
¿Siempre se toma la vida con humor como se ve en sus redes? Las redes mienten, vamos a aclarar eso (ríe). Por lo general, sí. Tengo partes muy oscuras también. Y además cuando emprendés... y yo estoy sola, entonces siempre hay un pensamiento negro que tenés que decir: fuera de acá. Trato de tomarme las cosas con humor, pero hay veces que estoy superestresada. En las redes no me gusta exponer en un plan dramático, pero si estoy loca, digo: “Estoy loca”. Para mí el humor ha sido como un salvataje de la vida.
¿Qué enseñanza es la que más le importa inculcarle a su hija? El trabajo, ni que hablar. Me importa que me vea trabajando y que vea que cuando nos vamos de vacaciones es porque mamá trabajó, y porque lleva todo un proceso y que nada llueve. A mí ese ejemplo me lo dio mi madre. Me importan muchísimo también sus relaciones, sus amistades, que tenga un círculo de amigos. Además, como es hija única, que invite una amiga a casa, o que se haga amiga de las hijas de mis amigas; me importa mucho el tema social de Emi. Y me gusta que se haga valer por ella misma. Si vos querés algo, sos vos, hacelo por vos, buscá tus herramientas y después, si alguien quiere, viene y te ayuda, alucinante. Que sea independiente. La libertad es maravillosa.