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Sophie Vann Guillon: “Si no tienes confianza en ti misma, es difícil ser elegante”

Sophie Vann Guillon, CEO de Grupo Valmont, estuvo en Uruguay para presentar su línea de productos y conversó sobre el mercado de la belleza en América Latina y los gustos de las uruguayas

En el jardín del hotel L’Auberge, en Punta del Este, Sophie Vann Guillon, CEO de Grupo Valmont, se resguarda del intenso calor bajo la pérgola. Vestida con un mono negro diseño de la uruguaya Ana Livni y zapatos color plata, de melena corta y maquillaje sutil, emana encanto y simpatía. La presentación del ritual Merveilleuse de l’Elixir des Glaciers motivó su viaje desde Suiza al balneario, junto con sus tres hijos y su esposo Didier, presidente y director de arte de la marca suiza de cosmética celular. 

Francesa de origen vietnamita, llegó de niña a París huyendo de la guerra en su país. Motivada por las ganas de viajar y de satisfacer los deseos de éxito de sus padres, emprendió un camino en el mundo de los negocios internacionales. Luego conoció el universo de la perfumería, donde confirmó su pasión por la belleza. Una mente analítica, un instinto entrenado, hablar seis idiomas y un espíritu perseverante fueron clave para desarrollar negocios en Parfums Balmain, Oscar de la Renta e Yves Saint Laurent Perfumes. Tantos años de formación y su facilidad natural por la química y la biología la afianzaron en el estudio de fórmulas, procesos industriales e investigación de nuevos ingredientes. 

Los sellos en sus pasaportes —conoce más de 100 países— dejaron de sumarse paulatinamente cuando conoció a Didier, por quien, años más tarde, cambió la ciudad luz por la tranquila Suiza. Él, amante absoluto del arte, y ella, de la belleza y la moda, lograron unir sus pasiones y personalidades en el año 2000, cuando comenzaron a dirigir la empresa de lujo de cosmética que reeduca la piel gracias al uso de ingredientes específicos concentrados, como ADN o agua de glaciares.

Usted viajaba constantemente cuando trabajaba para la región América Latina haciendo negocios para empresas de lujo en belleza, perfumería y cosméticos. ¿Cómo conoció a su marido, Didier Guillon? 

Nos conocimos a finales de 1989 en París en una cena de amigos comunes. Recuerdo que él, que ya tenía la marca Valmont, me preguntó cómo hacer para exportar a Chile y a Argentina, quería información y yo se la di, así soy yo. En esos momentos yo trabajaba con Giocomo Perfumes y tuve mucho éxito, hicimos bastante dinero en América Latina. Después me fui a trabajar en la marca Balmain, hasta que decidí dejar la región de América Latina porque pasados los siete años quedas etiquetada de especialista en la zona y no puedes salir de ese rollo. También trabajaba con la crema de Jouvence, que tiene un lugar en mi corazón por ser mi primer trabajo. Trabajar en América Latina fue especial pero después me concentré en Europa, en exportaciones para Oscar de la Renta.

¿Cómo era Oscar de la Renta? 

Un hombre que cuando lo veías tenía un aura de generosidad, de amistad y de tranquilidad muy especial. Era un hombre muy amable, muy linda persona. Me acuerdo que un día subí con él en el ascensor de la oficina y me dijo: “¿Sabes quién soy?”. “Sí, sí”, le contesté. Él me sonrió. ¡Oh, Dios, qué sonrisa estupenda! En ese momento me concentré en negocios en Europa, inclusive viajaba a Turquía e Israel. Toda mi vida viajé muchísimo y ahora continúo. Conozco más de 100 países. 

También trabajó en Yves Saint Laurent. ¿Cómo fue esa etapa? 

Muy interesante y también lo conocí, pero al final de su vida. Estaba un poco cansado, enfermo, tomaba muchos medicamentos pero sus creaciones siempre fueron una referencia en la moda francesa, una referencia para Jean Paul Gaultier y para tantos diseñadores.

¿Y qué pasó con Didier después de que lo conoció en esa cena? 

Un día, después de seis meses, estaba en Miami y recibí un llamado suyo que decía: “Espero que te acuerdes de mí, me gustaría invitarte a cenar”. Yo no lo había olvidado. Y le contesté que estaba de acuerdo en cenar en cualquier fecha y en cualquier lugar. Él estaba en Suiza y la cena fue en un restaurante divino en París. Tenemos como 10 años de diferencia pero es un hombre muy lindo y que sabe sobre todo. Didier me encantó, sabe sobre economía, política, arte, y yo me interesé mucho en arte contemporáneo porque tengo el hábito de ir a un museo en cada país que visito. Conozco todos los museos de toda Latinoamérica, incluso de Canadá, porque cuando estaba trabajando me quedaba más de un mes y visitaba los museos; el arte es una de las cosas que nos une. Después de tres años y medio decidimos que yo dejara mi supertrabajo, que dejara a mis amigas y que dejara París para ir a Suiza, un país supertranquilo, un poco aburrido. Pasé de vivir en una ciudad de 12 millones de habitantes a un pueblo de 600 personas. Al principio fue un horror. 

Eso es amor…

Sí, no puede ser otra cosa (ríe). Nos casamos en el pueblo de Saint Prex, en Suiza. Un lugar muy chiquitito al borde del lago, con una casa superlinda pero superaburruido. En ese momento tenía el sueño de mudarnos a Ginebra pero nunca nos fuimos porque cada dos años cambiábamos de casa, hasta que finalmente encontré la casa en donde nos quedamos por 20 años. Allí nació mi primer hijo en el año 1997, el segundo y la tercera... entonces nunca nos fuimos a Ginebra. Pero estoy bien así, en el cantón de Vaud, el más grande de Suiza donde hablan francés y es más simpático que Ginebra.

Mientras tanto usted seguía con su carrera, ¿cómo comenzó a trabajar en Valmont Group?

En Suiza me aburría, entonces encontré un trabajo con caviar pero eran tan machitos que al año me fui. Después me llamó Yves Saint Laurent para un puesto de marketing manager para toda Suiza con el requisito que hablara alemán, pero para mí no fue un problema porque era mi segundo idioma extranjero en la escuela. Trabajé por siete años, hasta que dejé en 2000. Didier es hijo del fundador de las cremas para bebés Mustela y por ese entonces quería crear una nueva Mustela de lujo, entonces me propuso trabajar juntos. Y así empecé en Valmont. 

En sus inicios ¿cuáles eran sus tareas?

Empecé con la administración de los clientes, pero poco a poco pasé del servicio al cliente a la dirección y al marketing. Después Didier me confió las fórmulas de los productos, porque aunque no soy científica siempre me interesó el tema, incluso en la escuela tuve las mejores notas en Biología y en Química. Además, trabajé vendiendo en casi todo el mundo, entonces sé lo que los clientes quieren. Poco a poco desarrollé todas las fórmulas con los científicos. Didier se dedica al arte, que es realmente su esencia. Por ejemplo, los domingos él siempre tiene un lápiz y está diseñando las tapas, los frascos… no habla mucho pero siempre dibuja. Y así somos los mejores partenaires del mundo y hace las cosas fáciles para nosotros, porque siempre tenemos la misma visión estratégica. 

¿Siempre soñó con viajar?

Cuando era joven mi vida fue muy difícil, solo estudiaba y estudiaba, no salía a divertirme como los demás. Mis padres soñaban para mí una vida de éxitos, llena de riquezas, su única meta en la vida —después de haber sufrido la guerra— era lo material. Yo no recuerdo que soñara en nada en especial, solo quería hacer que mis padres se sintieran orgullosos y así fue que me dediqué a estudiar muchísimo. Aprendí cuatro idiomas y después de más grande estudié italiano y español para mis negocios. Siempre fui la primera de la clase pero tuve una juventud sacrificada, sin tiempo para novios. El amor me llegó muy tarde en la vida. 

¿Pero de niña en París qué quería ser?

En un momento les dije a mis padres que quería ser peluquera pero no me dejaron, ellos querían que fuera médica, abogada o me dedicara a los negocios, entonces estudié negocios internacionales porque quería conocer el mundo. Por un tiempo quise ser flight attendant (azafata), pero no funcionó, entonces me postulé en una universidad de negocios, me recibí y mi primer trabajo fue para el Caribe y Latinoamérica. En esa época no había Internet y la compañía no te pagaba los pasajes para ir cada semana a América entonces me tenía que quedar de tres a cinco semanas. No había muchas mujeres trabajando porque tenías que sacrificar la vida personal, pero para mí no era problema porque era soltera, sin novio y la carga que llevaba por obtener el éxito era muy fuerte. Prioricé mi carrera a la vida personal. Hacía negocios de marcas de lujo en Panamá, Venezuela, Puerto Rico, Cuba y Miami, que es la entrada para América Latina, y viajaba a Ecuador, Argentina, Chile y Uruguay. Recuerdo que tenía un cliente en Punta del Este, porque Punta del Este siempre es un lugar donde se hacen muchos negocios de lujo.

Por su trabajo conoce a todos los públicos. ¿Qué quieren las uruguayas?

Las uruguayas son muy bellas, es increíble pero yo no lo sabía, pensé que las mujeres más lindas de América eran las chilenas y las argentinas. Cuando viajo miro mucho y al llegar a Punta del Este en el camino en el coche y al recorrerlo vi que la gente tiene estilo, es elegante y las mujeres son una belleza. ¡C’est jolie! Las clientes de esta zona gastan mucho en métodos médicos estéticos y cosméticos y también en productos de cuidado de la piel de alto nivel, no hablo de productos como Nivea, no tengo nada contra Nivea, a esos productos los llamo de higiene, pero cuando necesitas algo más, por ejemplo, una piel luminosa y que se vea la belleza de dentro sobre tu cara entonces las mujeres uruguayas están preparadas para gastar y gastan mucho. 

¿Se siente vietnamita, francesa o suiza?

Soy de dos culturas, la asiática y la francesa. Los franceses tienen un arte de vivir en el que todo se disfruta de una manera muy especial, en su tiempo y en su forma según un protocolo determinado. Ellos disfrutan de la vida, del arte, la gastronomía, las texturas, por eso siempre me encantó descubrir todo alrededor de la moda. Desde chica siempre me gustó saber cómo funcionan las cosas. Me acuerdo que iba al baño de mi abuela y desarmaba sus lápices de labios para ver cómo funcionaban, después se los dejaba rotos (ríe). Siempre me interesé por el mecanismo de las cosas asociadas a la elegancia y eso me pasó porque tuve la suerte de crecer en Francia, allí la gente de todos los niveles sabe vivir y sabe aprovechar los momentos. Soy muy curiosa, siempre quise descubrir cómo funcionaba un auto, un lápiz de labio, una cámara de fotos y la medicina. Siempre quiero saber el porqué de las cosas. 

¿Qué consejos puede dar para ser elegante? 

La elegancia viene de dentro. Si no tienes confianza en ti misma, es difícil ser elegante; la elegancia se materializa a través de tu actitud. Mucha gente piensa que la elegancia es la perfección pero no lo es, la elegancia es una actitud un poco audaz. La elegancia en mi visión se transmite a través de un color sencillo y la mezcla de los colores no puede superar los tres, usar dos colores está bien, con tres estás en el límite y cuatro es una catástrofe. Y si se usan diseños se debe llevar uno solo, o lunares, o flores o rayas, pero no todo junto. 

¿Las francesas son las mujeres más elegantes? 

En Europa la feminidad es diferente. En mi visión, la francesa tiene la reputación de ser elegante pero en la actualidad no son tan elegantes. Incluso París dejó de ser el centro de la moda, fue desplazado por ciudades como Milán y Nueva York. Y acá también hay muy buenos diseñadores, como lo que tengo puesto (señala su mono de Ana Livni)

Entonces, ¿cuáles son las mujeres más elegantes? 

Las uruguayas, suizas, alemanas, algunas americanas. Cuando uno mira a una mujer es por su actitud. Ser elegante es tener un estilo sencillo, con pocos colores pero con accesorios, no tantos pero bien puestos. Siempre es un tema de equilibrio y las chicas de Francia tienen un estilo pero no creo que podría llamarse elegancia, las jóvenes francesas tienen un estilo un poco casual. Lo llamaría “allure effort-less”, es decir, una apariencia natural, sin esfuerzo alguno y en equilibrio. Sencillo pero con un toque especial. En Suiza, Alemania y aquí es un poco más arreglado pero el estilo francés no lo llamaría elegancia, lo llamaría un estilo.

¿Por ejemplo, qué habría que usar?

Un jean con una camiseta blanca pero con un foulard, esa es la diferencia. Imaginamos que si eres inglesa, o de Bélgica, lo usarías sin el foulard, pero así no da el mismo efecto, esa es la capacidad que tienen las francesas. Pero en mi visión hoy no sería elegancia, para mí la elegancia es un poco más de protocolo, un poco más de preparación, de prestar atención; ellas tienen un estilo effort-less, o sea, no me importa nada. 

¿Cuáles son las prendas imprescindibles en el guardarropas?

Hay que tener mínimo un jean, una camisa blanca, un vestido negro, una chaqueta negra, una chaqueta bomber, para pilotear tu avión, y tener una trench coat es obligatorio. En Suiza para ir a esquiar se necesita una campera Moncler y, además, hay que tener por lo menos un traje de baño de Maison Eres. Yo dejé de usar zapatos de tacón, que son muy elegantes pero ya no los uso más. Ahora los nuevos zapatos son botas Dr Martens y sneakers de Balenciaga y de Hermès. 

Entonces, ¿cómo define la belleza?

La belleza se ve cuando tu aura o tu personalidad resplandece. Ese brillo viene de dentro y se puede ver cuando tu piel refleja la luz del sol. Eso es posible cuando la piel está humectada y nutrida, sana.

Para obtener una piel resplandeciente, ¿es conveniente llevar una vida sana? 

Sí, por supuesto. Es mejor comer sano y tomar poco alcohol, pero nosotros estamos acostumbrados a tomar por todo y por nada. Tomamos champagne para la buena suerte y tomamos champagne por la mala suerte. Siempre tomamos champagne. 

Un matrimonio entre la belleza y el arte

Usted ha dicho que Valmont es una marca científica de cosmética con alma. ¿Cuál es el secreto de los productos Valmont, los ingredientes naturales como el agua de los glaciares suizos?

Sí, y no, es un concepto global. En Valmont utilizamos agua de los glaciares suizos, que es la más pura del mundo, pero además nuestros productos contienen ADN en liposomas que la piel los reconoce como propios y los deja pasar. Como un chef, nosotros utilizamos los ingredientes casi sin procesar. Por ejemplo, el ADN del esturión no lo transformamos con química y así tenemos elementos más naturales sobre la piel, lo mismo sucede con las abejas, concentramos la jalea en una bolita de aceite en un proceso totalmente Green, eco-certificado. Suiza es un país muy natural y así es nuestro estilo de vivir, entonces nuestra cosmética también es pura.

¿Cómo surgió el lema “Cuando el arte se encuentra con la belleza”? 

Surgió naturalmente porque esta marca está formada por una historia de familias: es un matrimonio entre mi pasión por la cosmética, la belleza y la ciencia, y la pasión de mi esposo, Didier, por el arte. Entonces resultó evidente para él desarrollarse como director artístico, además de ocuparse de la Fundación Valmont en el Palazzo Bonvicini en Venecia, mientras que yo me encargo de los científicos para hacer las cremas en Suiza, de los nuevos ingredientes que desarrollamos en el Departamento de Investigaciones y del branding.

Su último desafío es la perfumería, ¿también lo comparten?

Es un proyecto personal porque los perfumes son mi primer amor, ahí empezó mi carrera. Por eso me encanta la gente de América Latina, que naturalmente usa mucho perfume, lo considera como un accesorio, mientras que en Europa cuanto más al norte más tímida es la fragancia, casi que no huele a nada, es más un producto que usan al salir del baño. Aquí el perfume es más una joya y eso es lo que me gusta. Los perfumes permiten a la marca tener un catálogo más diverso en nuestras tiendas. A principios de diciembre abrimos una tienda en Nueva York y el 18 de febrero abriremos en Madrid, la Maison Valmont en la que estarán los productos Valmont, Elixir y todos los perfumes desde la línea de agua fresca que se llama Palazzo Nobile hasta la Collezione Privata, que es solo para mujeres. Ahora están de moda los perfumes unisex, pero yo diseñé uno solo para mujeres, una botella sencilla pero elegante, de color rosado, que es un homenaje a las mujeres de diversas personalidades: frívolas, intelectuales, elegantes, todas. Son tres variedades: Jazzy Twist, Lady Code y Private Mind, la más femenina es especial para latinoamericanas y uruguayas. Y por último, la colección Storie Veneziane, en la que Didier diseñó la botella con cristal de Murano y yo me encargué de la química de los extractos de perfume inspirados en Venecia, auténticas joyas para adornar la piel.