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Sofía Romano: "No me voy a mentir; soy rubia, blanca, vengo de una situación de privilegio, pero prima mi capacidad"

NOMBRE: María Sofía RomanoBraga • EDAD: 33• OCUPACIÓN: Comunicadora• SEÑAS PARTICULARES: No se siente periodista deportiva, adoptó un perro en Los Céspedes al que le puso Atilio, tiene tatuada una cafetera.

¿Por qué es @alcafecafe en sus redes sociales?

La historia se remonta al fútbol. Yo iba mucho a la cancha con mi papá, y me acuerdo de un señor que vendía café y que en vez de cantar el típico “hay café, hay café”, decía “al café, café”. Me llamaba mucho la atención y me encantaba el timbre de su voz. Me quedó eso en la cabeza y cuando tuve que crearme un usuario de Twitter dije voy por ahí. Mucha gente no sabe mi nombre pero me grita por la vida: ¡al café, café! Hace un par de viernes, a la salida de un boliche una chica me gritó: “¡Batime el café!”, y me hacía señas como para que yo la saludara. Me pareció maravilloso.

Le gusta tomarse fotos. Pero en su perfil de Instagram difícilmente se encuentre a otra persona que no sea usted.

No en una primera impresión del feed, pero si vos scrolleás mis amigas están. Mi familia también, sobre todo mis viejos. Pero sí, lo de preservar algunas cosas es una decisión que estoy eligiendo tomar. Tampoco quiero que mi Instagram agarre una onda a lo Gerard Piqué, entonces trato un poco de encontrar el equilibrio entre cosas que me gustan, que me parecen estéticas, y mi imagen, que es un poco también lo que propone mi oficio, aunque yo sea mucho más que eso.

¿Le cuesta romper con esa idea? 

Es una lucha constante y no va a acabar nunca. Capaz cuando envejezca sí, porque la juventud también es parte del concepto de belleza hegemónica, y cuando no la tenga más va a ser más fácil decir: “ok, no soy solo lo que estás viendo”. Tampoco me voy a mentir; soy rubia, blanca, vengo de una situación de privilegio, pero prima mi capacidad, de eso estoy convencida, aunque las críticas vayan de la mano con lo que hago. Si vienen de personas que me conocen, de brazos abiertos, pero si vienen de anónimos, olvidate. Cuando me afectan las trabajo en terapia y listo, para hacerme más fuerte y tener mejores herramientas contra ellas, porque críticas siempre va a haber.

¿Cree que el deporte forma parte de la cultura?

Sí, cien por ciento. Hay un híbrido en el deporte que es difícil de explicar porque el deporte en sí mismo es un fenómeno difícil de explicar, pero que conmueve a muchos por una misma causa. La tradición en lo colectivo de identificarse con colores, con una camiseta, aunque año a año cambien los jugadores. No lo digo por una cuestión de opinión, sino por una cuestión de práctica. Desde que tengo memoria voy a la cancha, y esa experiencia ha sido transformadora para mí, sobre todo como mujer. Vos vas a la cancha y ves cómo se mezclan generaciones, clases sociales. Y en el momento del gol nos abrazamos con personas que no conocemos. Eso habla de quiénes somos como sociedad. Es algo que no pasa en todos los países del mundo.

¿Y cómo vivió la experiencia de estar en Catar? Decidió viajar aun con su marcada perspectiva feminista…

Todo está viciado de micromachismos. Si yo me tengo que poner absolutamente intransigente con mi militancia, ¿qué hago trabajando en lo que trabajo? Ni siquiera tendría que ir a la cancha porque ahí las reglas sociales imponen cosas con las que yo no estoy de acuerdo. Pero me parece supervalorable ocupar este lugar. Soy feminista en Catar porque los cambios se hacen desde adentro. Igualmente, Doha es un híbrido entre lo que es la cultura de Medio Oriente y algo de Occidente, se me hace una ciudad muy impuesta. Algo que quiere ser, pero que todavía no es, y no me siento muy identificada. No me seduce. Me siento con mucha libertad, pero sé que estoy amparada por mi situación y la mediación de la FIFA. Usé bikini en playas públicas, salí a caminar sola, aunque las miradas por no estar acompañada por un hombre fueron excesivas y cansadoras. La demanda de mi trabajo no me permitió hacer una búsqueda periodística para hablar con mujeres cataríes. No se las encuentra fácilmente, no hay muchas en la calle.

¿Cómo evalúa el desempeño de la selección?

Está a la vista de todos que no fue bueno. El proceso del maestro Tabárez nos mal acostumbró y las pretensiones que tenemos sobre este equipo responden a haber clasificado los últimos tres Mundiales en fase de grupos, pensando en partidos contra selecciones muy poderosas. Pero este cuerpo técnico es muy nuevo. Había mucho más potencial de lo que se terminó jugando, lo pudimos disfrutar en el último partido.

¿Qué es lo que más la conmueve?

La música, la naturaleza, los animales y sentir amor. Cuando estoy compartiendo con familia o amigos y me abstraigo por un par de segundos para percibir lo que está sucediendo. Y me conmueve mi historia con Atilio. Fue algo que se dio por el periodismo deportivo, lo encontré en Los Céspedes, en un entrenamiento de Nacional. Estaba abandonado, todo roto igual que yo, que había pasado por una separación bastante jodida y justo estaba con ganas de adoptar un perro. Hoy estamos juntos hace tres años, tendría entre siete u ocho cuando lo agarré. Está viejito pero tiene actitudes de cachorro y es muy mimoso.

Hablando de amor, ¿se habla de fútbol en una primera cita? O es casi como hablar de política… 

( Risa) Qué horror las primeras citas, no me gustan. Pero me encanta el fútbol, entonces por más que me obligue a no hablar de eso, lo termino haciendo. Y además en el trabajo, cuando vas a un quiosco o a ver a tu viejo, están hablando de fútbol. No puedo salirme. Pero me gusta que a la persona con la que estoy le guste el fútbol, me encanta compartir eso.