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Laura Bardier: "El arte es un trabajo intelectual, pero también entretenimiento"

Nombre: Laura Bardier • Edad: 45 • Ocupación: curadora y directora de Este Arte • Señas particulares: trabajó en el MOMA de Nueva York, hizo ballet y veranea en La Paloma.

Nombre: Laura Bardier • Edad: 45 • Ocupación: curadora y directora de Este Arte • Señas particulares: trabajó en el MOMA de Nueva York, hizo ballet y veranea en La Paloma.

Trabaja con las artes visuales. ¿Qué otras manifestaciones artísticas le gustan? El cine. Me gusta el trabajo en equipo que requiere, algo que no siempre sucede en las artes visuales. Cuando empecé a involucrarme en el arte noté que reinaba esa idea del artista genio que trabaja solo en su estudio, y no me parecía interesante. Hacer sinergia y compartir ideas es la clave. Me gusta aprender de los demás. La música no me gusta tanto, me considero un poco analfabeta en eso. El teatro me gusta menos, hice seis años de danza clásica y lo que más aprendí es cómo hacer cosas difíciles con elegancia y una sonrisa. 

Dicen que es metódica y organizada. ¿Se siente así? Podría serlo mucho más de lo que soy. Soy autocrítica y busco mejorar. Tengo una metodología y disciplina de trabajo que viene de familia, son todos arquitectos o ingenieros, y de mi educación, desde el Liceo Francés a mi posgrado en Austria.

¿Es diferente su forma de ser en el ámbito laboral que con amigos? Trato de no ser tan distinta. Mi particularidad es el sentido del humor. Lo abro cuando entro en confianza, pero siempre trato de hacer reír a las personas. La ironía es fundamental. En el ámbito laboral no siempre corresponde, por eso a veces me contengo, pero también por eso me gusta trabajar con gente que conozco. El arte es un trabajo intelectual, serio, pero también es entretenimiento, y no hay que olvidarse de eso.

¿Siempre supo que quería dedicarse al arte? No al arte pero sí al mundo de las ideas. Hice un año de diseño industrial en Uruguay pero me di cuenta de que el mundo no necesitaba una silla más, es decir objetos, sino conocimiento. Estudié historia del arte y después hice mi maestría en curaduría de nuevos medios. En los 90, allí se hablaba sobre la idea del open source, eso de compartir conocimiento, de generar algo en equipo. Estoy involucrada en el arte porque me interesa ver el mundo desde diferentes perspectivas. 

No tiene redes sociales personales. ¿Por qué? Creo que es una herramienta fundamental que hay que tener, pero no tengo la necesidad de compartir mi vida personal. Para hablar con amigos los llamo. Cuando me atienden me preguntan si pasó algo grave, porque no están acostumbrados a las llamadas (ríe). 

Sin embargo, dicen que es una mujer digital y estudió nuevos medios. Soy una mujer de nuestros tiempos. Para mí es obvio usar las tecnologías para todo, pero a veces me doy cuenta de que hay gente de mi edad que no las tiene tan incorporadas. De chica aprendí a usar Autocad por ver a mi madre aplicarlo en la arquitectura. Hoy en día agarro un programa y de alguna manera lo termino entendiendo. 

Vivió cinco años en Nápoles. ¿Qué le gusta de su cultura? Es una ciudad muy compleja porque es la cuna del barroco. Eso abarca la arquitectura, estética y mentalidad de las personas. Comparado con Uruguay, Italia es más elaborada en cómo comunicar, más formal en ciertos aspectos, hay mensajes entre líneas, códigos locales y eso me fascinó pero al principio me chocó un poco. 

Su marido es de allí. ¿Cómo es su relación? Él no es así, parece suizo (ríe). Tiene una profundidad cultural grande, igual que Nápoles. Es científico teórico, entonces es muy preciso, silencioso y piensa mucho las cosas. De novios, cuando nos peleábamos, me respondía mensajes a la semana porque se había quedado pensando en el tema y yo ya me había olvidado (ríe). 

Vive en Nueva York desde hace cinco años. ¿Qué le gusta de allí? 

La efectividad, practicidad y objetividad en el trabajo. Se buscan soluciones prácticas sin entrar en vueltas. 

¿Y qué no? Con ese mismo objetivo de ser prácticos, todo se vuelve masivo. Es una cultura que no permite hacer nada a nivel local. Se pierde la calidad en muchas cosas, como la comida o las cosas simples. Hay mucha variedad pero al mismo tiempo es difícil encontrar algo auténtico. 

¿Es real el american dream y la frase “Nueva York, la ciudad que nunca duerme”? Lo que sé es que cuanto más trabajo más me pagan, algo que no sentí en Uruguay ni en Italia. Quizá no es real para todo el mundo, pero tengo la sensación de que hay más opciones que en los otros lugares donde viví. También una siente mucho FOMO (fear of missing out) por la gran propuesta de actividades. Cuando llegamos a la ciudad con mi marido nos turnábamos para salir, cuando él iba a conciertos de jazz yo me quedaba cuidando a nuestro primer hijo, contratar una babysitter es muy caro. 

Trabajó en los museos más renombrados internacionalmente. ¿Destaca alguno en especial?  Todos. En el municipio de Nápoles trabajé para hacer el primer museo de la ciudad, fue la  primera vez que estuve en un proyecto desde cero.

Si no lo hubiera hecho, no hubiera fundado ESTE ARTE. En el MOMA aprendí del profesionalismo y la vanguardia. Con un coleccionista privado aprendí sobre el mercado del arte y con Estrellita Brodsky, creadora del Departamnento de Arte Latinoamericano en el MOMA, el TATE y el Metropolitan Museum muchas cosas más.

Es familiera. ¿Viene seguido a Uruguay? Hace 25 años que me fui de Uruguay y he venido todas las navidades. Paso en La Paloma, donde mi familia tiene casa. Y mantengo a un grupo de amigas de la universidad, esas con las que se habla a calzón quitado.