Santiago Gutiérrez: "Hay un abismo entre que alguien te diga que le gustaste en la tele y que te preste su voto"

NOMBRE: Santiago Gutiérrez Silva EDAD: 28 OCUPACIÓN: Ingeniero agrónomo y militante del Partido Nacional SEÑAS PARTICULARES: Se emociona hasta el punto de llorar con el Himno Nacional y la Marcha de Tres Árboles; fue un “malcriado de novela” por su madre y hermanas; es fanático de los Rolling Stone y Alfredo Zitarrosa; se enteró hace poco de que es celíaco.

¿En su foto de perfil de Instagram está descorchando un vino? La tengo hace años, ahora me hiciste dudar (Se fija mientras se ríe). Sí, es de un viaje que hice con dos amigos de toda la vida con los que, cuando podemos, nos hacemos una escapadita. Nos gusta hacer carretera, alquilar un motor home. La foto es de un atardecer en un lugar que encontramos sin querer manejando por Portugal. Un buen momento: descorchando un vino en un acantilado, festejando que estábamos vivos.

No se le ven tatuajes, pero tiene. No los tengo en ningún lugar secreto (Se ríe), pero como no están de la manga corta para abajo no se ven. Tengo cuatro: una amapola, una tortuga, un sol que representa al de la bandera uruguaya, y a Timoteo, mi perro. Es mi compañero hace siete años. La amapola la usan en el Reino Unido para conmemorar a sus caídos de las guerras mundiales, yo estuve ahí en alguna fecha y me impactó mucho. La adapté: la mía es por mi viejo. Y además cambié la cantidad de pétalos para que también estén mis hermanos, mi madre y mis amigos.

Cuando su padre sufrió el accidente al caerse mientras domaba un caballo, usted tenía seis años. ¿Cómo afectó su vínculo con el campo? Era muy chico, pero nunca le agarré miedo a los caballos, por ejemplo. Tengo un cariño muy grande por el campo, por lo rural, por el interior del país. Le dediqué mi formación profesional y le pretendo dedicar mi vida. Lo que sí es cierto es que si tenés seis y se muere tu viejo pasas a tener unos años más enseguida, porque tenés que entender una cantidad de cosas. Igual los duelos son algo que haces toda la vida. Uno aprende a vivir con eso.

¿Cómo definiría su sentido del humor, partiendo de que tiene un lavadero de autos con sus amigos que se llama Lavajato? Tengo un humor negro un poco fuerte. Hago chistes hasta con la muerte de mi viejo, porque elijo reírme de las complicaciones que se nos presentan en la vida. Hay que tomarse las cosas en serio, pero no tan en serio. Obviamente tomarse la vida con humor no quita la responsabilidad, eso está primero.

¿Y qué piensa del término “agro boy”? (Se ríe) Es un estereotipo que, como cualquier otro, tiene cosas que no son justas. Camisa a cuadros pa’dentro, boina, mate, termo Stanley. Yo algunas cosas tengo; soy un poco de eso y un poco de otras cosas. Pero mis mezclas no calzan en el estereotipo. Si me pongo titulares soy blanco, agro boy, las cumplo todas. Pero nada es tan sencillo como las etiquetas pintan.

Empezó a militar a los 14 años. ¿Qué entendía en ese entonces? Más de lo que hoy me parece que entendía y mucho menos de lo que creía entender en ese momento. El primer recuerdo que tengo de un acto fue en el Teatro Metro, campaña de 2004. Alguien me habría llevado —mi madre, mi abuela— y me acuerdo de estar en la parte alta y asomarme para abajo: aquello era un mar de banderas, la gente gritándole “¡presidente!, ¡presidente!” a Larrañaga, y me dejó como loco. De ahí para adelante formó parte de mi vida. En ese momento fue algo bien emocional, primitivo, que ahora racionalizo. Pero las cosas masivas siempre me llamaron la atención: recitales, fútbol, marchas. Ver a mucha gente con historias distintas en un mismo lugar por una misma cosa me parece fascinante.

Hace un año dijo que su sueño era incidir, pero no profundizó en cómo ni desde qué lugar. Mi sueño es tener una familia. Después, con incidir me refiero a actuar políticamente donde me toque, pero ayudando a pensar. Estoy convencido de que Uruguay tiene muchas cosas que cambiar y mejorar para volverse un país que juegue en primera división —no me gusta eso de primer mundo y tercer mundo, me parece una pelotudez de los europeos—, y creo que hay una generación muy preparada para dar ideas y formas de llegar antes al 2040, porque al 2020 llegamos tarde. Hay un reflejo conservador de miedo al cambio que no deja ver que es mucho más justo nacer en Pocitos que en Casavalle, ni que hablar en Montevideo que en el interior. Se necesita un cambio de mentalidad y estoy dispuesto.

¿Se ve como un futuro presidente? Yo qué sé. No porque crea estar o no capacitado, sino porque tiene un costo de vida salado ser presidente, y yo quiero tener una familia y estar para ver crecer a mis hijos. Te puedo decir hoy, como una cosa de ego y vanidad, que sé que quiero ayudar a que el país cambie, porque cualquiera que esté metido en esto tiene una cuota importante de ego y vanidad: yo mido 1,74 y mi ego mide 1,82. Después no sé. No percibo las presiones, y si alguien me dice que me ve para candidato lo tomo como un cumplido. Tiene que ver con que hay poca gente joven en política o que ponga la cara. Es una responsabilidad muy grande juntar votos en el lomo, es un arte y una habilidad que no sé ni si tengo. Hay un abismo entre que alguien te diga que le gustaste en la tele y que te preste su voto. Hay veces que me levanto y veo lo novelero de ser presidente y me entusiasmo, y otras veces cuando le veo la cara demacrada a Luis (Lacalle Pou) me cuestiono tener el temple para dedicarle la vida al país. Ojalá me dé el calibre. Respeto a cualquiera que tuvo la espalda para decir “yo quiero ser presidente de la República”.