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Ekaterina Germanovich: “Desde que empezó la guerra ser ruso pasó a ser una black mark; nadie te quiere contratar”

Coordinadora de Sociales

Nombre: Ekaterina Germanovich Edad: 40 • Ocupación: Licenciada en Economía, exdiplomática, pastelera, traductora • Señas particulares: Ganó Bake Off 2023; nació en Ucrania y llegó a Uruguay en 2012 para trabajar en la Embajada de Rusia; no se maquilla; no le gusta la playa

¿Qué aprendizaje le dejó ganar Bake Off? Fue un gran aprendizaje. Tenía muchos puntos flojos, pero sabía que soy buena manejando situaciones bajo estrés, que puedo hacer varias cosas a la vez y que no les tengo miedo a las cámaras. Todo eso me jugó a favor, la diplomacia te deja eso. Cuando había visitas de delegaciones en la Embajada de Rusia, tenía que hacer traducciones simultáneas orales durante horas y sentía que el cerebro me iba a explotar. Podés pasar seis horas sin ir al baño y hablando constantemente, sin comer ni tomar nada. Me preparaba para eso y sabía cómo manejar el estrés, pero en la carpa (del programa) no fue fácil manejar las emociones y un par de veces terminé llorando.

¿Desde cuándo toma mate? Usó yerba en una torta en el programa... Hace como 20 años en Rusia estábamos con unos amigos divirtiéndonos con las distintas ceremonias del té, china, japonesa, rusa, turca y un día un amigo encontró un mate y lo probamos. En Moscú hay mercado para todo, los mates eran de Argentina, hechos con calabaza, y la yerba se vendía a granel. Sí, usé la yerba en el desafío realista. Incorporé el sabor a yerba porque el mate me representa como uruguaya.

¿Cuál fue la primera torta que hizo? Desde hace años hacía panes tradicionales rusos de masa madre y, cuando perfeccionaba las recetas, regalaba algunos. En mi embarazo anterior tenía antojos de dulce, entonces cocinaba tortas. Pero la primera torta linda que hice fue para el primer año de mi hijo Ivan Rémi. Una torta vegana sin azúcar que me salió espectacular. Después una señora rusa me pidió una torta tradicional de miel, la medovik, y fui teniendo más pedidos; abrí mi Instagram @chef_diplomatica y no paré. Al cabo de un tiempo entre los grupos de rusos me llamaban la Diosa del medovik (ríe).

Le dedicó el premio a su abuela, ¿qué lugar ocupa en su corazón? En plena grabación me enteré de que estaba embarazada de mi tercer hijo y de que mi abuela tenía cáncer de pulmón. Lamentablemente, la consumió rápido y no pude viajar a despedirme, pero cada vez que mi madre iba a visitarla le mostraba mis videos. Ella supo que llegué a la gran final. Mi abuela fue muy importante para mí, la quería mucho; me enseñó a hacer caldo, a cocinar pollo, cerdo, ricota casera, repollo fermentado. Pero las recetas de los panes vienen de mi tatarabuela, que hacía pan para todo el pueblo.

Su hijo Gabriel, que hoy tiene 16 años, vino con usted a Uruguay en 2012 cuando tomó su cargo de consejera comercial en la Embajada de Rusia… Mis hijos van donde voy yo; aunque me hubiera tocado Afganistán, nunca me separaría de ellos. Los diplomáticos siempre estamos expuestos y nuestros hijos tienen que vivir con esa realidad. Uruguay es una islita y en el resto del mundo se vive otra realidad; yo vengo del resto del mundo.

¿Cómo cambió su vida cuando Rusia invadió Ucrania? Esa fue la última gota, el punto de no regreso. Mis dudas empezaron cuando tuve a mi segundo hijo, porque en la embajada me complicaron para tomar la licencia maternal en medio de la pandemia. La licencia maternal de 18 meses generalmente se toma en Rusia, pero no era viable volver con las fronteras cerradas, entonces tuve que contratar a un abogado para reclamar mis derechos. Cuando sos un elemento incómodo, el sistema te intenta tragar, eliminar o expulsar. El primer año de mi hijo más chico fue muy angustiante, con todo esto y la depresión posparto. Y después, cuando pasó lo de Ucrania me expresé públicamente en contra de la guerra; y empezaron a venir a buscarme, insinuaban que me podrían cerrar las fronteras. Entonces dije: mi misión acá (en la embajada) ya terminó. Además, no quiero que mi hijo más grande vaya a la guerra. Era difícil reintegrarme para representar a un país que está invadiendo a mi país de origen; parte de mi familia sigue en Ucrania.

¿Cómo conoció a su pareja, el exfutbolista Alain Yomby? A través de amigos durante el Mundial de 2018.  Estuvimos casi seis meses chateando, hasta que en febrero de 2019 me invitó a cenar. Salí tarde de trabajar, iba con atraso y a los siete minutos me estaba llamando. Él es superpuntual; viene de una familia con tradición de educación, su padre fue político, diplomático y también futbolista. Lo enseñaron bien, él hace la limpieza de la casa y yo cocino. Aunque él también cocina muy bien la comida de olla tradicional de Camerún, con mantequilla de maní, picante y plátano. Él es nuestro cable a tierra.

Él fue su apoyo cuando renunció a la embajada… Sí, cuando renuncié estaba en un agujero negro porque tenía una carrera brillante y ofertas de otros destinos, y pasé a quedar sin trabajo. Desde que empezó la guerra, ser ruso pasó a ser una black mark; nadie te quiere contratar y menos si habías representado al gobierno.

¿Cuál será su próximo paso? Por el momento estoy por inaugurar un rincón dulce en el restaurante japonés Moshi Moshi, que atenderé los fines de semana. Para tener mi propia pastelería necesito conocer un poco más del negocio. Me gustaría tener un servicio de catering de buen nivel y también me encanta compartir mi conocimiento, así que podría dar talleres. Por ahora me estoy organizando, porque en unos meses nacerá mi tercer hijo, otro varón.

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