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• Nombre: Frankie Lampariello • Edad 53 • Ocupación: Vocalista y bajista de Hereford, los HDP’s y Los Hermanos Brother • Señas particulares: Nació en Nueva York, sus padres le pusieron un nombre en inglés para que no lo molestaran en la escuela, pero a sus nueve años volvieron para Uruguay; aprendió a cocinar con un libro de mujeres latinoamericanas
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¿Qué se siente formar parte de varias bandas, pero que lo conozcan por el reality de televisión Masterchef? Terrible. O sea, está buenísimo pero es raro lo de ser “el de Masterchef” y que la gente no tenga ni idea de dónde vengo. Creo que pasa porque el rock no resuena en las generaciones más nuevas. Asusta la cantidad de guachos que se acercan para sacarse una foto conmigo y yo con esta jeta. Me saludan mayores también, que tampoco tienen idea de quién soy pero salgo en la tele.
Se toca mucho la barba… Soy muy ansioso, es un mal que se hereda. Un día mi hija me dijo que quería dejar de comerse las uñas y yo quería evitarle pasar por el ciclo de Frankie. Mis uñas siempre fueron un desastre hasta que empecé a interesarme por las chicas. Me las dejé de comer pero empecé a relamerme la boca. Se me hizo una cáscara horrible y dejé de hacerlo. Después empecé a rodar los ojos. Lo dejé y empecé con la cabeza. Si lo dejaba aparecía una cosa nueva y peor, hasta que dije: ¿sabes qué?, ¡me como las uñas y que se vayan todos a cagar! Ahora me toco la barba.
¿Cómo hizo aquel Frankie recién llegado a Uruguay? Fue un choque cultural imponente venir de un país donde comíamos hamburguesas con ketchup a agarrar un pote de la heladera pensando que era manteca de maní y era dulce de leche. Estuve hasta los 20 años sin poder volver a comerlo. Ahora me cago de la risa, pero en ese momento te aseguro que no. Todo el mundo jugaba al fútbol y yo no tenía idea de lo que era una pelota. Aprendí en La Cruz de Carrasco, me iba a jugar con los del barrio y pasaba todo el día afuera de casa. Creo que fueron los mejores años de mi preadolescencia, porque después me fui para Carrasco y la cosa cambió.
¿Qué pasó? Me mandaron a otro colegio. Rescato amistades pero mis recuerdos son de mucho bullying. Imaginate, un gringuito recién llegado, medio negrito… Fue bastante desagradable para mí. Recién en segundo de liceo me fui de mano con uno, nos cagamos bien a piñas y ahí me gané el respeto de los demás. Era ese momento donde si uno te tomaba el pelo, todos lo hacían, después crecés y van apareciendo las cabezas pensantes. No llegué, en cuarto me echaron.
¿Por qué? Qué sé yo, porque tenían que echar a alguien. Era un desastre mi generación, pero no era ni cerca el peor de la clase. Me hicieron un favor al echarme, estaba harto de la burbuja. Terminé en los Maristas, año 85, y era otra cosa. Había política, gente que votaba a la izquierda. Ahí armé una banda y fue cuando hice las peores cosas. También me echaron.
¿Y dónde terminó? En la Scuola Italiana, juntadera de todos los echados de todos los colegios. Me aceptaron con condiciones: tres faltas y afuera. Pasé por dos bobadas y a la tercera me perdonaron la vida si tocaba con la banda de la Scuola, un grupo de chicas a las que les faltaba baterista. Ellas ya me lo habían pedido antes. Che confusione Sarà perché ti amo, era todo así, ¡pero ni en pedo! Hasta que era “lo hacés o te echamos”. Al otro día estaba sentadito en la batería con las chicas en el gimnasio. ¡Los de mi banda pensaban que había conseguido lugar para ensayar! Terminaron obligados a tocar ellos también. “¿Quieren un lugar para ensayar? Acá tienen, no jodan o los suspendemos”, algo así fue. Al final estuvo buenísimo, nos entraron a llamar para tocar de todos los clubes italianos ¡y nos pagaban! Ahí me di cuenta de que quería ser músico.
Pero su padre quería que estudiara una carrera universitaria… Mi viejo siempre fue un tipo muy laburador. Era el típico que te decía: “Yo a tu edad tenía tres trabajos”, y lo peor es que los tenía. No había internet, no podía hacer otra cosa que laburar. Esa cabeza hizo que le fuera bien cuando rajó con mi vieja para Estados Unidos. Terminó siendo el dueño del taller donde empezó barriendo, pero siempre quiso estudiar, y que nosotros estudiáramos, al punto que le había pedido al pediatra que me manijeara para que quisiera ser médico. Me decía cosas como: “¡Oh! ¡Llegó el doctor Lampariello!”, y me daba el estetoscopio. Mi hermano sí se recibió, le dio el título de abogado a mi viejo y se fue a vender casas. Nunca ejerció.
¿Quiso empezar de primeras con el bajo? Uno de los miembros de mi primera banda tenía unos parientes que nos iban a dar clases y yo fui a aprender guitarra. Soy un guitarrista frustrado. Me ve las manos y me dice: “Con eso te tengo que enseñar a ordeñar vacas”. Y tenía razón, para hacer un la te toco todas las cuerdas con estos dedos. “Bajo o piano”, me dijo, y yo no podía andar con un piano para todos lados.
¿Qué piensa de la cultura de la cancelación? Está bien con pinzas. Te podés llegar a equivocar y le estás cagando la vida a alguien, con las redes sos culpable antes de serlo. Y con el tema de las letras, el contexto importa. Si es solamente por el contenido, tenés que cancelar a AC/DC, que la mitad de las letras hablan de sexo y la otra de drogas. Incluso parece contradictoria toda esta movida en las mismas generaciones adaptadas sexualmente a todo, que aceptan en su vida un montón de cosas que nosotros no aceptábamos en la nuestra y nuestros viejos menos.