Está, por un lado, la historia de Raúl (Leonardo Sbaraglia), un director y guionista un poco falto de inspiración para su próxima película. Está, por otro, la historia de Elsa (Bárbara Lennie), que es la protagonista de ese guion que escribe Raúl. Las dos historias transcurren en paralelo y, mientras el guionista escribe, ella actúa en consecuencia. Los dilemas empiezan a producirse cuando Raúl comienza a tomar como inspiración la vida real de las personas que lo rodean, con sus dramas y traumas.
Dirigida por Pedro Almodóvar, Amarga Navidad narra esas dos historias en paralelo: una es reflejo de la otra. La primera ocurre en diciembre de 2004 y la segunda en el verano de 2026. En un sentido no tan literal, el personaje de Elsa funciona como alter ego de Raúl. Ella es también directora, antes lo fue de cine, ahora es de publicidad. Dirigió dos largometrajes que tuvieron poco éxito, pero que con el tiempo se convirtieron en “películas de culto”.
Raúl lleva una vida algo solitaria, con la única compañía de su pareja, Santi, bastante menor que él, pero en permanente contacto con Mónica, su asistente. Ante una larga crisis creativa, el guionista recurre a su propia vida como inspiración. En su computadora, Raúl escribe la historia de Elsa inspirado en Mónica. Habla de sus amores, sus pérdidas, su trabajo y sus dolores, en los que él mismo se refleja. Al final, debe enfrentarse al reproche de la apropiación personal de las vidas de los demás, por más que defienda su proyecto como una ficción.
Si Elsa es el alter ego de Raúl, Raúl es el de Almodóvar. La vida del propio cineasta, con todo lo que se conoce de su historia, se ve reflejada en el personaje del guionista que interpreta Sbaraglia. Hay una cadena de alter ego también en los personajes que acompañan a los protagonistas de cada historia. Santi se refleja en Bonifacio, la pareja de Elsa (interpretada por Patrick Criado), que a la vez se entiende que representa a la pareja de Almodóvar. El personaje de Elsa comienza a sufrir de migrañas y ataques de pánico, los mismos que el cineasta español ha dicho sufrir a partir de 2004, año en que se ambienta la historia.
El melodrama es uno de los elementos esenciales del cine de Almodóvar. Melodrama entendido como un reflejo de emociones intensas, drama, sensiblería, pero no tanto como cursilería. En Amarga Navidad, ese elemento esencial está ligado al arte de la cantante mexicana Chavela Vargas, a quien el director siempre admiró de manera profunda.
Esta película comprende escenas largas y exageradas —quizás hasta por demás—, en las que sus personajes se emocionan y se quiebran al escuchar su música. Una mujer, amiga y colaboradora de Elsa, que sufrió varias infidelidades y abandonos por parte de su marido, encontrará la fuerza para irse de casa después de escuchar una canción de Chavela Vargas que habla del abandono.
El título del filme, Amarga Navidad, es, además, el de un bolero de Vargas. De navideña, la película no tiene nada. La historia de Elsa, la que transcurre en 2004, tiene como marco temporal el largo fin de semana de la Constitución, a principios de diciembre, con las calles de Madrid invadidas por la previa de la Navidad. Ese es el único elemento navideño de la historia.
Como en otras películas de Almodóvar, los colores plenos tienen una fuerte presencia. Los personajes no visten de blancos, grises o beige. Usan rojos, azules, mostazas. En el entorno hay mucho verde, en contraposición a la arena negra de Lanzarote, en islas Canarias, donde transcurre gran parte del filme.
Amarga Navidad es un gran puzzle de la vida de Almodóvar y varios elementos de su filmografía. Es una película llena de detalles, en la que cada uno de ellos podría tener desde una hasta infinitas interpretaciones. El trabajo del cineasta hace pensar que cada una de sus decisiones fue premeditada, que no dejó nada al azar. Y, entre esas decisiones, estuvo la de un elenco en el que cada actor o actriz construyó un personaje único. A Sbaraglia, Lennie y Criado se suman Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Milena Smit y Quim Gutiérrez. Cuenta con participaciones también de Rossy de Palma, Carmen Machi y Gloria Muñoz.
En una entrevista cedida por Dispel, distribuidora del filme, a Galería, Leonardo Sbaraglia habló sobre el desafío que implicó interpretar a Raúl, un personaje “escurridizo” y conceptual que fue construido a partir de ensayos minuciosos y un trabajo de extrema precisión junto con el director. El actor destacó que volver a trabajar con Almodóvar, tras Dolor y gloria (2019), fue “un regalo”, aunque esta vez sintió una responsabilidad mucho mayor por la complejidad del papel y por la exigencia de adaptarse al universo creativo del cineasta. Además, definió la película como una reflexión sobre la autoficción.
¿Qué fue lo que más te atrajo de Amarga Navidad cuando viste el guion por primera vez?
En principio, lo que más me atrajo fue la posibilidad de volver a trabajar con Pedro Almodóvar. Me volvió a parecer un regalo, como con Dolor y gloria. Me sorprendió porque además fue un año en el que yo estaba con otros proyectos muy hermosos y dije “bueno, este es el que me falta como para cerrar el moño”. En este caso, a diferencia de la película anterior, era una cuestión mucho más exigente, de mucha más responsabilidad. Y me tiré con todo para poder hacerlo y darle a Pedro lo más cercano a lo que él necesitaba.
Esta es tu segunda experiencia con Almodóvar, ¿notaste diferencias entre la primera y la segunda vez que trabajaste con él?
La mayor diferencia tuvo que ver con que la responsabilidad era mucho mayor. Quizás aquella vez era un personaje al que yo sentía más cerca, había colores que, desde cierta ternura, de cierto candor, quizás ya se los estaba dando. En cambio, en este caso, con Raúl, había que encontrar, como dice Pedro, un retrato diferente, no amable, un retrato escurridizo.
Amarga Navidad (1)
En la película, Leonardo Sbaraglia interpreta a Raúl, un director y guionista un poco falto de inspiración para su próxima película.
¿Cómo construiste tu personaje?
El personaje había que ir encontrándolo y era mucha más la responsabilidad. Es un alter ego, un personaje que tampoco está muy retratado en lo conceptual, porque tampoco tiene escenas donde se ve o se expresa lo que le está pasando. Se expresa desde un lugar muy conceptual, desde la palabra, desde cierto relato, pero no es que el personaje tenía tantas escenas donde se lo veía en relación con lo que se enunciaba. Entonces había que ir encontrándolo en esos detalles, en esos pequeños intersticios donde se le veían ciertas cuestiones de su emoción. Pero, insisto, estaba muy puesto en el relato, entonces era realmente difícil cómo ir contándolo. Tuvimos la suerte de tener muchísimos ensayos, muchísimo trabajo codo a codo con Pedro, de mucha precisión. Es un director que busca casi como un cirujano el trabajo sobre el actor o sobre la actriz, entonces no es fácil para nada, porque tenés que ir encontrando la organicidad en esa especie de precisión. Ese fue creo que el trabajo más difícil: encontrar lo que él quería, que era algo tan concreto, y al mismo tiempo darle vida a algo tan preciso.
Ya hablaste de cómo fue la preparación para ese papel, el desafío particular que presentó y estuviste describiéndolo, ¿qué pensás entonces que puede hacer diferente este papel a otros que has hecho?
Trabajar en una película con Almodóvar ya es un salto creativo y un universo muy impresionante. Cuando a uno le toca trabajar con grandes directores, como el caso de Pedro, o de otros con los que me ha tocado trabajar, creo que el máximo desafío y la originalidad siempre tienen que ver con subirte a algo de esa especie, de esa impronta, de esa paleta. Subirte a esa especie de micromundo que estos grandes directores construyen, y eso también implica una renuncia de algo más personal. Tenés que convertirte, que llevar todo tu cuerpo y todo tu lugar a un universo que le pertenece a otro. Ese es el mayor trabajo: la propia renuncia para poder hundirte, plegarte y mimetizarte con un mundo que es completamente nuevo. Imagino que, por ejemplo, trabajar con Wes Anderson también debe ser algo así.
Si tuvieras que definir la película en tres palabras, ¿cuáles serían?
Creo que la película es una feroz lucha entre la ficción y la realidad. Es una reflexión sobre la autoficción. De hecho, en Francia se la está llamando así, Autoficción, no Amarga Navidad. Lo primero que me dijo Pedro Almodóvar fue: “Esto es autoficción, voy a usarme a mí para hablar de algo que no es mi vida, pero que se le parece”.