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Del modelaje publicitario al Zen Shiatsu, la disciplina japonesa que busca el bienestar
Diego Sánchez lleva el shiatsu, la disciplina japonesa que busca el bienestar físico y emocional a través de la presión en ciertas zonas del cuerpo, al personal médico de los CTI covid de todo el país, entre otros ámbitos de la salud
Agotamiento físico y emocional, dolores, contracturas,
trastornos del sueño, alto consumo de medicamentos, conflictividad y ausentismo
laboral, fatiga de la compasión —cuando la persona pierde toda empatía con el
paciente—. Estos son algunos de los efectos que el personal médico, en especial
los que trabajan en los CTI covid, ha venido soportando desde el inicio de la
pandemia. Y después de tantos meses las consecuencias en sus vidas personales
se hicieron carne: problemas de pareja, con los hijos, con su entorno, con
ellos mismos.
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Sin ser médico, pero con formación
en Europa y Estados Unidos, experiencia tratando el estrés postraumático tras
los atentados del 11 de setiembre de 2001 y sus primeras armas hechas trabajando
con ONG, hospitales pediátricos y enfermos terminales, en el peor momento de la
pandemia el equipo de Zen Shiatsu del uruguayo Diego Sánchez empezó a actuar en
las salas de CTI covid para cuidar a los que cuidan. De forma honoraria y con
una sesión de solo 10 minutos en el mismo lugar de trabajo, los problemas
físicos fueron desapareciendo y las cuestiones vinculares y emocionales tomaron
un nuevo rumbo.
¿Qué es el Zen Shiatsu que puede
modificar de manera tan sencilla y rápida el estado del cuerpo y la mente?
Shiatsu en japonés quiere decir “presión con los dedos” y a
veces se traduce como digitopuntura. No es exactamente lo mismo, son diferentes
estilos dentro de la misma disciplina, que es generar un cambio en el
cuerpo–mente a través de presión en diferentes puntos, que son los mismos
puntos de la acupuntura. De todos los estilos, hay uno en particular que se
llama Zen Shiatsu. La palabra zen se refiere a la meditación, porque en
este estilo uno tiene que estar en ese estado meditativo para entender qué pasa
con la otra persona. Implica un trabajo personal de estar bien, en nuestro eje,
centrados, para poder entender qué sucede energéticamente con la otra persona y
ahí saber cuáles son los puntos que tenés que apretar. Además, cómo los apretás
también depende de quién sos tú. Mucha gente que entrena conmigo aprende
shiatsu como una herramienta de desarrollo personal.
¿Qué puntos de la anatomía humana
son los que se presionan?
Son puntos específicos para cada
función. No es lo mismo una mamá recién parida a la que no le sale la leche que
un funcionario de un CTI que acaba de ver una cosa espantosa, ni es lo mismo
que el problema de sueño del médico o enfermero que hace tres turnos seguidos.
Hay puntos para la respiración, para el sueño, para cada tipo de dolor. No es
igual ni regular para todos; en cada persona hacemos algo concreto, especial
para ella. Incluso una sesión de 10 minutos no tiene nada que ver con la
siguiente.
Foto: Lucía Durán
Sánchez trabajó durante muchos años
como modelo publicitario en Europa, haciendo desfiles para Christian Dior,
Pierre Cardin, Calvin Klein o Armani. Un día, en un largo rato de espera en una
producción en Miami, la maquilladora —alemana—le dice: “Estoy estudiando esto
que se llama Shiatsu y tengo que practicar para mi clase, ¿podemos aprovechar
el tiempo?”. Sí, claro, fue la respuesta de Sánchez. Se acostó en el piso, ella
le apretó unos puntos a lo largo de la columna y cuando él se levantó “era como
que seguía subiendo, nunca me había sentido tan bien”, confiesa. “Y me entró una sorpresa y una gran tristeza.
¡Me había perdido 25 años de no sentirme así! Me impactó. Cómo uno puede ir por
la vida sin registrar que se puede sentir mil veces mejor”. Al día siguiente
Sánchez se compró un libro y empezó a practicar con su pareja y con un amigo;
los resultados eran claros y visibles. Pero siguió con su trabajo hasta que
cuatro años después, a los 29, tuvo una crisis personal importante: “Quería
hacer algo más sólido. Mi trabajo era fabuloso, me iba bárbaro, pero veía que
no tenía mucho contenido. Y se me vino la palabra shiatsu”. En esa época
Sánchez vivía en Londres. Abrió la guía, y encontró una escuela de shiatsu que
había en su barrio, cerca de Notting Hill. Resultó ser la mejor escuela que
había en Europa en esa época, donde estaban todos los mejores maestros. Allí
hizo una formación de tres años. Luego se fue a Nueva York a seguir estudiando
con la maestra japonesa-americana Pauline Sasaki, con quien se formó durante
ocho años.
“Con ella empecé a trabajar de una
forma más libre, más suelta, y empecé a experimentar cómo es hacer este trabajo
corporal con personas al borde de la muerte,
con personas con menos de tres meses de pronóstico de vida. Acompañé a
personas a morir. Y también trabajé en un centro de apoyo a gente con cáncer y
sida.
Durante esos años se puso en
contacto con el cardiólogo uruguayo Alejandro Junger, quien estaba trabajando
junto con el mediático Dr. Mehmet Oz, cirujano cardiatorácico que tiene su
propio programa en la televisión estadounidense. El médico estaba interesado en
la medicina complementaria porque muchas veces las operaciones eran
técnicamente perfectas pero el paciente moría igual. Y empezaron a ver que
había factores emocionales que tenían una incidencia muy importante, como la
depresión posoperatoria. Fue así que Sánchez fue contratado por el hospital de
la Universidad de Columbia, donde trabajaba con el Dr. Oz, para atender a los
pacientes de cirugía cardíaca. “En una cirugía en la que te paran el corazón,
forzosamente estás lidiando con ese límite entre la vida y la muerte. Yo hacía
el shiatsu directamente en el CTI o incluso en la sala de operaciones, justo
antes de la cirugía. El shiatsu lo que hace es ayudarte a despertar tu propia
capacidad de manejar tus recursos para volver a la salud”.
En 2005 Sánchez volvió a Uruguay, y
mientras dictaba clases avanzadas en Austria, Alemania, Suiza, Italia, España y
Holanda para profesionales de shiatsu, y daba charlas en universidades,
alentando su uso en hospitales, se puso en contacto con la Fundación Canguro,
que trabaja con los bebés del Centro Hospitalario Pereira Rossell. “Empecé a
hacer una consultoría para ayudar a las voluntarias a tener ese estado de estar
en el eje, estar centrado para manejar situaciones críticas. Los bebés en
Fundación Canguro generalmente están dados de alta pero tienen una situación
familiar complicada alrededor, padres que no pueden llevarse a sus bebés por
una situación legal, por disputas entre la familia, o situación de consumo”. En
una de esas sesiones participó la que en ese momento era la jefa del CTI de
Neonatología del Pereira Rossell y dijo: “Esto es perfecto para mi equipo,
porque ellos están con los bebés prematuros que luchan entre la vida y la
muerte”. “Esas madres teniendo a sus bebés en el CTI comen mal, duermen mal,
están en una situación emocional muy delicada y no producen leche, y encima
sienten culpa por eso. Con un toque en la espalda, sin decirles nada, se libera
de todo lo racional, y los mismos recursos que no están pudiendo usar, los
tienen disponibles. Producen lo que tienen que producir y los bebés ganan peso
más rápido, crecen más rápido. Mi trabajo tiene esto de que la satisfacción es
inmediata. En un mes triplicamos la cantidad de leche materna que llega a los
bebés”.
¿Cómo resultó el trabajo en los
CTI?
Empezamos a ver que los funcionarios se sentían mucho
mejor, se peleaban menos entre ellos. Bajó la conflictividad, el ausentismo, la
cantidad de medicamentos que toman, sobre todo de analgésicos. Ellos viven a
relajantes musculares, analgésicos y pastillas para dormir, porque hacen
guardias eternas de 24, 36, 48 horas. Y vimos mucho reporte de que mejoraron
los ciclos del sueño, que iban a la casa y podían dormir. También mejoraron los
vínculos familiares, tenían menos conflictividad con sus hijos, sus parejas, e
iban al trabajo contentos. Cada vez que íbamos se formaban colas. Y la otra
cosa que aumentó fue la solidaridad entre compañeros. Se cubrían los turnos
para que todos pudieran recibir una sesión; eso cambió el clima laboral. Y a
pesar de que íbamos un turno en la mañana y otro en la tarde, y que nunca
llegamos a cubrir los turnos de la noche, esa gente decía: “¿Qué está
pasando?”, “está buenísimo ahora venir a trabajar”. Sin haber tocado a ninguno
de ellos, hubo un cambio en el clima laboral; repercutió hasta en ellos.
¿Qué pasó cuando llegó el covid?
Todo esto se cortó. Nosotros pensábamos que era el
momento que más necesitaban, pero el hospital no quería arriesgar más factores
de contagio. Pasaron varios meses y un día vi por la televisión al doctor
Nicolás Nin —excoordinador del CTI del Hospital Español y coordinador del CTI
covid en el Instituto Nacional de Ortopedia y Traumatología (INOT)—, que decía:
“Mi equipo está exhausto, no pueden más, necesitan un apoyo”. Yo sabía que ahí
teníamos que estar. Conseguí el contacto, lo llamé, fuimos y fue un éxito.
Entramos cuando había 4.000 casos por día, en mayo de este año. Cuando
empezamos a trabajar ahí fue muy duro porque le poníamos la mano en la espalda
a la gente y se ponía a llorar. La carga emocional de la cantidad de muertes
que habían visto, las condiciones en las que se moría la gente, el aislamiento,
tener a los familiares parados en la puerta del hospital y el paciente
muriendo. Personas que no tenían la preparación, como la auxiliar de cocina,
eran los que hacían de nexo con los familiares que no podían entrar a ver a los
pacientes. Fue una cosa tremenda. El equipo médico estaba bajo mucha presión, estaban trabajando sin días libres, sin
vacaciones, a full todo el tiempo, sumado a que tenían el miedo de
contagiarse y contagiar a su familia. Entonces de nuevo aparecía ese factor de
aislación, en este caso autoimpuesto. Además de que hubo señales sociales de
hostilidad hacia las personas que trabajaban con pacientes covid. Eso fue muy
feo.
En Montevideo llevamos hechas como
1.500 sesiones individuales de shiatsu entre el Pereira Rossell y el INOT. Y en
este proceso entendimos que si las personas que están en Montevideo haciendo
este trabajo tan duro la tienen tan complicada, en el interior es mucho peor.
Ahí el factor aislación es peor, se conocen todos. Sos como la peste. No tienen
los recursos que tienen en Montevideo, todo es más lejos, tarda más, no llega.
Entonces estamos llevando esto mismo a todos los CTI covid de ASSE del
interior.
¿Esto es por iniciativa de ustedes
o ASSE los invitó a ir al interior?
Es nuestro proyecto. El doctor Nin
es una referencia, ya todo el mundo sabe cómo funciona lo que hacemos y nos
reciben de brazos abiertos. Hasta ahora estuvimos en Treinta y Tres, Florida y
Las Piedras. Obviamente cambió la dinámica enormemente con esta baja de casos,
pero sigue habiendo pacientes internados en CTI.
¿Qué es lo más difícil que debe
enfrentar el personal médico?
La carga más dura es la emocional,
eso de sentirse aislados, del miedo de contagiar a su familia. La SUMI (Sociedad Uruguaya de Medicina
Intensiva) hizo un muestreo y dio que 90% de las personas que trabajan en un CTI
covid en contacto con los pacientes sienten que su vida está en peligro.
Trabajan todo el día sintiendo que están poniendo en juego su vida. Eso genera
un estrés acumulable. Es una cuestión de supervivencia, estás siempre al borde.
En Estados Unidos se estudió que 43% de las personas que trabajan en medicina
intensiva piensa en renunciar. Y al comentar esto con la jefa de Neonatología
del Pereira Rossell me dijo que acá es igual o más, pero nadie puede renunciar.
Entonces hay gente que se siente atrapada. Es una sumatoria de la sensación de
que está arriesgando su vida mientras trabaja, más que no quiere estar ahí, más
que muere gente a diestra y siniestra, más que vuelve a su casa y se tiene que
privar de entrar en contacto con las personas que más quiere; la presión va
subiendo cada vez más.
El shiatsu los ayuda un montón
porque se sienten cuidados, porque en eso se sienten solos, no tienen con quién
hablar. Con sus compañeros los temas surgen en el conflicto, cuando se pelean,
y cuando se pelean es cuando están con miedo, agotados, estresados. Ahora
estamos esperando el ok del Comité de ética del Hospital Español para empezar
un estudio diseñado por la Universidad de Helsinki especialmente para nosotros
que mida el efecto del shiatsu en la fatiga de la compasión, que es un burn
out específico que se da en las personas que tienen pacientes a su cargo,
que va desde el médico al personal de administración, limpieza o cocina. Todas
esas personas están en contacto con pacientes covid. No te imaginás lo
importante que es la persona que limpia en un CTI covid; y cobra lo mismo que
una limpiadora en cualquier lado, pero tiene que tener un carácter a prueba de
balas porque también está poniendo en riesgo su vida, y sabe que los demás
cuentan con que ese cuadradito esté perfectamente limpio y desinfectado. La
fatiga de la compasión sucede cuando esa persona que tiene a cargo pacientes
llega un punto que, entre el cansancio, el estrés, la repetición de ver
situaciones traumáticas, queda insensibilizada. Y ese insensibilizarse como una
manera de protegerse emocionalmente hace que deje de escuchar, deje de poner la
atención en las cosas donde realmente tiene que estar, entonces comete mucho
más errores, y los errores en un contexto de CTI pueden llegar a implicar
muertes. ¿Cómo podés ayudar al paciente si no escuchás, no ves, si no te
importa lo que está sintiendo o por lo que está pasando? Entonces se
deshumaniza el trato. Nosotros lo que hacemos es humanizar el contacto con el
paciente, humanizar la medicina. Cuando uno se siente cuidado, automáticamente
cuida mejor a quien tiene a cargo, y ese factor de sentirse cuidados es lo que
más los emociona. Nos dicen: “Hace 15 años que trabajo acá y nunca nadie me
vino a dar este tipo de cuidado”. Tienen psicólogos, trabajadores sociales pero
no los usan porque implica tomarse un tiempo aparte, ponerse a conversar,
explicar lo que les pasa.
¿Cómo se financian?
Hasta ahora mientras estábamos en
Montevideo hicimos todo gratuita y honorariamente.
¿Cuántos son en el equipo?
Éramos 10 pero fuimos perdiendo
gente, precisamente por ser honorario y porque se fueron complicando las cosas.
No es lo mismo ir al CTI de neonatología, que ya no es para cualquiera, que ir
a un CTI covid. Ahora somos seis o siete. Las personas que perdí no las puedo
reemplazar fácilmente, es una experiencia que requiere de un temple muy
especial. Por el interior hacemos la gira los fines de semana o los días
feriados. Para financiar esta gira conseguimos una empresa, Salus, como sponsor.
Además, un grupo de empleados de un laboratorio nos donó una suma interesante
que nos ha ayudado un montón a cubrir los viáticos; también recibimos aportes
de algunos privados, pacientes míos que me conocen, se conmueven con la
historia y nos ayudan, pero lo realidad es que necesitamos bastante más. Esta
gira implica hoteles, traslados, comidas, combustible, peajes, autos prestados.
Es todo un movimiento. Y lo que me interesa es dejar una fuente de recursos
para que esto se pueda aplicar en cualquier ámbito. Pensá en la persona que
levanta el teléfono en el 911, el estrés que tiene esa persona está fuera de
cualquier órbita porque no sabe si se está muriendo un bebé, si están matando a
alguien o si es una broma. Los que levantan los teléfonos en las emergencias
móviles, que entiendan exactamente lo que está pasando, en dónde es y cómo
resolverlo implica que se pueda salvar una vida o no. O un policía que tiene
que encarar un problema, una crisis; siempre un policía centrado, bien cuidado,
relajado, va a actuar de una manera diferente a que si va mal dormido, mal
comido. En la educación también, los maestros, profesores, imaginate cómo
serían los ámbitos donde hay un intercambio con personas que están más sanas,
más centradas, mejor cuidadas.
Piensa siempre en personas que
trabajan en el servicio a la comunidad. ¿Cree que son las personas que más
podrían beneficiarse con esta técnica?
Para eso es que yo quisiera generar recursos estables y
poder hacer acciones gratuitas, que no implique que la persona o institución
que recibe el servicio tenga un costo. Porque la realidad es que si yo le pido
a ASSE como le he pedido, no me va a financiar. Lo que yo propongo para mí es
vital pero para el sistema no. Para el sistema como está armado, donde el
cuidado del recurso humano no es la prioridad. De qué sirve tener tremenda
ambulancia si la mandás al lugar equivocado o si el que la maneja está agotado,
o tener aparatos con la mejor tecnología pero la persona está distraída. Es un
modo de estar en servicio más eficiente, porque hacés mucho más con menos
recursos. Lo que hacemos es barato, no necesitamos ningún tipo de material que
implica costos. Nada. Vamos al CTI, agarramos una silla y la ponemos en el
pasillo, nada tan simple. No tienen ni que parar lo que están haciendo. Yo he
dado sesiones de shiatsu a soldados en el 9/11 con el fusil en la mano, en las
Torres Gemelas. Trabajé en la Zona 0, dando shiatsu a los rescatistas, trabajé
con los soldados, los ingenieros, los bomberos, mientras buscaban
sobrevivientes. Estaba en el momento donde se entendió que ya no había
sobrevivientes y ese fue un quiebre emocional tremendo, tipos grandotes
llorando como niños. Y les ponés una mano en el hombro y es como que vuelven a
la vida. Después me contrataron las viudas de los bomberos para trabajar con ellos
y sus hijos, trabajé en varios hospitales apoyando por los efectos traumáticos
de los sobrevivientes. Esa es mi meta. Ayudo a las personas a manejar crisis.
Pero las crisis no solamente se dan en situaciones críticas de vida o muerte.
Vos y yo tenemos crisis todos los días, en que no llegás a fin de mes, en que
tenés tal enfermedad, en los problemas con los hijos.