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Angelina Vunge: “Me gusta valerme por mí misma y sin condicionantes, no quiero ser adoctrinada ni comprada”

Nombre: Angelina Vunge • Edad: 44 • Ocupación: Diputada suplente del Partido Nacional y emprendedora Señas particulares: Tiene dos perros y dos loros amazónicos; se peina ella misma y le lleva cinco horas hacerse las trenzas.

Nació en Angola, ¿cómo fue su infancia? No fue muy fácil. El niño que crece en medio de una guerra desarrolla un instinto de escape constante. Por más que estuviera en mi casa, haciendo las tareas del hogar, estaba todo el tiempo atenta a los ruidos. Y a veces los que escuchaba no eran de algo que se caía, sino de un tiroteo. Ahí tenía que abandonar lo que estaba haciendo y correr a la selva o ir a las plantaciones al encuentro de mis padres. Fue una infancia muy complicada, muy dura, triste.

Usted era la única hija mujer de sus padres, ¿cómo era el vínculo con sus cinco hermanos varones? Mis hermanos mayores siempre me cuidaron. A los menores los tuve que cuidar yo, pero ellos siempre me respetaron. Yo en casa tenía muchas tareas. Ellos, al ser hombres, no tenían tantas.

En su libro autobiográfico Angelina. Las huellas que dejó Angola, publicado en 2013, relata episodios de violencia por parte de su padre, y varias situaciones de abuso sexual a lo largo de su vida. ¿Cómo pudo relacionarse con otros hombres después de eso? No fue sencillo. Después de que una mujer pasa por esas situaciones, y más cuando son reiteradas, cuesta un poco volver a tener confianza. Antes del padre de mis hijos tuve varios intentos de tener una pareja. Tuve un novio muy celoso que un día me levantó la mano y me dio una bofetada con la que sentí que veía las estrellas. Y mirá que mi padre era de pegarme mucho, pero eso fue distinto.

¿Cómo conoció a Nelson, su exesposo y padre de sus hijos (Ellery de 20 e Ian de 17), quien además es sobrino del expresidente Tabaré Vázquez? Fue una gran casualidad de la vida. Cuando llegué a Uruguay estábamos en pleno balotaje entre Tabaré Vázquez y Jorge Batlle. Fue el último domingo de noviembre de 1999. Fui a acompañar a Cristina Benítez —a quien llamo ‘mi madre uruguaya’, la de corazón— a votar a Pocitos y a la vuelta nos tomamos un taxi. El taxista sería después mi esposo y padre mis hijos. Así fue, por un taxi (ríe).

A Cristina Benítez la conoció en Angola mientras ella, entonces militar integrante de los Cascos Azules, participaba en una Misión de Paz. ¿Cuándo comenzaron a conversar sobre la idea de que usted viniera a vivir a Uruguay? La decisión no fue tan difícil. Cristina me dijo: “Mirá que en Uruguay hace frío”. Pero era ir a un país con frío o quedarme en mi país con guerra. Sin duda, era mejor la primera opción.

¿Cómo conoció al exdiputado y actual presidente de la Comisión Administradora del Río de la Plata, Alem García, a quien definió en algunas entrevistas como su “mentor político”? En un restaurante donde yo trabajaba. Ese mismo día conocí también a Carlos Julio Pereyra y algunas otras figuras del ámbito político. Fue en 2011, ellos venían de una reunión. Los atendí y les dio curiosidad saber de dónde era. “Soy de Angola, África”, dije. En ese entonces Alem era legislador y miembro informante de las Naciones Unidas, entonces le llamó la atención. A partir de ahí volvió varias veces al restorán y siempre hablábamos. En una de esas charlas me dijo: “¡Pah, qué historia! Está como para un libro”. Me gustó la idea. Me dijo que lo dejara en sus manos y a los pocos días me llamaron de la editorial Planeta.

¿Sus hijos leyeron el libro o usted les contó sobre su contenido, en especial lo que sufrió en la infancia? No lo leyeron, pero saben todo porque unos días antes de la presentación ya tenía marcada toda una agenda de prensa. Los tuve que preparar y contarles toda la verdad, lo que me había tocado; incluso las violaciones, que fue lo más difícil.

¿Cómo reaccionaron? Primero, tristes por la situación. Pero después hablamos de que su mamá es... no sé si decir valiente; pero superé todo eso, pude salir adelante, tener una pareja, tenerlos a ellos.

¿Su principal ingreso en la actualidad proviene de la política o de Rainha, su tienda de ropa femenina ubicada en una expo de Paso Molino? De la tienda. Como suplente de diputado no cobré, y lo que me pagaron cuando ingresé lo doné al Fondo Covid. Si mañana con los votos llego a la diputación, quizás al año siguiente no llegue, y no voy a estar prendida de algún dirigente para que me acomode, porque yo sé hacer otras cosas. Si llego, no voy a cerrar mi negocio de ropa, mi emprendimiento. Este es mi capital, mi salida, para mí y para mis hijos. Me gusta valerme por mí misma y sin condicionantes, no quiero ser adoctrinada ni comprada.

Tiene una fundación que lleva su nombre, la Fundación Angelina Vunge, ¿cuáles son sus objetivos? Conseguimos donaciones de alimentos, ropa, electrodomésticos o lo que sea para ayudar a las personas más vulnerables. Es un trabajo de hormiga, un trabajo social. Lo hacemos sin esperar nada a cambio y tampoco hacemos distinciones por partido, por sector. Soy de la idea de que el hambre no elige grupos políticos, no elige edad. Cuando la necesidad está, es para todos por igual.n