Sí, vine a hacer audiciones para el 2024 para mi espacio en Buenos Aires que se llama Otro Mundo. Es para chicos mayores de 17 años que hacen El Camino del Artista, una carrera de cuatro años de cinco horas diarias. Es como una universidad que para armarla trabajamos previamente por más de cinco años con psicólogos, neurólogos, neurocientíficos. El niño y el joven son el centro, y todos giramos a su alrededor, nos basamos en la libertad con respeto y en acuerdos. El aprendizaje no tiene que ser una exigencia ni un sacrificio, es una búsqueda del entusiasmo y de la pasión que lleva cada chico adentro. En ese espacio funciona también la industria creativa y un gran semillero de artistas que nos piden de todos lados. Ahora estamos haciendo pequeñas pruebas en distintos países porque tenemos gente de Dinamarca, España, Israel, Colombia, Uruguay, Chile y todas las provincias de Argentina. Pero tengo que aclarar que el talento que vimos en Uruguay es altísimo. Previamente, elegimos los 80 que nos parecían apropiados y después audicionaron de manera presencial para nosotros. Estuvimos con Tommy Mayer-Wolf de Les Luthiers, que es nuestro director académico de Música, y Pablo Drutman, director de Artes Escénicas. En 2024 vamos a tener un primer año con muchos uruguayos porque tienen un talento impresionante. Además, descubrí El Carnaval de las Promesas, que no sabía que existía. Allí es donde ellos se perfeccionan, no es un lugar específicamente de aprendizaje pero en definitiva lo es. El año que viene volveré a verlos.
¿Por qué creó Otro Mundo?
Es mi deseo de devolver a la sociedad, en especial a los niños y a los jóvenes, todo lo que me dio y lo que aprendí en 30 años de carrera. Cuando me pregunto: ¿cómo quiero verme dentro de 20 años?, quiero verme rodeada de niños y jóvenes porque son el presente, el futuro, la fuerza, el entusiasmo, la pasión, la alegría, tienen todavía una inocencia que les permite ser más reales y libres. Quiero estar rodeada de chicos.
En Otro Mundo hay un árbol gigante de madera que representa el concepto de la madre y está rodeado por la letra de la canción Pimpollo. ¿Entonces esa es la finalidad de este espacio de aprendizaje?
No, no es la finalidad, es mi para qué. Siento que tengo que hacer una devolución a todos esos chicos y jóvenes que pasaron por mis series y a todos los que apoyaron mi camino desde que empecé. Con mi equipo trabajamos de forma muy personalizada, buscamos cuáles son los dones, las fortalezas y los potenciamos. Desde el principio los llamamos artistas, incluso cambiamos el glosario de palabras, no decimos clases sino encuentros, a los maestros les decimos guías. Esos chicos después florecen frente al público.
¿Le hubiera gustado asistir a Otro Mundo cuando era niña?
Es lo que dice todo el mundo, hace poquito nos visitaron Camilo y Eva Luna y me comentaron que les hubiera gustado tenerlo cuando eran chicos para poder disfrutar. A mí me hubiera encantado asistir a un lugar así, que me abriera la cabeza, con maestros que te apasionan. Nosotros no usamos la palabra educación, para nosotros existe el aprendizaje que se desea de ambos lados, tanto del lado del maestro como del artista, y tiene que ver con el entusiasmo, con la pasión, mostrarte como sos. Los chicos tienen todo a su disposición y si, por ejemplo, necesitan una guitarra para ensayar, se la pueden llevar. Diseñamos Otro Mundo en un espacio de 3.000 m2 donde había una panadería. En la parte de abajo podés encontrar chicos tocando alrededor de un árbol gigante de madera que es una belleza artística y creativa, que tiene que ver con el concepto de la madre, con la semilla, con la raíz, y todo está rodeado por la letra de la canción Pimpollo. Ver a los chicos cómo se ríen, que no se quieren ir, es bárbaro.
¿A qué jugaba de niña?
Jugaba muchísimo con mis hermanos y mis primos al policía y ladrón, a los cowboys e indios. Creo que el juego es la base de un gran aprendizaje porque aprendés a ser el último y el primero, el líder y la víctima, a cambiar de personaje. A mí me encantaban los indios y un año entero fui líder de mi grupete de juegos, y les decía que en lugar de decirme Cris me llamaran Luis, porque antes el líder siempre era varón. En verano también armábamos kermeses, venía mucha gente y después lo que ganábamos lo donábamos a alguna iglesia. El emprendedurismo lo tuve desde chica sin darme cuenta.
¿Cómo fueron sus comienzos como modelo?
Empecé a los 15 años, y no me divertía nada. Nunca fue lo mío, pero me permitió tener mi dinero, es decir, pude decidir sobre mi vida, era una cierta independencia pero con mis padres a mi lado, por supuesto. Yo quería trabajar y trabajaba. Antes no había casting, ni manager ni intermediarios, te contrataba la empresa directamente. El dueño de la revista para jóvenes La bella gente vivía en mi edificio y cada vez que me lo cruzaba le pedía a mamá que me dejara hacer fotos de ropa. Ella se negaba, hasta que un día dijo: “Probemos”. Después me vieron en esa revista y me contrataron para la campaña de jeans Lee. Durante dos años viajé por todo el país, hice verano en Tierra del Fuego e invierno en Punta del Este pero con ropa de verano, y después ya no paré más.
Pero además escribía poesía.
Yo soy una lectora voraz y desde siempre escribo mucha poesía. Ya de más grande alguien muy importante le quiso poner música a mis poemas y ahí empezó todo. También tuve la oportunidad de que (Joan Manuel) Serrat leyera mi cuaderno cuando vino a Argentina en el 83. Él me dijo: “Seguí con esto porque estás haciendo unas cosas divinas”, pero nunca imaginé que iba a pasar todo lo que sucedió después. Soy una de las autoras de Argentina que ha hecho más canciones editadas en discos, pero nunca lo hubiera imaginado porque yo estudié para asistente social, mi camino iba por ayudar a las personas. De cualquier manera, mis estudios me sirvieron un montón porque los utilicé en mis historias, historias de chicos huérfanos o niños que sufrían por los adultos. De hecho, en Chiquititas mi hija Romina era una asistente social que defendía los derechos de las mujeres en una fábrica.
¿Sus padres la incentivaban a leer y escribir?
Mi familia fue muy particular. Mi madre es socióloga y mi padre ingeniero, ellos leían mucho y en casa había una biblioteca gigante con todo tipo de libros. Y en verano en lo de mi abuelo, como no me gustaba dormir siesta me quedaba en su escritorio con una biblioteca gigante, una máquina de escribir —porque mi abuelo era el dueño de la Academia Pitman— y un piano. Toco el piano desde los cinco años y me recibí a los 15 de profesora de Piano, Solfeo y Armonía. Leía de todo, las novelas de Corín Tellado me fascinaban, chicas que se enamoraban de amores imposibles hasta libros de cowboys y después Marx, Hegel, Hemingway, cualquier autor. Además, tengo lectura veloz. No sé si es bueno o malo.
¿Conserva esos poemas a mano?
Cuando ya no esté, mi pobre hijo, mis nietos y amigos se preguntarán qué hacemos con todos estos cuadernos. En mi biblioteca tengo todo tipo de cuadernos porque me encantan los cuadernos lindos que me van regalando y ahí escribo canciones todo el tiempo.
Foto: Adrián Echeverriaga ¿A través de su trabajo usted busca impactar en la sociedad, lograr cambios?
No sé si puedo arreglar nada, pero necesito contarle a la gente que cuando uno es feliz todo sucede, aun en las cosas tremendas, porque soy una mujer que pasó por cosas tremendas más allá de lo de mi hija. Eso es lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero tengo una familia a la que le ha pasado de todo, vengo con un karma familiar que necesitaba cortar. Necesitaba cortar una cadena de mujeres inteligentes y brillantes que entraron en la locura o en cosas muy fuertes. Desde chica me di cuenta de que algo sucedía y todo eso nos ayudó a crecer y a fortalecernos. Las personas cuando son seguras de sí mismas, de lo que sienten, de lo que desean, de lo que aman y del camino que eligieron en la vida es muy raro que no logren sus deseos y que no sean felices. Más allá de todo, cada día es un “gracias a la vida”. Reconozco que tuve tres años de dolor y oscuridad totales, oscuridad en el sentido de no querer estar viva. También lo atravesé con mis canciones y con Aliados, que fue una serie maravillosa que me permitió salir adelante.
¿Cómo pudo atravesar esos momentos?
Es una herida abierta todo el tiempo. Yo siento que mi hija está dentro mío y acompañándome todo el tiempo y eso me hace inmensamente poderosa. No sé cómo explicarlo, pero además siento que tengo tantos hijos que, aunque nunca van a poder reemplazarla, obviamente, y no pretendo que lo hagan, siento que cada niño es como un hijo y de esa forma pretendo tratarlo, y que lo hagan todos los que giran alrededor de ellos, los maestros y guías. Abrimos Otro Mundo en la pandemia y pensamos que no iba a funcionar. Sin embargo, hay un nivel de gente talentosa y estamos exportando talentos. Hay muchos Lalis (Espósito) y muchos Peter (Lanzani), aunque creo que ninguno es Lali ni Peter, pero hay gente muy talentosa.
¿Y usted se siente como la madre de todos, que los cobija como ese árbol en Otro Mundo?
Una vez, un astrólogo que estaba estudiando la revolución solar, me dijo que yo era una teta cósmica. Yo no entiendo mucho de astrología, pero yo les di teta a mis dos hijos por mucho tiempo e hice mis dos partos sin anestesia, quería sentir lo que sucedía en el parto, en el segundo me arrepentí porque me dolió mucho. Estuve los ocho primeros años de mi matrimonio dedicada a la familia.
¿En qué se inspiró para crear Jugate conmigo en 1991?
Yo quería hacer un programa con música, juegos divertidos y premios importantes, porque en ese momento les regalaban CD, libros. Y creo que en el tercer año llegamos a darles un viaje a cualquier lugar del mundo para toda la división, y se fueron a África, a la India. Pero lo más lindo era la tribuna de 2.000 chicos que cambiaba tres veces por día, pasaban casi 6.000 chicos a lo largo del día, venían de todos lados, de clases humildes, altas, eso fue lo más maravilloso, la mezcla.
Después creó Chiquititas, Verano del 98, Rebelde Way, Rincón de Luz, Floricienta, Casi ángeles, entre otros éxitos. ¿Cuál es la fórmula?
A veces me preguntan cómo no tuve fracasos. Nunca tuve un fracaso, pero no sabés todo lo que tuve que pelear para no tenerlo, batallas creativas, de voluntad, de poner el cuerpo, todo me lleva mucha energía, potencia y pasión.
Además de Otro Mundo, ¿en qué proyecto está?
Ahora voy a hacer una serie de 40 capítulos para streaming filmada en cine con jóvenes nuevos. Esta idea me surgió en la pandemia cuando fui a pasar Navidad con mi hijo y su familia. Cuando me hice el test para el avión me dio que tenía Covid, fui asintomática y Tomás también. Entonces nos fuimos a una casa y mi nuera nos llevaba las provisiones. Ese Covid fue lo mejor que me pasó porque ahí generé la serie.
¿Sus nietos siguen sus pasos?
Franco (hijo mayor de Romina) estudió actuación en Londres y vive en España, acaba de estrenar Los puentes de Madison en la Gran Vía. Después Valentín es un rebelde, se parece a mí más de lo que él cree. Le encantan los autos de carrera, quiere ser corredor y empezó a estudiar algo de mecánica automotriz. A mí me da terror que le pase algo pero igual lo banco. Y mi nieta Azul, que ahora cumple 17, empezó audiovisual en Otro Mundo, quiere ser directora de cine, se irá a Nueva York o Los Ángeles, donde estudió mi hijo. Los dos nietos por parte de Tomás son más chicos, Mila tiene 5 años y es una actriz nata. ¡Si te muestro cómo canta Pimpollo! Se me caen las lágrimas de felicidad. Mientras que Inti, de 12, quiere ser inventor.
Entre el trabajo de creación, las producciones y la familia, ¿cómo maneja toda esa energía?
Hablo mucho, ¿no? Tengo mucha energía. Hago un tipo de yoga con una respiración que es alucinante porque te conecta con tu energía vital. Te desconecta la mente durante una hora y después sentís una vibración en todo el cuerpo. Hay respiraciones para energizar y otras para entrar en esas sensaciones de que somos seres de luz. Otro Mundo quiere decir “todo somos uno”, las gotas del mar, sin cada gota el mar no sería mar, y creo en eso profundamente.
¿Tiene alguna frase de cabecera?
“La pasión por continuar” es mi frase, jamás dejo nada sin terminar aun en los momento más difíciles. Cuando pasó lo de Ro en setiembre, estaba con dos teatros llenos con Spring awakening, que ganamos todos los premios, y con Casi ángeles en el Rex, y además terminaba una serie, pero seguí trabajando hasta diciembre y ahí quebré, no sé cómo no desaparecí. Esa misma energía me hizo seguir con todo el dolor que tenía. Aparte me pasaron cosas muy raras, siempre salíamos al aire con 40, 45 capítulos adelantados o sea que no podíamos cambiar ni una coma. El día que falleció mi hija, el capítulo grabado hacía dos meses se llamaba El mundo llora la muerte de un niño inocente. Fue muy impresionante. ¿Te acordás las cadenas de mensajes que se mandaban? Ese mismo día Romina nos había mandado el mandala del infinito, que decía algo así como: “Ya me voy hacia la luz, todo está hecho”, y termina diciendo: “Gracias, padre; gracias, madre, (se le entrecorta la voz) voy hacia la luz”. Aprendí a ver las señales. Veo una mariposa blanca y creo que es Romina, y en mi balcón tengo muchas plantas que les gustan a los colibríes, y siempre vienen a mí. Una vez pude agarrar uno en mis manos y fue una sensación muy rara, como si la tuviera conmigo y después la dejé ir. Al otro día, el colibrí volvió, entró y se paró como si dijera: “Acá estoy”. Tengo a mi hija conmigo siempre.
¿Todo final siempre anuncia un comienzo?
Eso lo sacaste de una serie mía y obvio que sí. En la filosofía hindú, Shiva es el destructor, destruye todo lo que no funciona; a veces hay que sacar para construir. A veces la vasija está vacía pero tenés que bancarte ese vacío, ese es el momento de mayor creación, ahí es donde empieza lo verdaderamente nuevo.