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Pablo Londinsky: "A Twitter lo minimizo a un juego, y no acepto sus reglas"

Nombre: Pablo Londinsky • Edad: 31 • Ocupación: Periodista • Señas particulares: Estudió mandarín; tiene debilidad por las series israelíes; es fanático de River de Argentina

Nombre: Pablo Londinsky • Edad: 31 • Ocupación: Periodista • Señas particulares: Estudió mandarín; tiene debilidad por las series israelíes; es fanático de River de Argentina

Es licenciado en Estudios Internacionales y tiene una maestría en Derecho. ¿Cómo terminó trabajando 12 años como periodista deportivo? Empecé siendo periodista deportivo de casualidad, por interés y curiosidad en torno a los medios. Me vinculé a Radio Oriental cuando tenía 15 o 16 años y después se dio la posibilidad, en 2010, de incorporarme a Tenfield. Y fui creciendo en el trabajo al tiempo que empezaba la carrera universitaria. Fueron dos caminos complementarios, el de la carrera y el de Tenfield. Cuando termino la carrera universitaria, engancho enseguida con la Maestría en Derecho y cuando termino la maestría es que entiendo que el ciclo dentro del periodismo deportivo estaba cumplido.

Para un millennial, 12 años en una misma empresa es mucho tiempo. ¿Le cuestan los cambios? Me llevó mucho tiempo, entre uno y dos años de reflexión, de razonamiento, de evaluarlo y hablarlo con personas cercanas. No soy adepto a los cambios y menos a los de este tipo. Doce años en un mismo trabajo es un tiempo considerable, me costó tomar la decisión pero también entendía que los ciclos y las etapas hay que saber cerrarlas a tiempo. No hay necesidad de irse mal, molesto o enojado de un lugar sino que uno también puede cerrar una etapa contento, feliz, satisfecho y saliendo en excelentes términos con los compañeros y autoridades.

Hace un año trabaja en Azul FM, en el programa 12 PM. ¿Cómo se siente en la radio? Es muy distinto. Pero me permite también abarcar otras temáticas que ya eran de mi interés y que en Tenfield no tenían lugar. Estaba muy limitado a lo deportivo. Entendí también que era la manera de poder darle un rédito a la etapa académica, poder potenciarla a partir del programa de radio. También me incorporo ahora a la ORT como docente de Política Exterior, una cuestión que me fascina, que entiendo que también se puede complementar con la comunicación.

¿Cuál es su vía de escape? Le estoy empezando a agarrar el gusto a esto de tener fines de semana libres, que para mí es una gran novedad. Ahora aprovecho cada vez que puedo para salir un poco del encierro y el agobio de Montevideo. Si tengo la posibilidad salgo aunque sea unos kilómetros y me desconecto de la ciudad, que para mí no es apagarme y no enterarme de lo que pasa en el mundo, porque por mi propia forma de ser eso es incompatible conmigo, pero sí la desconexión con el ruido, el cemento.

¿Tiene algún lugar de preferencia para desconectarse? De chicos pasamos veranos, inviernos, vacaciones en el balneario Solís. Para mí es un lugar de conexión, de encuentro, de recuerdos también... son muchas historias de infancia. El Sindicato Médico tenía una colonia de vacaciones, mi padre y mi madre son médicos, entonces fue mucho tiempo ahí. Tengo recuerdos asociados al disfrute, a la niñez, grupos de amigos. Solís es como volver un poco a eso. Incluso hoy con la colonia de vacaciones cerrada, con el grupo de amigos que empezó a dispersarse, para mí sigue siendo el lugar de conexión ideal. Un balneario muy familiar, íntimo y tranquilo. Me inclino mucho más por ese tipo de lugares que por otros en los que me cuesta mucho poder pasar, como Punta del Este en la primera quincena de enero. 

Aquel “dale, vejiga” como respuesta a un colega que lo increpó al aire quedó en el archivo de la televisión uruguaya. ¿Fue una mochila a cargar o quedó como una anécdota graciosa? Para mí es una anécdota graciosa. En ese momento, en un razonamiento rápido, lo que evalué fue que estaba al aire, quise devolver el insulto pero era consciente de que tampoco podía caer en una grosería muy soez, y utilicé esa expresión que además es típicamente uruguaya, yo tengo ese tipo de recursos a los que apelo. Que perdurara en el tiempo al principio me incomodó, porque siempre intenté mantener un perfil bajo, y por ahí con esa situación quizás entendí que se podía desviar un poco, que me podía llegar hasta a perjudicar. Pero hoy ha quedado como una anécdota más, impulsada también por la fuerza de redes y la viralización.

Comunicó su salida de Tenfield por Twitter después de cinco años sin tuitear. ¿Por qué dejó de usar esta red social? Entiendo que es una herramienta importante, necesaria para estar informado, pero al mismo tiempo lo minimizo a un juego. Vos para jugar un juego tenés que aceptar las reglas, si no, no jugás. En este caso no acepto las reglas del juego, el agravio gratuito, el anonimato, ni esa imposición de tener que estar expresándose u opinando constantemente de todos los temas. Esas reglas no las acepto porque me molestan, porque las balas a mí me entran. Entendí que no jugar era lo más saludable. Me pareció necesario comunicar mi salida de Tenfield, que se supiera que me iba contento y en la búsqueda de nuevos desafíos, pero fue una excepción. 

Se sabe de memoria pasajes de varias películas. ¿Cuáles? Me gusta ver muchas veces la misma película, entonces evidentemente hay partes que me sé de memoria. Milagros inesperados, Esperando la carroza, Luna de Avellaneda, para mí la creación más extraordinaria que ha dado el cine argentino. El secreto de sus ojos, Mi pobre angelito, que cada vez que la pasan en el cable la dejo, ni que hablar en la época de Navidad. El Rey León. Hay veces que me siento y miro por enésima vez la misma película.

¿Le cuesta encontrar películas nuevas que le gusten tanto? Me cuesta, más allá de alguna serie particular. Me cuesta encontrar el convencimiento de decir: “voy a ver esto”. Y con todas esas por lo menos tengo el convencimiento de que no me van a defraudar. Son el sector de seguridad absoluta.