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Gloria Rodríguez: “Sé que molesta cuando digo que soy hija de la cuota”

La nacionalista Gloria Rodríguez, primera senadora negra en la historia, impulsa un proyecto para promover la igualdad de género

La nacionalista Gloria Rodríguez, primera senadora negra en la historia, impulsa un proyecto para promover la igualdad de género

En la ventana de la casa de Gloria Rodríguez hay una discreta calcomanía de la Lista 71 del Partido Nacional, que salvo que alguien se detenga a tocar el timbre, pasa bastante inadvertida en una cuadra donde se destacan dos enormes banderas frenteamplistas que flamean en los techos vecinos. Lo que ocurre en esa calle de Malvín Norte, a unas cuatro manzanas del Complejo Euskal Erría, es un microejemplo de la realidad de ese barrio, un territorio donde el Frente Amplio es mayoría abrumadora. Tan notoria es la superioridad electoral de la izquierda en la zona que en octubre del año pasado logró más de la mitad de los votos y ni siquiera en noviembre, con cinco partidos coaligados, pudo ser alcanzada (10.262 contra 6.277, de acuerdo a datos de El País).

Rodríguez llegó a Malvín Norte en 1992, cuando dejó atrás su Cerro Largo natal y cargó con dos hijos pequeños, una bisabuela de 92 años y un perro. La elección de la zona fue práctica: era donde podía conseguir un lugar para vivir. Primero en una cooperativa de viviendas, después en la casa en la que reside hoy.

Su hijo mayor, en ese momento de siete años, tenía disartria (dificultad para articular sonidos y palabras causada por una parálisis o una falta de control de los centros nerviosos que rigen los órganos fonatorios). En Melo no había especialistas que pudieran atenderlo, así que decidió abandonar su trabajo como profesora de Literatura y viajar a la capital para darle mejor calidad de vida. Su marido quedó en Cerro Largo; el tiempo y la distancia a la larga se encargaron de poner fin a la relación.

Hace 28 años que Rodríguez dejó uno de los rincones más blancos y asociados a la épica del Partido Nacional para iniciar una vida nueva en uno de los puntos de la capital ubicado más a la izquierda del electorado. Fueron tiempos de cambios personales, laborales y también políticos, porque luego de años de militancia barrial Rodríguez ingresó en la historia de la política uruguaya por convertirse en la primera mujer negra en acceder a una banca en el Senado.

Distintos medios destacaron que su juramento fue el más aplaudido en la tarde del 15 de febrero pasado en el Senado. Vestida de impecable traje blanco, llamaba la atención en un mar de hombres: se destacaba por su género y también por su condición racial, porque nunca una persona de raza negra había sido electa senadora.
Es la segunda vez que Rodríguez es noticia por ser pionera en el Parlamento. Hace cinco años fue la primera mujer diputada (antes ya lo había hecho el frenteamplista Edgardo Ortuño), porque, cuota política mediante, iba en el tercer lugar de la Lista 71 por Montevideo.

Durante cinco años Rodríguez se enfocó en temas sociales, batallando con algunos de los asuntos más sensibles para el gobierno saliente. Se ocupó, por ejemplo, de la ayuda que reciben personas ciegas, de gente en situación de calle, y reclamó mejoras para la población negra, lo que le provocó incluso enfrentamientos con colectivos como Mundo Afro.

Ahora, con 59 años, Rodríguez comienza una nueva legislatura con un objetivo claro: promover una ley que fije la paridad política para cargos electivos, un proyecto que hasta ahora era enarbolado mayoritariamente por sectores de la izquierda. En un partido en el que los temas de género han costado más que en otras colectividades y donde la cuota política causó agudas diferencias, Rodríguez confía en que la elección de Beatriz Argimón como vicepresidenta es una demostración de que los tiempos han cambiado.

"Esto no es un destino, es una estación para seguir transitando un camino que va a ser largo", dice Rodríguez a galería sentada en el living de su casa. "La cuota cumplió su función. Lamentablemente nunca logramos llegar al tercio de mujeres. Por eso vamos por la paridad", aseguró.

¿Por qué decidió impulsar este proyecto?

Es de justicia. Las mujeres en política estamos y participamos, participamos más que los varones. Pero no se ve reflejado ni en el Parlamento ni en los cargos de decisión. No pedimos beneficios, son derechos.

Su colega Graciela Bianchi dijo que no se trata de un proyecto del Partido Nacional. También recordará la dura batalla que tuvo que dar Argimón por la cuota. En ese sentido, no la tendrá fácil en la interna.

Justamente, no va a ser fácil y lo tengo clarísimo. Es un compromiso. En primer lugar soy activista social, he trabajado siempre en estos temas. Los he vivido, los conozco de adentro. Estaría faltando a mis compañeras y compañeros que han confiado en nosotros. Yo sé que molesta cuando digo que soy hija de la cuota.

Usted sabe que sin la cuota, más allá de su militancia, es difícil que hubiera llegado a ese lugar.

Claro. No soy un ejemplo de nada, no soy el ejemplo de la trabajadora ni de la militancia. Pero hay mujeres que han trabajado muchísimo más que yo y no han podido llegar. No voy a entrar en polémica con compañeras. Yo soy Partido Nacional, no pertenezco a otro partido que no sea ese. La vicepresidenta es Partido Nacional y apoya este proyecto. No sé si el partido en su totalidad lo va a apoyar, pero no podemos decir que no es del Partido Nacional.

Hasta que Argimón no llegó a presidir el directorio blanco las mujeres estaban relegadas en cargos partidarios. ¿Hubo un cambio en ese sentido?

Yo vengo luchando y trabajando muchísimo por el tema de la participación de la mujer en la política y también de los afrodescendientes y de los negros. Cuando llega Beatriz a la presidencia del directorio fue maravilloso, le dio participación de verdad a las mujeres, que fuimos visibilizadas.

En la sede del Partido Nacional solo dos mujeres están en cuadros o fotos: Cecilia Fontana, viuda de Mario Heber, y Josefa Oribe, la hermana de Manuel, que tuvo un papel en el proceso de independencia y en la Cruzada Libertadora, pero murió antes de que se fundara el partido. Eso es una prueba de lo relegadas que estaban.

Beatriz logró incorporar en la casa del Directorio del Partido Nacional el componente género. Hay un antes y un después de su presidencia.

¿Qué opina cuando escucha que no se puede ser feminista y de derecha?

Es un discurso, un relato que se armó. Acá no es de derecha ni de izquierda, yo pertenezco a un partido fundacional. No acepto que se diga de determinados partidos que "ellos son los que están en el tema del feminismo". Esto no tiene color político, de ninguna manera.

En el último tiempo el Partido Nacional dio señales importantes con respecto a temas de género. Sin embargo, habrá leído y escuchado los comentarios críticos por la falta de mujeres en el gabinete y en las bancadas parlamentarias. ¿Qué responde?

Que somos pocas y por eso estamos trabajando por una ley hacia la paridad. Si estamos bien representadas no se precisa. Hay países que tienen mujeres bien representadas, con otra mirada, y te dicen que no tienen la cuota. No tienen la cuota porque no fue necesario, para nosotras sí. Decir que queremos llegar por ser mujer nos está ofendiendo. Entiendo que en estos últimos años el feminismo ha entrado a ser un poco cuestionado en nuestro país. Lo he pensado con muchísima tristeza cuando observo en las marchas. Yo empecé cuando se hacían y éramos poquísimas. Para mí, no es novedad el Día de la Mujer.

Ahora parecería que hay gente que va a figurar porque queda bien.

Ahora sirve sacarnos una foto. Gente que ha estado en contra de este tema. En estas últimas marchas, en estos últimos actos, se han realizado manifestaciones totalmente fuera de lugar en cuanto al espíritu de estas marchas. El espíritu es otro, es la agresión, el insulto. Eso nos hace tanto daño.


Jorge Silveira Zavala fue un reconocido dirigente de Cerro Largo que durante la dictadura militar integró el triunvirato que dirigió el Partido Nacional junto a Dardo Ortiz y Carlos Julio Pereyra. Rodríguez lo conocía de Melo, militaba en su grupo y pintaba carteles de la Lista 22 que él lideraba. Cuando decidió instalarse en Montevideo, Rodríguez le pidió un contacto para acercarse a un club político de la capital. Él le dio una tarjeta, que ella guardó entre las cosas que trajo a su nueva ciudad. Un día fue hasta el lugar y no lo encontró, pero sí a un joven dirigente que era edil y se llamaba Gustavo Penadés. En otra ocasión, mientras viajaba en un 113 desde el Centro a Malvín Norte, vio que había una actividad donde hablaría Penadés en un local de 18 y Tacuarembó. Bajó en la siguiente parada, caminó hasta el lugar, y descubrió un mundo nuevo.

En su barrio no había locales de la Lista 71, así que la militancia transcurría entre ese club o en su casa, que la abrió para reuniones con vecinos de la zona. A lo político sumó una militancia social, que tuvo su pico más alto en 2002, cuando Uruguay tocó fondo y quedó sumergido en la crisis. En esa época ella tenía un local partidario al que le sacó los distintivos nacionalistas y lo utilizó con otros vecinos como un improvisado comedor donde servían platos de olla a personas que no tenían para comer.

El trabajo político lo combinaba con diferentes ocupaciones que le permitían sostener la economía familiar. Fue auxiliar en una clínica de Carrasco, hizo artesanías, y a finales del gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera entró con un contrato a término en el Ministerio de Transporte. Luego estuvo un tiempo sin trabajo y cuando se hizo un llamado durante el gobierno de Julio Sanguinetti se postuló y quedó seleccionada.

Ahí comenzó un periplo estatal que continuó en el Ministerio de Educación, a donde llegó como pase en comisión de Antonio Mercader durante el gobierno de Jorge Batlle. Mientras desarrollaba un proyecto de clubes de ciencias para todo el país, se rompió la coalición. El nuevo ministro, el colorado Leonardo Guzmán, la mantuvo en el puesto, algo que después hicieron los frenteamplistas Jorge Brovetto, Ricardo Ehrlich y María Simon.

"Tenía una militancia activa pero nunca tuve un solo inconveniente. Todos esos ministros me sacaron en comisión sin ningún tipo de problema y me reconocieron la tarea. Después me fui a la dirección de Ciencia y Tecnología y estuve a cargo del área de Comunicación y Difusión. Fui evaluadora de docentes de clubes de ciencias e hice un curso de periodismo científico con el aval de un ministro frenteamplista. Así fui sacando a mi familia adelante", cuenta Rodríguez.

Ni cuando trabajaba en las oficinas públicas, ni cuando llegó al Parlamento quiso dejar Malvín Norte. Dice que hay gente que le pregunta por qué no se muda. Ella responde siempre lo mismo: porque no quiere.

Usted trabaja desde años en barrios carenciados. ¿Por qué le cuesta tanto al Partido Nacional llegar a esas zonas?

Venimos creciendo, hoy por hoy estamos entrando a determinados lugares que años atrás nos costaba un poquito. Nos faltó realizar una muy buena difusión de lo que hacemos. Otros lo aprovecharon, lo pasaron a la ideología política. Nosotros, no. Tuvimos hasta esa delicadeza.

Pero en Montevideo hay un corte innegable, una cosa es la zona costera donde el Partido Nacional vota bien y otra el resto. Eso no hace más que reforzar el preconcepto que existe, en especial en Montevideo, de que los blancos son cajetillas que tienen plata.

Para eso estamos trabajando, para ese quiebre, para estar. Tenemos que demostrar que realmente estamos cerca del tema cultural. La cultura no es patrimonio de la izquierda, el Partido Nacional siempre estuvo al lado de la cultura.

En esos barrios hay gente que la pasa muy mal, que no tiene servicios. Sin embargo, prefieren seguir votando al Frente Amplio y el Partido Nacional no es una opción.

Considero que ahora son menos. Hay algo que el Frente Amplio hizo bien para ellos y mal para la gente, que fue sembrar el terrorismo y el miedo.

¿En qué sentido?

"Miren que si vienen los blancos se les termina todo", "miren que si vienen los blancos están en contra de los pobres", ese discurso que hace tanto daño, cómo utilizan a determinados sectores de nuestra población. Porque cuidado, cuando a mí me otorgan una tarjeta de cinco, diez o doce mil pesos y es la tarjeta que tengo para darles de comer a mis hijos y me están diciendo que vienen otros insensibles y malos que me van a sacar, obviamente voy a velar por mis hijos. El gobierno del Frente Amplio lo primero que hizo fue sembrar el terror. Hicieron un culto a la pobreza. Eso es lo más triste. Se disfrazaron de pobres para decir:"Somos tan pobres como ustedes". ¿Y por qué hicieron ese culto a la pobreza? Porque no saben lo que es ser pobres.

Hay mucha gente del Frente Amplio que fue pobre.

No sé cuán pobre han sido o si están disfrazados de pobres. "Yo fui pobre porque viví en tal lugar...". No, no es así. Es una demagogia decir que los otros están en contra de los pobres.

¿No hay una autocrítica del Partido Nacional de no haber podido contrarrestar ese discurso?

Obviamente, lo estamos trabajando.

No lo digo por usted, que vive en una zona poco amigable para el Partido Nacional.

Yo tengo la posibilidad de irme y mirarla de afuera, pero la tengo que mirar de adentro, tengo un compromiso con la gente y me voy a mantener firme. Opté por vivir acá y me siento sumamente cómoda. Yo no hago pobrismo. Vamos a levantar al que está sumergido, no podemos igualar para abajo. No le voy a sacar el cuerpo a decir qué nos faltó; nos faltó comunicación, nos faltó llegar, difundir lo que hacemos. Son debilidades. Otros lo utilizaron a su provecho, políticamente, nosotros nos quedamos ahí, trabajando pero sin mostrar lo que hacemos. Si Luis vive en La Tahona, bien por él; a mí no me importa, lo que no quiero es que la gente del asentamiento de Aquiles Lanza siga viviendo sin servicios en una situación precaria y lamentable. Es el relato que ha utilizado el Frente Amplio de que los blancos son todos cajetillas y tienen dinero. No es así, vamos a rascar las listas, vamos a buscar cuántos millonarios y cajetillas tenemos, "ah, si pusieron a fulanita es porque la están usando".

¿Le dijeron que la usan?

Hace mucho tiempo un legislador, ya ni me acuerdo del nombre y no interesa, dijo que no sabía si no me estaban utilizando. Ahí está el pensamiento del Frente Amplio, nos desprecian. Es subestimar. Ellos han utilizado muchísimo a determinados sectores. Los visibilizaron, hay que reconocerlo, como las minorías sexuales o los negros, pero no se los promovió.

Hay una ley que establece que para promover la integración y combatir el racismo, 8% de los cupos en los llamados estatales debe estar destinado a personas afrodescendientes. ¿Se cumple?

No. Vamos a mostrarlos, vamos a visibilizarlos. Lo mismo para las personas con discapacidad. No cumplieron y después presentan un proyecto de ley que dice que las empresas privadas tienen que contratar personas con discapacidad. Yo lo voté, pero cuando voté también argumenté que exigimos a los privados pero el Estado no cumple. Han hecho mucho marketing de todo esto, les dio resultado, estuvieron 15 años en el gobierno.

¿Recibió el respaldo de Mundo Afro por ser la primera senadora negra?

No, porque no pertenezco ideológicamente a ellos. Mundo Afro sacó una lista con el Frente y están totalmente identificados con la izquierda. Todo lo que no se refiere a los que sí están ideológicamente vinculados con ellos son malos. Comunicado oficial, nada. Organizaciones chicas, sí; las más notorias, no. De Tomás Olivera, un hombre sumamente destacado, de Jorge Chagas, un hombre que nunca nos votó, un hombre muy centrado y correcto, recibí el respaldo. Pero aquellos que están ideologizados nunca dijeron: "Tenemos a la primera senadora negra". Si era del Frente hubieran hecho marchas y contramarchas. Políticamente me han ofendido, han intentado destratarme cuando no coincido con sus pensamientos. Cuando surgió lo de la policlínica afro, yo salí en contra. ¿Cómo en lugar de integrarnos vamos a separarnos? Quiero una buena calidad de salud para todos, sin importar el color de piel, la opción sexual o donde se viva. Entonces en Mundo Afro se enojaron, sacaron un comunicado.... Una cosa de locos. ¿Ahora funciona la policlínica? ¿Cuántos casos de anemia falciforme se presentaron? También con la Patria Gaucha, cuando salieron a criticar a la figura de la dama de leche. Es la historia, si tenemos la ley 19122 que dice que tenemos que contar la historia del colectivo afrouruguayo, es parte de nuestra historia. Esa mujer negra amamantaba al hijo de la patrona que la despreciaba, porque no nos podemos olvidar que despreciaba a la esclava, y le entregaba lo más preciado. Eso es nuestra historia. Esta mujer negra les está dando la leche, que es su sangre, es la vida. No podemos sentirnos ofendidos por algo. También dicen: "Gloria, porque es del Partido Nacional, está blanqueada...". No acepto vivir como víctimas, tenemos que luchar para salir adelante si no, vamos a vivir eternamente sumergidos en esto del racismo. Pero no quiero más racismo en el país, no lo voy a fomentar.

Pero es cierto que la mayoría de los negros no acceden a la universidad y reciben planes sociales.

Los negros no acceden a la universidad, reciben planes sociales, vivimos todos en las periferias, tenemos menor información de todo. Es cierto, no lo podemos negar. Ahora, ¿cuánto se ha hecho para revertir esta situación? Tenemos programas, programitas y programotes en todo el Estado. ¿Cuánto se ha hecho? Podemos ir a recorrer el interior a ver a cuántos afrodescendientes les llegaron estas políticas. Vamos, hacemos un tallercito, nos sacamos la foto, va la directora, pero el negro sigue en la misma situación en el interior. También digo que este gobierno no tiene negros en ningún cargo. ¿Qué pasó? Fue un relato que pegó.

¿Por qué habla de negro y no de afro?

Porque soy negra (risas).

Pero muchas veces cuando se habla de negro hay quienes entienden que hay una cierta connotación racista.

Son cosas diferentes. El afro es una forma, en un país en el que estamos todos etiquetados, de alguna manera tenemos que etiquetar al negro. Y como la palabra negro es tan peyorativa, porque es verdad, se buscó la palabra afrodescendiente. Académicamente queda muy bien, no estoy en contra y lo acepto. Pero cuando étnicamente me preguntan cómo me considero, me considero una mujer negra. Estoy dentro del colectivo afrodescendiente, soy una mujer negra. También te digo que si alguien me pregunta: "¿Cómo te tenemos que decir?". Gloria. Yo me llamo Gloria, ¿por qué me tienen que decir "negra"?