César Sanguinetti: "Soy una mezcla de incoherencias absolutas"

• Nombre: César Sanguinetti • Edad: 41 • Ocupación: Comunicador • Señas particulares: Es fan de la música indie, fundamentalista de la muzzarella y la panceta, le gusta incomodar

Es de los pocos periodistas, por no decir el único, con un club de fans. No sé quién está detrás de eso, pero juro de rodillas que no soy yo. Nunca pregunté. Me pareció divertido que se colgaran en hacerme una fanpage, divertido y rarísimo. Nadie puede ser mi fan. Tiene que ser una joda, por lo del video. En 20 años de Canal 10 lo que me catapultó a la fama fue una coreografía de Rosalía (que subió a su cuenta de Instagram). No me molestó. La vida está llena de oportunidades que aparecen por las puertas menos pensadas, pero vos tenés que tener la habitación armada. Y yo la tenía. Aunque confieso que el vídeo lo tuve unos días en el teléfono porque no me animaba a subirlo, pensaba que me iban a decir que era un viejo bobo, y me lo dijeron. Pero me divertía. Lo hice con el traje de la tele. Eso es hacer humor, poner las cosas donde no deben ir. 

¿Es como una celebridad en Castillos? No. Allá toda la gente que me conoce ya me conocía, soy el hijo del médico del pueblo. Me conozco todo, pasé 20 años de mi vida allá. Para Carlitos, el tanquero de la Ancap, soy César. Y él es Carlitos. No me siento una celebridad de nada, en todo caso eso fue acá en Montevideo, cuando me empezó a parar gente por la calle.

¿Cómo es cuando sale? Había un amigo de mi cuñado que se moría de ganas de que yo fuera a uno de sus asados, me quería conocer porque pensaba que se mataría de risa conmigo. La desilusión que se llevó. No estoy arriba 24 horas al día. Intento mantener ese nivel de energía porque también soy una persona que se angustia, sufro mucho de nostalgia, y soy ansiedad pura, al punto de entristecerme por cosas que no han ocurrido. Además, cuando todo el mundo está allá arriba, yo estoy allá abajo. Me gusta estar donde no está el resto, si no pierde la gracia. Soy una mezcla de incoherencias absolutas.

¿Por lo menos es bueno en la parrilla? Soy muy mal parrillero, pésimo. Me encanta cocinar pero a la carrera, entonces al asado, que hay que estarle arriba todo el rato, yo lo quiero sacar en cinco minutos. Me desespera.

Sin embargo, es fanático de la ciencia ficción, para lo que hay que leer mucho y ver películas largas… Me encanta. Tengo tatuado un Lord Vader en la espalda que dice “Amor de padre“. Porque soy fanático de la paternidad, de Star Wars y de mis hijos. Y es maravilloso cómo el amor de padre se impone al lado oscuro y Darth Vader, después de cortarle un brazo a su hijo, se hace matar por él. 

Tiene tres hijos varones, ¿le hubiese gustado que llegara la nena? Cuando nos enteramos de Luca (el primero) queríamos que fuera varón. Después para el segundo también queríamos varón porque nos había gustado mucho la experiencia, y por razones logísticas. Ya para el tercero, decíamos: “¡Por favor, varón!”. Porque si nos salía nena teníamos que salir a enloquecernos, además, no sé si estoy capacitado para educar a una niña en este mundo de hoy, cambiante.

¿Por qué Brasil le resulta tan familiar? Cuando era niño a Castillos no llegaba televisión uruguaya, entonces mi viejo compró una parabólica, de esas que había que orientar, y la pusimos mirando para el satélite de Brasil. Agarraba SBT, Bandeirantes, Record, Globo, y yo crecí viendo esos canales. Del informativo a los dibujitos, todo en portugués, al punto que Cacho Bochinche para mí era un enigma. Además me crié yendo cada Semana Santa a Florianópolis con mis padres. Después que me casé, me gusta ir con mis hijos. Son tres gurises y no sale menos de 5.000 dólares subirlos a un avión, pero con eso me hago una fiesta en Brasil. Es cierto que podría irme a otros lugares, pero siempre vuelvo a la isla. 

¿Cómo es la relación con sus hijos? Crecen y se vuelve complejo. Como padre me preocupa que no dimensionen la ventaja que tienen de hacer cosas que otros niños no. No puedo entender que estos locos en el medio de una isla mágica están trancados porque se les quedó sin batería el celular. No te podés enojar por eso. A veces me desborda que se peleen y pierdo un poco el rol del adulto. Ahí sí me caliento con ellos, que encima tienen mucho carácter. El más chico es el peor de todos, tiene tres años y ya le está pegando a un sillón, ¿qué te está pasando? Seguramente yo tenga una vida llena de errores, todos los tenemos, no soy perfecto ni por asomo, pero si hay algo que tengo claro es que intento mejorarme a diario por ellos. Son la gran razón de mi existencia.

¿Qué son el coreano y la gallina? Estoy mal de la cabeza, no soy un psicópata pero tampoco soy del todo normal, y mis compañeros me padecen (risas). Son personajes. A veces hago sonidos guturales, como un velociraptor de Jurassic Park, y me convierto en una gallina que protege, como que te mira y va emitiendo esos ruidos, precavida, hasta que se enoja y te picotea. No importa el contexto, justamente en el peor contexto es mejor, cinco minutos antes de salir al aire. Una vez rompí un vidrio. El coreano es coreano, árabe; me gusta hablar idiomas que no hablo. La gente te mira y no entiende qué pasa, ahí les vuelvo a hablar en español como si nada.

Su risa es polémica. Me gusta mi risa, hay gente que dice que parezco una hiena en celo. Me puedo reír de mí mismo. De mi risa, de mi gordura, de mi cara llena de pozos. Incluso intento enseñárselo a mis hijos, que no está mal reírse de uno. Ahí les destruís las barreras a los que se quieren reír de vos.