Recién en los vivac, porque la aventura significó una economía de guerra,
incluyendo dormir en carpas y no alquilar un motorhome porque la plata
era poca y no daba para lujos, podía repasar las imágenes de lo vivido. “¡No
puedo creer, Ruben, que anduve por ahí!”, le decía al argentino Ruben García,
copiloto, mecánico y único colaborador para salir adelante con el Can-Am X3
Maverick, una especie de vehículo arenero, con la velocidad máxima topeada en
130 kilómetros por hora, con el que compitió en la categoría T3. Era la hora de
descansar —como se pudiera— y comer algo —pasta y refuerzos— para repetir la
aventura al día siguiente.
“La experiencia del Dakar fue la mejor de mi vida”, dice hoy Patricia.
“Es un antes y un después”. Esto es mucho decir en una mujer de 34 años que
prácticamente nació arriba de un auto de rally —su padre, Jorge Pita, fue
campeón uruguayo y sudamericano—, rompió muchas barreras y también más de una
vez pensó en tirar la toalla. “Valió la pena el esfuerzo realizado el año
pasado, durante todos los días, algunos buenos y otros malos. Hay que vivir el
Dakar para entender lo que es el Dakar, es mucho más que automovilismo, más que
manejar: te demanda mucha cabeza, pasás hambre, frío, miedo, sentís impotencia,
fustración y terminás festejando pequeños logros. Te desafía los límites
constantemente”. Y desde ya que el objetivo para este año es poder llegar al
Dakar 2024. Y llegar mejor.
Preparando terreno. Cuando Patricia fue entrevistada por
Galería el 28 de abril de 2020, ella dijo que correr detrás de los
patrocinantes era “la parte más difícil” de su carrera, algo que siempre le
resultó pesado. “Me transpiraba la mano cuando tenía que llamar a alguien para
presentarle algún proyecto. Luego me di cuenta de que si no lo hacía yo no lo
iba a hacer nadie. Esa es la realidad”, expresó. Incluso llegó a vender ropa
para afrontar los costos de correr en Uruguay, en las sierras de Córdoba o en
Chile. Todo fue difícil, más aún en un deporte sumamente machista en el que,
paradójicamente, no existen impedimentos para que compitan hombres y mujeres a
la vez. “Pensaban que por ser mujer no iba a andar rápido, que iba a
‘arrugar’”. Cuando comenzó, sintió que la veían como la nena de papá que quería
entretenerse un rato. Una década después pudo tapar muchas bocas.
Para el Dakar se repitió la historia. Si bien tuvo que someterse a
“preparativos muy importantes y entrenamientos especiales en lo físico, lo
nutricional y lo psicológico”, esto último “lo más importante”, todo ello se
hizo mientras se buscaba lo que era fundamental para poder ir a Dakar: plata.
“A lo largo del año tuve que priorizar la búsqueda de sponsors y
patrocinios, lo que insumió mucho, mucho (resalta la palabra) tiempo. La mente
despejada para pensar en la carrera realmente la tuve en muy pocas ocasiones,
más sobre fin de año, donde pude hacer un entrenamiento en tiempo récord”.
Competir en
la categoría T3 del Dakar cuesta “desde 150.000 a 300.000 euros”. Tocó las
puertas de empresarios y del sector público, desde la Secretaría Nacional del
Deporte y Ancap al propio presidente de la República. En su cuenta de Twitter
(@patopitarally) todavía está fijado un tuit del 22 de setiembre pasado donde
pedía la ayuda de los internautas con un link para donaciones. “Nada es
poco, todo suma”.
Patricia
llegó con la cifra necesaria, aunque no hace falta decir cerca de qué extremo,
mínimo o máximo, estuvo lo recaudado. Eso obviamente era una contra tan alta
como las dunas, algunas de las cuales pueden tener más de 300 metros. “Fuimos
con un presupuesto muy justo, por eso competimos sin asistencia en carrera,
como sí tenía la mayoría del resto de equipos”. Cuando uno ve los camiones
comiendo kilómetros de arena en el Dakar, debe saber que la mitad de ellos
están compitiendo y otra mitad está para asistir a los competidores con
personal mecánico, repuestos y todo lo que haga falta para seguir en carrera; a
los que pueden pagarlo, claro. “Nosotros no contábamos con eso”, dice Patricia.
“Y, obviamente, teníamos pocos recambios de repuestos”. Además, no tener un motorhome
y dormir en carpa también aliviana el bolsillo; claro, también afecta el sueño.
“Dormir en carpa te resta muchas horas de descanso, que en estas carreras valen
oro”. Estas dos comodidades/necesidades son algo a atender para preparar mejor
el Dakar 2024.
Foto: Lucía Durán. Producción: Sofía Miranda.
“La preparación
psicológica es todo”, asegura Patricia, muy agradecida a Diego Martínez, el
profesional que la ayudó a mantener centrada la cabeza, en los tiempos que pudo
dedicarse a ello; o sea, todo el que no le insumió buscar sponsors. “El
trabajo que hicimos con él en apenas un mes fue lo que me preparó para la
carrera. Trabajamos con meditación, respiración, visualización, entrenamiento
cognitivo, de reflejos y memoria. Me ayudó muchísimo para prepararme de
antemano para todas las situaciones negativas”.
Una prueba de
fuego para saber cómo estaba parada fue haber participado en agosto en el Rally
de Atacama, Chile, “lo más parecido al Dakar” en Sudamérica. Para Patricia, que
ahí probó el tipo de vehículo que llevaría a Arabia, esa experiencia fue clave:
“Aprendí mucho en el terreno sobre cómo salir de los problemas que te generen
las dunas y la arena”. También fue la única mujer en participar. Y entre sus
planes para este año también está regresar a probarse en el desierto chileno.
Superarse.
El Dakar no
es fácil. El camino de Patricia para llegar a él no lo fue. En realidad, todo
el camino fue difícil. En 2018, como le comentó a Galería en aquella
entrevista, mientras competía en Córdoba, se había quedado sin sponsors.
Se desmotivó —quizá por primera vez en su vida— y largó la toalla. Una
conferencia de mujeres en el deporte que se realizó en Montevideo en octubre de
2019, la International Women Sport Summit, le abrió (o le reabrió) los ojos.
Ahí contó su historia y muchas chicas se acercaron a ella, a saludarla, a
felicitarla, a alentarla, a pedirle que no se rindiera. “No me di cuenta de la
importancia del camino que había recorrido; del lugar que me había ganado en el
rally argentino”, el más importante de Sudamérica, contó. Ahí se percató de que
más allá de la competencia y los logros, lo suyo pasaba por marcar un camino, y
que tenía que seguir.
Ahí volvió a
querer preparar un auto, pero justo cuando tenía la motivación encendida el
mundo se paralizó por la pandemia. En 2021 también colgó el casco, cansada de
pelear contra molinos de viento. Precisaba una gran motivación para volver. Y
la motivación fue la carrera más importante del rally.
“No debe
haber piloto, por más experiencia que tenga, que no haya pasado miedo. Con esa
sensación vas lidiando constantemente. El Dakar es una carrera extrema donde te
enfrentás a tus propios miedos, a tu cabeza, tus limitaciones, al pánico. Lo
lindo es poder seguir adelante, saber que te podés sobreponer, terminar una
etapa y saber que te superaste”, cuenta.
Las
dificultades estuvieron siempre. La largada fue un momento “hermoso” y
“soñado”. Pero como la moneda tiene dos caras, la primera etapa también
significó probar de qué estaba hecho el auto, su copiloto y ella misma en las
peores condiciones imaginables. El único entrenamiento, el día anterior, no
servía como unidad de medida. “Nos agarró la noche en dunas gigantes y solo
teníamos las luces del auto. Los otros equipos tenían una barra de luces led.
Nosotros ni siquiera sabíamos eso”, relata, y da miedo solo pensarlo.
La segunda
etapa, más de 400 kilómetros de los cuales 180 fueron en la noche, con más de
12 horas al volante enfrentando dunas que no parecían terminar nunca, fue la
prueba de que no había imposibles. Pero quizá lo peor fue el frustrado arranque
de la etapa 4, en la ciudad-oasis de Ha’il. Una falla en la junta del motor no
le permitió al auto salir del vivac, más allá de todos los esfuerzos realizados
por ella, por Ruben y por el equipo Pro Racing Competiton que defendía,
debutante en estas lides. “No pudimos largar en la etapa de hoy. Es una pena.
Nos encontramos con una falla en el auto y no nos dio el tiempo de repararlo
pese al gran esfuerzo que hizo el equipo. Para ser nuestra primera experiencia
veníamos haciendo una gran carrera. Hoy toca esto y es parte de aprender”, dijo
entonces en su cuenta de Instagram (también @patopitarally). La realidad era un
poco más angustiante: “Sentía que se venía todo abajo”. Se la penalizó con
tiempo y con no largar la etapa 5. De cualquier forma, su objetivo no era
ganar, lo que resultaba impensable. “Lo que hice fue darle vuelta a la
situación, sacar lo positivo, mentalizarme en terminar etapa a etapa de la
mejor manera, sanos, sin penalizaciones ni pinchaduras y habiendo alcanzado
todos los puntos de paso. Salir de todas las situaciones complejas te llenaba
de energía y motivación. El lugar en el cual terminara pasó a ser irrelevante”.
Y así fue.
En los prototipos ligeros, su categoría, 47 arrancaron la competencia y
terminaron 39. Ella culminó en el lugar 36, por la penalización. Si se
consideran todas las categorías (motos, camiones y los diferentes tipos de
autos), ella quedó en el lugar 117 de 233 (habían largado 370).
Foto: Lucía Durán. Producción: Sofía Miranda.
Soñar
como camino. Este para
ella es un momento de sentirse feliz y agradecida,
antes de volver a subirse a un auto para competir en el Cross Country de Chile
(donde, faltaba más, las mujeres suelen brillar por su ausencia) en abril.
Atacama y el Rally Ruta 40, por la ruta más extensa de Argentina, son este año
sus escalas previas al objetivo de repetir el Dakar. “Mi familia y mi pareja
(Andrés), que me ayudaron con todo lo que pudieron, se bancaron muchísimos
nervios, se merecen el mundo”. También agradece a sus sponsors, a sus
encargados de prensa (Facu y Nacho) y de redes sociales (Tati). “Es increíble
la cantidad de mensajes tan lindos que recibo, me llenan de orgullo y el
corazón de amor”. Todo eso servirá como aliciente para emprender la tarea que,
ya sabe, es la más ardua de todas: convencer a potenciales patrocinadores de
que le abran la billetera.
En su proyecto, no todo es conseguir plata y subirse a un auto. “Yo hago
una recorrida nacional por escuelas y liceos. Lo que hago es promover el
deporte, que los deportes no tienen género, que hay que luchar por los sueños,
que con trabajo estos se cumplen, demostrar que se puede”. Esta tarea
comenzará, nuevamente, en marzo.
Patricia
Pita es de profesión pionera. Sus “sueños”, palabra muy frecuente en ella, la
llevaron a abrir espacios. Y en eso sigue. “Mis objetivos, mis metas, pasan
siempre por dejar valores positivos. Yo trato de retribuir todo el apoyo que he
estado recibiendo. Y también de seguir soñando, soñar en grande. Yo creo que
esa es una buena manera de ayudar”.