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Nombre: Eduardo Martín
Gianarelli • Edad: 37 • Ocupación: Docente de matemáticas,
comunicador, director de parodistas Los Muchachos • Señas particulares: bailó ballet
durante ocho años, es fan de Freud, puede dormir y reponerse con siestas de
cinco minutos, se considera coqueto
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Antes de ser profesor de Matemáticas y conductor, estudió Ingeniería.
¿Cómo terminó en la televisión? Terminé el liceo convencido de que
iba a hacer Ingeniería. Hice tres años y me di cuenta de que no era lo mío. Mis
padres eran muy carnavaleros. En el 97 ya salía en Carnaval. De chico hacía
muchos comerciales. Era gordito, simpaticón, pecoso. Y cuando Omar iba a volver
a la televisión en 2009, después de su parate largo, había un uruguayo en Gran
Hermano que iba a ser su compañero. No sé qué pasó que no salió. Y el día
antes la productora me dice: “Estuvimos hablando con Omar y le parece que si
vos lo acompañás…”. Al otro día arranqué. Tremenda experiencia. En ese momento
el programa marcaba más que el cable. Omar tenía algo único. Es un caso a
estudiar.
Profesor de Matemáticas, comunicador, director artístico en Carnaval.
Ahora que ganó MasterChef, ¿hay que añadir a su descripción que es
cocinero? Mi hermana cocina, es pastelera. Y en mi casa, como mi madre no cocina
nada, nosotros nos cocinábamos desde muy chiquitos. Era natural. Cuando fui
creciendo, siempre me daba maña en la cocina. Cuando llega la propuesta de MasterChef
era el programa donde yo quería estar porque me encantaba la cocina y me gustan
los realities. Descubrí que era muy bueno en la pastelería. Creo que
también tiene que ver con un tema de perfil científico. La pastelería tiene eso
de que si te dan una receta y seguís los pasos tal cual, no te asegura el éxito
pero queda cerca. Y el curso de cocina profesional en el Crandon, que es parte
del premio, lo voy a hacer.
¿Con algún
objetivo o meta profesional? Tenemos un proyecto con mi hermana, que es abrir una
casa de té. Pero la cantidad de trabajos… Habíamos averiguado varios lugares y
eso, pero no es el momento. Ya estoy lleno de cosas. Son riesgos que no sabemos
si los queremos tomar ahora.
Dicen que era tan fan de Arjona que una vez lo fue a ver solo al estadio. Lo amo,
mal. Después, cuando uno va creciendo… las canciones machirulas que canta son
horribles, pero en su momento me encantaba. Cuando vino fui solo. Y me senté
muy cerca. Eran todas mujeres, estaba en la tercera fila y en un momento tira
una chalina y me cae al lado. Había una señora, y no me iba a pelear con ella
por la chalina porque quedaba pegado. Pero me la re hubiera quedado.
Debe costarle dar la imagen de docente de Matemáticas, hacerse respetar
desde ese lugar con sus alumnos. En verdad está bueno porque rompe
pila de barreras que tienen, y más en Matemáticas. Entonces, al principio,
cuando llego, me dicen: “Bueno, ¿cuándo viene el profe?”. No me creen que sea
el profesor. Pero soy exigente, sí.
¿Sus alumnos también le dicen Colo? Intento que me digan Eduardo, pero
a los tres días me dicen Colo. Es imposible. Trato de marcar ese límite y se me
cae abajo al toque.
Es aficionado al psicoanálisis. ¿Cómo lo aplica a su vida? Soy refan
de Freud, me encanta. Como docente, entiendo que no a todos les gusta la
Matemática, que no es lo más importante de la vida, y que no todos están en un
buen momento para tener un proceso de aprendizaje óptimo. Lo que tomo de Freud
en la enseñanza es que el aprendizaje es emocional. Si no generás un buen
vínculo, no hay aprendizaje, y si el niño no está emocionalmente bien, todo lo
que yo le diga le va a entrar por una oreja y le va a salir para otra.
¿Es verdad que bailó ballet muchos años? Salí en
Zíngaros en 2003. El coreógrafo era Gustavo Pérez Jean Claude, que estaba en
pareja con Carla Latorre, bailarina egresada que tenía una escuela de danza con
Gustavo. El coreógrafo me dijo que tenía condiciones, que me abría a la segunda
como si nada y tenía buen empeine, buena apertura, buena rotación. Entonces me
dice: “¿Por qué no venís a tomar clases?”. Y yo digo: “Bueno, voy”. Y como
quería bailar, me daba la base para cualquier otra cosa. A partir de ahí hice
como ocho años de ballet. Hasta estuve por dar la prueba para entrar a la
Escuela Nacional de Danza, pero no sabía si me quería dedicar a eso. Sentía que
estaba bueno, pero había un montón de mitos con respecto al peso, al cuerpo, no
me gustaba todo ese mambo. Yo quería bailar porque me gustaba. Bailé hasta 2019,
después me di cuenta de que no podía hacer todo, y dejé.
¿Es
cierto que es el que más usa el secador y la planchita en su casa? Mi
esposa no usa, es una hippie. Lo que pasa es que yo ahora con el tema de
la tele o de las notas… Bueno, son excusas (risas). Empecé a ir al
peluquero Magno y hasta ese año yo tenía todos los pelos enrulados, me lo
cortaba chiquito. Me dijo: “¿Por qué no te hacés una hidro, así te lo podés
peinar?”. A partir de ahí me metí en ese camino. Y ahora me gusta peinarme,
hacerme la hidro, pasarme la planchita. Cuando tengo la hidro no me paso la
planchita porque con el secador alcanza, piques (risas). Ahora me estoy
quedando medio sin pelo y me haría un implante, todo. Empecé a valorar que me
gusta el pelo, me gusta peinarme, no tengo problema. En mi casa soy el más
coqueto, y se lo pasé a mi hijo, que para ir al jardín me pide perfume y un
poquito de cera en el pelo. Está buenísimo que sea así. A mí me encanta.