Nombre: Patricio Giménez • Edad: 46 • Ocupación: Músico • Señas particulares: Prefiere cocinar en casa que comer afuera, se mudó seis veces en pandemia, tiene un truco para no olvidarse de cerrar la llave del gas.
Nombre: Patricio Giménez • Edad: 46 • Ocupación: Músico • Señas particulares: Prefiere cocinar en casa que comer afuera, se mudó seis veces en pandemia, tiene un truco para no olvidarse de cerrar la llave del gas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs desapegado a lo material. ¿Siempre fue así o fue por algún click que hizo en su vida? Me tocó una infancia con un papá que se rehizo, fue millonario, perdió todo, volvió a ser millonario. Fue una infancia económicamente muy buena y afectivamente muy mala, porque mi papá murió cuando yo tenía 11, mi hermana 10 y mi hermanito tres. Mi mamá, muy deprimida, tuvo cáncer después y quería suplir la ausencia de papá con todo lo que quisiéramos. Después estuvimos muy mal económicamente. A la par de eso yo trataba de entender cómo Dios era bueno si nos dejó sin papá. Eso me llevó a estudiar religiones orientales y al desapego, también. Tuve una época de bonanza y tuve una época de vacas flacas. Aprendí que la mitad de ser rico es tener pocos gastos. Tengo un botecito chiquito y cuando estoy en Buenos Aires puedo ir todos los días y tener mi oficina ahí. Y por ahí alguien que tiene un yate de cinco pisos está en la oficina preocupándose por las acciones, por pagarles a los marineros, el amarre, el seguro. A todos esos gastos que te impone la sociedad, muchas veces por estatus, yo trato de escaparles, entonces ya tengo la mitad del camino ganado. Trato de despegarme del sistema ortodoxo capitalista. Busco mi propia receta que me haga libre.
Está construyendo su casa en Punta del Este. ¿Planea instalarse en Uruguay de forma definitiva? Sí. Por primera vez estoy convencido, después de vivir en muchos lugares, de que quiero pasar un largo tiempo en Uruguay.
¿Se queda con el Punta del Este tranquilo de invierno o el de enero? El del invierno, 100%. Estoy rogando que termine el verano. Si bien es una temporada que me permite trabajar, también hago muchos eventos de poca gente, 20 personas. Soy de llevarme la guitarra y ese es mi show; me gustan los shows íntimos. Eso me da la oportunidad de trabajar todo el año, más allá de que tengo mis otros métiers, que son un poco más comerciales; le genero contratos con marcas a Susana.
De niño veraneaba en Punta del Este con su familia. ¿Qué recuerdos tiene? Los mejores. Fueron mis últimos años con mi papá. Después seguí viviendo con mi mamá, pero los más alegres fueron los que estábamos todos.

Adoptó a su perra Rumba, ¿cómo fue? La rescaté a los 15 días. Fue en una inundación muy importante que hubo en Argentina, que dejó como 50 muertos. Junio, el agua helada. Mi ex se encargaba de un refugio que habían armado. Como estaba lloviendo la llevé, y me encontré con Rumbita. Ni le pregunté a mi ex. La agarré y listo. Es la mejor persona que conozco; no necesito ni hablar, nunca me entendí con nadie como con ella. Es mi compañera de vida.
Desde que vino a Uruguay al comienzo de la pandemia tuvo muchas mudanzas: La Mary, el campo, un apartamento. ¿Cómo fue ese período? Estuve muy gitano. Un poco tedioso, un poco lindo; disfruté al principio venir con Susana porque nos divertimos mucho, después disfruté mucho con Rumba en el campo. En temporada me vine para acá y viví en dos hoteles. Fuera de temporada viví en el puerto. Ahora como hay mucha gente me vine para el Cantegril y vuelvo al puerto hasta terminar mi casa. Cuando la termine espero no moverme por los próximos 130 o 140 años. Igual en mis mudanzas solo tengo que llevar la guitarra, el iPad (donde están las letras), un bolso y a Rumba.
Su vínculo con la música empezó con el piano y tiene que ver con la muerte de su padre, ¿no? Sí, papá, si bien era un industrial, era un entusiasta de la música. Su mamá era maestra de canto y concertista de piano. El piano siempre estuvo en casa. Yo era el hermano mayor, cuando murió me quedó el piano ahí y, un poco para cumplir el rol de papá, me acerqué.

¿Cambió su relación con la cocina a partir de MasterChef? Disfruto mucho más cocinar en casa que ir a un restaurante carísimo, y tal vez haya cosas que hasta me salen mejor. Con MasterChef aprendí muchísimo y sufrí muchísimo, porque una cosa es cocinar por placer y otra es cocinar a contrarreloj. Pero estoy muy agradecido y también me dio mucha popularidad a nivel masivo en el interior de Uruguay.
Hace un tiempo se inclinó hacia nuevos hábitos y estilos de vida. ¿Qué sacrificó y qué ganó? Tomé una decisión superimportante, que es dejar el alcohol. En un mes y medio bajé 10 kilos. Con la pandemia el alcohol era más compañero que antes y no me estaba gustando la cotidianidad. Me hice unos análisis de sangre y no estaban dándome tan bien. Lo complementé con un montón de cosas, pero fundamentalmente con el tenis. Como solista mi vida es muy solitaria, y el Cantegril, el club, me abrió un mundo de relaciones durante el día. Jugué al tenis hasta los 16. Treinta años después volví. Acá también hago yoga, stretching y me relaciono con un montón de gente sana.
¿Es cierto que cuando era chico Ricardo Darín le regaló su primera raqueta profesional? Sí. Tenía una raqueta, pero de niño, y ahí debe haber sido a pedido de Susana que Ricardo me regaló la primera, y no me olvido de eso, son esas cosas que de chico son muy importantes para uno.
¿Cuál fue el mejor regalo de su vida? Una caña de pescar que me regaló mi papá y nunca pudimos usar. Fue una cita pendiente.