Tamara Silva, revelación de la literatura uruguaya: “Tengo el recuerdo de leer los libros de Harry Potter varias veces”

Nombre: Tamara Silva • Edad: 23 • Ocupación: Escritora y estudiante de la Licenciatura en Letras y de la Tecnicatura en Corrección de Estilo • Señas particulares: Ganó dos premios Bartolomé Hidalgo (Narrativa y Revelación) en 2023, es vegetariana, mira Gran hermano

¿Qué recuerdos guardás de tu infancia? Pasé casi toda mi vida en Minas, hasta los 15. Tengo guardado ir a la piscina municipal todos los veranos. Ya los últimos años, como era mucha más la gente que iba, podías ir un par de días a la semana, según el número de tu cédula. Iba con mi hermana y con unos amigos de la cuadra, luego volvíamos todos a merendar. Me acuerdo también de jugar en el monte, atrás de mi casa. Nuestro fondo no tenía reja y daba al monte, lo único que había era un alambre, que en algún momento había sido un alambrado. Nos pasábamos el día jugando ahí.

Siempre fuiste muy sensible y tuviste una manera distinta de mirar el mundo. ¿Cómo lo canalizabas en la infancia? Dibujaba mucho, escribía también, tenía varios cuadernos. Leía un montón y leía los mismos libros una y otra vez. Antes no había tantos libros y a lo que accedías por internet era muy poco. A internet entrábamos para hacer cosas puntuales de deberes. Mi madre por mucho tiempo militó con hacer los deberes con la revista La Mochila y con la enciclopedia. Tengo el recuerdo de leer los libros de Harry Potter varias veces. Me regalaban uno en mi cumpleaños, lo leía enseguida, anotaba cuando terminaba de leerlo, y luego lo volvía a releer. También en un ejercicio de hacer rendir esa lectura, que era mi regalo de cumpleaños y lo tenía que hacer durar hasta el año siguiente.

¿Extrañás Minas? No, ya no. Vuelvo con alegría, siempre, pero extrañarlo, no tanto. Mis abuelos viven allá, entonces voy seguido. Tampoco es que jamás volví, que ya no sé lo que es estar allá. Sigue siendo parte de mi vida de una forma distinta.

Hoy vivís entre Montevideo y Aiguá. ¿Por qué vas y venís? Porque allá está mi madre, mi abuela, tengo familia. Mi casa está allá. Una vez que nos mudamos de Minas, todas mis cosas terminaron en Aiguá. Ahora solo me quedan libros, pero también están mis perros.

Tomando el título de tu libro, Desastres naturales, ¿experimentaste algo así en tu niñez o en tu adolescencia? En Minas pasaron muchas cosas. Me acuerdo de un episodio en el que estábamos jugando a saltar desde la copa del sauce llorón que había en el fondo de mi casa. Abajo había un colchón de pasto que no se podaba jamás. Mi amigo Santiago estaba subido al árbol y no se animaba a tirarse. Yo lo envalentoné, finalmente se tiró y se quebró el brazo. Su brazo dejó de tener forma de brazo, era como una gelatina. Estuvo con yeso pila de tiempo y tuvo que hacer fisioterapia. Yo iba a visitarlo y a ayudarlo a hacer los ejercicios. ¡Sentía una culpa! Fue terrible.

Te gusta la naturaleza, pero tenés una especial inclinación por el agua, al menos eso se percibe en tu Instagram. ¿Qué es lo que te atrae? Últimamente estuve investigando y mirando el agua, por mi nueva novela, Temporada­ de ballenas, que va a salir en agosto o setiembre. Entonces empecé a sacar fotos al agua y a leer sobre ella. Me termina llevando a un lugar muy fantástico: lo que pasa en el agua, las cosas que vienen con el agua, cómo se mueve, las aguas de Uruguay­. Me quedé como estancada pensando en esas cosas.

¿Se te cruzó en algún momento llegar a ganar el Bartolomé Hidalgo, siendo tan joven? No no no. Es más, cuando salió Desastres­ Naturales mi primera entrevista fue en (el programa radial) Oír con los ojos y Fernando Medina me preguntó: ¿Recibirte o ganar el Bartolomé Hidalgo­? Yo le dije “recibirme”, porque el Bartolomé Hidalgo me parecía algo lejanísimo. Fue tremenda sorpresa porque además no fue uno, sino que fueron dos. Fue una locura.

¿Qué estás leyendo ahora? Estoy arrancado a leer una novela de Diamela Eltit, que se llama Lumpérica­. Estoy leyendo, por necesidad académica, pero lo estoy disfrutando mucho, Al faro, de Virginia Woolf. Últimamente estoy leyendo poco.

¿Por qué? No sé. Tuve una época de leer muchísimo y ahora tengo un ritmo de lectura mucho más lento, lo disfruto mucho en las vacaciones y durante el año, más quieta.

Te gusta ver Gran Hermano con tu hermana. ¿Qué te atrapa del reality show? Sí, la edición anterior la miré con más atención que esta. Puedo hablar de que hay una narrativa en Gran Hermano, de que hay ciertas formas que se repiten no solo ahí, sino en las ficciones en general. Esto es un reality­, o sea, hay un reflejo de algo. Pero me gusta el momento de la noche en que ponemos Gran Hermano­, mientras cocinamos. A veces me cuesta charlarlo porque sé que está eso de que si mirás Gran Hermano sos la peor persona del mundo. ¿Cómo vas a escribir y ver Gran Hermano? Lo miro y no me pasa nada, no cambio de ninguna forma. No te volvés la peor persona del mundo.

¿Cuál es tu comida preferida? Soy vegetariana desde hace un par de años. Mi comida favorita, ahora en invierno, es un buen guiso de lentejas, que tenga sabor y sin carne. Ahora que sé hacerlo bien, lo disfruto mucho. Me gusta mucho cocinar y no quedarme en las verduras, que era lo que hacía antes, cuando empecé a ser vegetariana.

Si pudieras elegir una persona con quien cenar y charlar largo y tendido, ¿a quién elegirías? ¡Ay, qué difícil! Me pondría nerviosa, pero creo que me gustaría conversar con Gabriela Cabezón­ Cámara­. Me gusta mucho su narrativa. Además, ahora está también muy metida con todo el movimiento ecologista latinoamericano.