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Diego Montero: “A Gorlero lo tienen desecho, tiende a un nivel medio para abajo”

Nombre: Diego Montero • Edad: 68 • Ocupación: Arquitecto y artista • Señas particulares: Impulsor del espacio 3 Mundos (La Barra), le gusta nadar, le aburre la playa, lee muchos libros al mismo tiempo, su especialidad es la paella

¿Por qué se vino a vivir a Uruguay? Soy argentino, pero mis abuelos vivían acá. Desde chico venía a Uruguay. En un momento que mis padres se fueron de viaje por bastante tiempo, viví en Montevideo con mis abuelos. Ahora hace 35 años que vivo acá y soy ciudadano uruguayo. Viví más tiempo en Uruguay que en Argentina.

¿Qué es lo que más le gusta del este uruguayo? Lo que me gusta de Uruguay es que es un lugar superapacible en todo sentido, el paisaje, la gente. Por otro lado, me encanta el mar, el horizonte. No es que me guste especialmente Punta del Este. Me pasa que me encanta Uruguay como sensación. Tenemos un apartamento en Pocitos, en la plaza Gomensoro. Cuando estoy ahí, salgo temprano y agarro la rambla; es superexótico y no nos damos cuenta. Estamos en un lugar maravilloso, superlindo. Ahora me compré una casa en la Ciudad Vieja, tiene todos los problemas propios del barrio, pero me parece lindísimo. Esa cosa oscura, húmeda, un poco deprimente, pero que tiene su carácter. Eso me gusta de Uruguay. También esa tranquilidad y respeto, gente que piensa distinto se puede juntar y opinar sin problema.

¿Cuáles son sus fuentes de inspiración? Las fuentes de inspiración cambian todo el tiempo, son todas las circunstancias, cómo vas viviendo. Para mí, todo es muy orgánico. Las distintas situaciones te llevan a distintas cosas. Depende del momento, del lugar, con quién te relacionás, cómo estás, el clima, la estación. Es muy distinto hacer algo en Ciudad Vieja, y no lo digo solo como arquitecto, lo digo también para pintar: tenés que ver qué te dice Ciudad Vieja.

¿Cuál es la obra de la que se siente más orgulloso? No me parece válido. Si vos sos más o menos serio, no hay una obra preferida, porque quiere decir que le pusiste más intención. Para mí todas tienen el mismo valor. Hay casas grandes, casas chicas, no importa. Es tu intención, es lo que te gusta hacer, entonces no va a haber una mejor que otra. Siempre me preguntan cuál es mi obra preferida y yo digo “la próxima”.

Su esposa, Laura Sanjurjo, también es una artista reconocida. ¿Cómo es tener una pareja también artista? ¿Se potencia el arte? Somos independientes, entonces siempre tenés sorpresas. Cada uno sorprende al otro. Me parece interesante sorprenderme con lo que ella hace. Mis hijas también son artistas. Amparo está metida en producción de cine y de moda. Azucena es artista y Antonia es un poco de todo. Entonces, hacemos mil cosas todos juntos. Eso es lo que me parece interesante, pero todos (lo hacemos) con mucha independencia.

¿Un artista que admire? Hay mil, es difícil. En arquitectura, Samuel Flores me parece una maravilla. Bello & Reborati le dieron humor a la ciudad de Montevideo, pero casi no los toman en cuenta en las clases de Historia de la Arquitectura. Toman en cuenta todo lo moderno. Yo soy cero Bello & Reborati, pero me parece una maravilla todo lo que hicieron. Lo mismo Carlos Páez Vilaró, pero como era medio chetito y carrasquito no le dan pelota. Hay un montón de artistas uruguayos buenísimos. Está Felipe Secco, Juan Burgos, que ahora hay una muestra suya en el Subte.

¿En verano se queda por el este o le gusta viajar? En el este me gusta la parte más agreste. Vivo sobre la laguna de José Ignacio. Me gusta eso. Punta del Este me gusta porque tiene un gusto de los años 70, pero no permiten que se desarrolle. Tienen un plan de desarrollo con el que dejan que siga creciendo por las calles laterales y a Gorlero lo tienen desecho. Antes había cosas de buena calidad, (joyería) Freccero, (el bar) El Mejillón, y también estaba la mercería, que te vendía hilo berreta. Ahora tiende a un nivel medio para abajo. Todo lo más chetito está en la calle lateral. Antes Gorlero no era tan comercial.

¿Cuál es su lugar en el mundo? Acá estoy muy bien. Pero hay lugares para distintas cosas. Hace poco fuimos a México DF y me pareció increíble la fuerza, la relación real con el lugar. Lo que tenemos acá es que tenemos cero relación con el lugar, no lo entendemos porque no quedó nadie que nos hiciera el cuento de cómo se vive acá. La mayoría somos unos europeitos que no tenemos la menor idea y nos imponemos sobre el espacio. En Abra de Perdomo, donde muchas veces voy a caminar, hay unos ochos de piedra en la sierra que hicieron los indios. Según un estudio reciente, el 30% de los uruguayos tienen raíces indígenas, pero no sabemos nada de ellos. Vamos a la playa y nos sentamos en sillas de aluminio para estar bien, cuando en realidad lo copado es la tierra.

¿Un deseo y un propósito para 2024? Nos evitaríamos un montón de problemas si todos pensáramos en todos. Entonces, seamos todos más cooperativos. Últimamente han surgido dilemas complicados, como la guerra Palestina-Israel, que no tiene lados y el gran horror es que se mate gente. El otro dilema es la inteligencia artificial, que inventamos nosotros. Si hacemos algo mal, la tierra nos va a escupir. Si hacemos algo bien, va a estar buenísimo. Yo estoy para que salga todo bien. Mi propósito es seguir haciendo las cosas bien. Lo que cada uno hace lo tiene que hacer lo mejor posible, para hacerlo bien para todos. En el edificio frente a plaza Gomensoro está lleno de cuidacoches, entonces yo les digo a mis hijas: “Les tienen que hablar porque esos tipos son personas”. Por alguna razón, se cayeron de algún lado. Cuando los querés y les hablás, los tipos son lo más amables y te cuidan. Si todo el mundo les hablara un poco, los tipos serían parte de la sociedad, no un descarte. Si alguien se cayó del sistema, es que el sistema lo sacó y eso es responsabilidad nuestra.