No se trata solo de tocar el bandoneón. Para Passarella, cada encuentro con el escenario requiere de por lo menos una cita previa e íntima con el instrumento, de lo contrario, sería como casarse antes de conocer con quién. Y si bien a veces es suficiente con saber dónde poner las manos, la posición correcta no es algo que se aprenda fácilmente ni en cualquier sitio, y además, el fuelle “tiene sus mañas”. Él, que hoy dirige el Centro del Bandoneón en Roma, perdió la cuenta de cuántas citas necesitó para llegar a conocer no a uno, sino a cuatro bandoneones. Y aunque se lamente de los coleccionistas que dejan a los bandoneonistas sin instrumentos, no tiene nada que envidiarles. Los suyos son de los mejores: Doble A alemanes de las décadas del 20 y 30, que guardan un siglo de música.
Héctor Ulises Passarella es considerado uno de los más grandes maestros bandoneonistas contemporáneos. Para quien no lo conozca y quiera hacerse una idea para nada suficiente, Passarella estuvo encargado de la musicalización de la película The Postman, ganadora del Oscar a Mejor película y a Mejor banda sonora. Entre su colección de galardones se destaca la distinción que le dio la ciudad de Roma en 2017 como imagen musical del Uruguay en el mundo, porque aunque vive en Italia hace más de 40 años, “el bandoneón del cine” es oriundo de la ciudad de Florida. Sin volver al país desde 2019, el próximo viernes 2 Passarella presentará Tango de hoy junto con el Conjunto Nacional de Música de Cámara en el Auditorio del Sodre. El nombre de la función acompaña la línea que ha seguido el artista hace casi 50 años. Desde El otro lado del bandoneón hasta El nuevo tango sinfónico, los títulos de sus discos delatan la ambición que hay detrás: diferenciar su música, interpretar su tiempo, pero sobre todo, apostar a los jóvenes. Abocado a la música barroca, Passarella no olvida sus raíces pero tampoco lo que aprendió en el viejo continente. Desde que comenzó a tocar a sus 11 años en una orquesta de Florida, los músicos que lo escuchaban siempre repetían la misma cosa: “Este tiene que estar en Europa”. Allí no le fue difícil adaptarse y se sintió, dice, naturalmente como en casa. Hoy, está casado hace más de cuatro décadas y tiene un hijo que también es músico, compositor y bandoneonista, además de dedicarse a la filosofía. A los Passarella no les interesa la parte más comercial del rubro; el maestro no entiende la música que se hace solo para vender.
Su buena presencia y gracia hicieron que su elegante retraso a la hora del encuentro pasara casi desapercibido y, con los acentos algo mezclados, Passarella finalmente recibió a Galería en el salón de eventos del hotel Holiday Inn en Ciudad Vieja, a pesar de la prisa que llevaba por tener una entrevista en televisión minutos antes de un viaje a su ciudad natal.
Esas ciudades permanecen dentro de mí. A la capital vine a estudiar. Tuve grandes maestros como René Marino Rivero y Guido Santórsola, gente maravillosa que me ayudó a tomar un camino. Fueron referentes y no solamente musicales, de la vida. En Florida tengo a mi familia. Mi madre vivió hasta hace dos meses atrás, esperaba verla todavía.
Passarella es también compositor, y escribió la música y letra de Florida para siempre, un poema sinfónico que es “una fotografía de Florida, con sus defectos y virtudes”. Pero tanto su ciudad natal como Montevideo ya no son las mismas que alguna vez dejó: “Hay algunas cosas que lamento se hayan perdido con el tiempo. Uruguay tiene la fea costumbre de no conservar lo viejo mientras en Europa todo se trata de conservar. Aquí, por ejemplo, ya no hay un bar que digas típico. Conmigo vinieron seis italianos más y he tenido dificultad de llevarlos a lugares característicos. Se ha perdido mucho la identidad, y eso lo lamento. Siempre me pregunto: ¿por qué sacaron esto? Había que modernizarlo, me dicen. No lo entiendo. Es como si yo cambiara la música de Johann Sebastian Bach. Hay cosas que simplemente no se pueden tocar, que tienen que quedar. Pero así son los cambios y no hay nada que hacer. Siempre digo que la conquista de una cosa es la renuncia de otra. Y también pasa en la música”.
¿Y cómo se actualiza su música?
Hasta la música de Piazzolla se puede actualizar cambiando las armonías y haciéndolas más difíciles, más disonantes. Antes, las canciones del tango eran tan simples que se volvía necesario hacerles un retoquecito. Con Piazolla ya no hay casi espacio para los cambios.
En Italia tenían una vaga idea acerca de quién era “aquel argentino folklorista”. Pero Astor Piazzolla fue uno de los compositores más importantes de tango en todo el mundo, que hacía hablar al instrumento fundante del género: el bandoneón. Pero el tango nació como una música popular “inexacta”, explica el maestro, al contrario de la música clásica. Las composiciones de Beethoven, Mozart y otros virtuosos están dentro de la música “exacta” a la que “no se les puede cambiar nada”, mientras al tango “se le puede cambiar todo”.
Hay cambios armónicos, arreglos con los que se reconoce a los artistas. Podemos decir que estamos escuchando a Passarella y no a Piazzolla aunque la pieza sea la misma. Pero a la música mía ya no le caben arreglos. Hay un poco de narcisismo en esto, pero también nos está diciendo que estamos viviendo en otro período de la historia. Aunque no se trata tampoco de perder la mirada hacia el pasado. Mañana viene del hoy, pero este hoy vino del ayer. Después, está la personalidad que cada uno le pone con su interpretación, a través de un color, un fraseo…
Il bandoneón. Passarella volvía una y otra vez sobre los detalles de su instrumento. Contó que el bandoneón primero se usó como órgano portátil para ejecutar música religiosa, desde donde quizá provenga su sonido sacro y melancólico. El maestro guardó en su recuerdo algunas líneas de un poeta argentino (no así su nombre) que decían, “con mucha razón”, que al bandoneón se le puede pedir de todo, menos que ría.
Al llegar de Alemania al Río de la Plata pasó de ser un instrumento desconocido a volverse el sonido insignia del tango, pero al día de hoy se invirtió la ecuación, y el bandoneón es más popular en Europa que en países rioplatenses. Desde Italia hasta Turquía, pasando por Alemania y Austria, llegó a despertar un inesperado interés en países como Corea. Las mujeres allí lo están tocando “formidablemente”, según Passarella, incluso, hasta mejor que en el Río de la Plata. Tan valorado se volvió el tango en Corea que hasta instalaron fábricas de bandoneones. “Los hacen muy bien, eso me pone contento”, señala casi infantilmente, para enseguida reparar en el problema: la de ellos es música “sin personalidad”, porque en Asia no se puede sentir “el viento de Montevideo”.
Hay muchas cosas que se ignoran acerca del bandoneón, principalmente, lo mañoso que es para soltar un lindo sonido. Eso llevó a Passarella a escribir Il bandoneón: conoscerlo e suonarlo, un tratado teórico-práctico sobre este instrumento, escrito sobre uno de los leitmotiv del artista: El bandoneón se estudia antes que se toca. Pero las ansias por lo segundo, dice Passarella, llevan a que el instrumento “sufra”.
El bandoneón no es de las opciones más populares a la hora de acercarse a la música . ¿Qué es lo que lo hace tan difícil?
Si no se conoce al bandoneón no se lo va a poder tocar bien nunca, porque los vicios que se agarran al ejecutarlo mal son tremendos y después no los arregla nadie. Uno de los problemas más grandes está en el pulgar, que aprenda a obedecer como debe obedecer. Hay que enseñar muy bien cómo agarrarlo y por qué se usa un dedo y no el otro. Y hasta para poder abrir el fuelle del bandoneón hay que conocerlo, y el fuelle tiene que conocerte. De lo contrario, se genera una lucha y ni Sansón va a poder abrir ese fuelle. Yo no hago fuerza, utilizo todos los músculos de mi cuerpo para que creen una potencia enorme. Y él (da golpecitos al bandoneón) es el que me está pidiendo que lo haga. Me doy cuenta lo que quiere porque si no lo hago le sale un sonido feo, y entonces sufre. Por eso es que digo que hay que conocerlo.
Passarella percibe un “empuje” del bandoneón al ver que hoy se lo conoce mucho más que hace 40 años cuando ganó, en 1979, aquel concurso para instrumentistas y cantantes organizado por la Asociación de Bancarios del Uruguay y el Instituto Italiano de Cultura en Montevideo. Le dieron una beca de un año en el Conservatorio Statale di Musica Gioachino Rossini de Italia, un país en donde casi nadie sabía del bandoneón. Passarella no solo se hizo conocer, sino que se hizo escuchar, y ya no volvió.
Tango de hoy. Su gran aspiración es poder hacer que el tango llegue a los más jóvenes. Si Piazzolla lo logró en la década del 70, en 2022 alguien podría lograrlo “con música que sea de hoy”. Esto no significa adherirse a los géneros de moda, sino entender que la música habla del tiempo en el que fue compuesta y de los problemas del mundo.
¿No hay una contradicción entre querer hacer música de hoy e involucrar a los más jóvenes pero buscar alejarse de la música comercial, que es la que ellos escuchan?
El tango de hoy va contra el viento de muchas cosas, y el de la música comercial es un viento muy muy fuerte. Aunque parezca contradictorio querer acercarse a los jóvenes y no tocar esa música, se los puede involucrar sin darles lo que ellos quieren. La cultura no tiene por qué ir para donde tira el viento. Es ambicioso, y tiene que empezar por los músicos. Porque si los músicos no lo sienten no se puede transmitir nada. He realizado festivales en Europa todos los años en donde llamo a muchos jóvenes con los que alguna vez toqué, de todas partes del mundo, que me pedían repetir la experiencia. Una vez conté que había 10 naciones juntas, y con esos jóvenes hicimos una orquesta de cámara. Ellos solos se comienzan a acercar porque sienten que no les estoy hablando de Francisco Canaro o Gardel, sino de una música disonante. Se siente muy bien tocar con el grupo de Cámara del Sodre porque todos esos jóvenes han entendido mi propuesta: querer hacer una música que sin perder las raíces del tango tenga una visual más abierta al mundo.
Entiendo sí que su propuesta es ambiciosa, ¿cuál es la dificultad más grande?
Que estamos muy distraídos, nunca tenemos tiempo. Si regalás un CD muchas veces te dicen: “Ahora lo escucho en el auto”. ¿Te parece que se puede escuchar un disco mientras manejás? Si yo hago música para escuchar, no para bailar, quiere decir que estoy tratando de decir algo. Y si estoy tratando de decir algo deberías poner atención a eso que yo estoy diciendo, de lo contrario, no vas a entender el mensaje. Mientras manejás, con una bocina de aquí y otro ruido de allá, no se puede apreciar una música. Pero recién cuando uno genera una cultura musical dentro de sí mismo lo logra entender. Internet es maravilloso, pero nos está haciendo perder demasiado tiempo. Facebook, Instagram. Los uruguayos, si no son los número uno, son los número dos en materia de... (hace un movimiento frenético con los dedos imitando el uso de un celular). En Alemania, en Austria no pasa. Me hace reír la facilidad con la que los uruguayos... (repite el gesto), veloces. No hay tiempo para escuchar.
Héctor Ulises Passarella presenta Tango de hoy. Viernes 3 a las 20 h en el Auditorio Nacional del Sodre Adela Reta. Entradas de 90 a 760 pesos en Tickantel y boletería de la sala.