Victoria Lafluf: "Cuando nos vulneramos un poco más y nos acercamos es cuando podemos hacer grandes cosas por el otro"

Nombre: Victoria Lafluf • Edad: 43 • Ocupación: Directora del Centro Hospitalario Pereira Rossell • Señas particulares: Es “un poco sobreprotectora” de sus tres hijos varones; le gusta bailar y hacerse escapadas a la playa aunque sea invierno.  

¿Cómo es vivir con cuatro varones (su marido y sus tres hijos)? Es una experiencia linda. La interacción como mujer criando varones y viviendo con ellos es una oportunidad superinteresante de entender mucho más de la mirada masculina y, a su vez, de influir sobre ellos. Sobre todo en el caso de mis hijos, aportar esa mirada femenina de muchas cosas. Tal vez se dé también en familias con hijas mujeres, pero se siente esa posibilidad de influir e intercambiar miradas de una manera mucho más directa. Se siente bien.

Suele suceder que uno de los dos padres es el más permisivo y al otro le toca poner los límites. ¿Con qué rol se identifica? A mí me cuesta un poquito más mantener los límites, me pueden. Al principio los dos somos firmes, pero a mí al ratito se me va debilitando la firmeza y ahí el padre es el que se mantiene un poco más. Nos fortalecemos porque sabemos que es importante mantener los límites para la crianza de los hijos.

En su familia dicen que no le hace mucha gracia imaginarse con tres nueras a futuro, ¿es muy celosa de sus hijos? Un poquito (se ríe). Hay una mirada un poco sobreprotectora que una, como mamá, va tratando de trabajar con el correr del tiempo. También va madurando y entendiendo que la felicidad de ellos empieza a dejar de depender de nosotras, del papá y del cuidado que les podamos dar, y de a poquito tiene más que ver con seguir su historia de vida. Nos vamos haciendo la idea de que la felicidad también la van a conseguir con el proyecto que ellos decidan, de la manera en que lo decidan.

¿Cuántas horas por día pasa dentro del hospital? Llego en la mañana y en general estoy por lo menos hasta que voy a buscar a mi hijo más chico al colegio. Son más o menos ocho horas, pero hay situaciones que pueden ocurrir en una noche o durante un fin de semana que implican estar presente.

¿En algún momento le costó combinar el trabajo en el hospital con la maternidad? Siempre tuve mucho apoyo de mi esposo, de mi mamá, y creo que eso es importante, hace que una pueda crecer en todos los roles. Estoy segura de que si no hubiese sido de esa manera no lo habría podido vivir bien, porque todo lo que hago trato de hacerlo lo mejor posible. Siempre traté de que mi vida profesional no afecte a mi familia y que todo lo que asumo a nivel profesional sea lo que puedo y no más. En casa converso mucho con mis hijos y mi esposo sobre algunos aspectos que me parece importante compartir de mi trabajo y de lo que hace el equipo del hospital. Lo que significa el Pereira Rossell para mí y el significado que tiene a nivel social. Trato de involucrarlos porque siento que a veces cuando llego a casa cansada, algo agobiada o con la energía baja, está bueno que ellos entiendan lo que di durante el día, compartan y hasta crezcan. Cuando ellos se proyecten a futuro, tomen las decisiones que tomen, que sepan que las cosas requieren esfuerzo, compromiso, y que a veces van a volver cansados. Que nada es fácil pero vale la pena, porque uno está comprometido con una causa.

¿Cómo le afecta, al trabajar en un hospital, vivir tan de cerca situaciones dramáticas? Cuando las personas tomamos contacto con el sistema de salud, siempre tenemos que poder agregar algo positivo, aportar algo bueno a la persona con la que estamos tomando contacto. Desde las situaciones más simples, como una consulta sin mayor complejidad, hasta las situaciones más dramáticas, siempre tenemos la posibilidad de impactar. Trato de pensar qué quisiera para mí o para mi familia. Las situaciones complejas se pueden vivir de forma muy distinta con un abrazo, con la palabra justa, cálida, con una sonrisa, con empatía. No se me ocurre situación en la que no tengamos la oportunidad de impactar de forma positiva en la vida de las personas desde los servicios de salud. Esa tiene que ser la premisa.

Pero los casos y las historias de esas personas pueden afectarla a usted. Claro, pero tenemos que tratar, si nos afecta, de transformarlo en algo bueno para esas mismas personas o para las próximas que puedan venir. La empatía requiere ejercicio. Pensar en cómo la puede estar pasando el otro, cómo se puede estar sintiendo, qué podríamos cambiar si nos acercáramos un poquito más. Y a veces nos protegemos tomando cierta distancia. Cuando nos vulneramos un poco más y nos acercamos es cuando podemos hacer grandes cosas por el otro.

¿Cuál es su mayor miedo? Que sufran las personas que quiero.

¿Cree en Dios? Recibí una educación católica desde muy chica, tomé la comunión. En la actualidad no practico la religión, pero sí, creo.

Cuando no está dentro del hospital, ¿qué le gusta hacer? Irme para afuera en familia, mirar películas. Pero, en lo individual, escuchar música, bailar, hago alguna actividad deportiva de las que implican un poco de gimnasia combinada con música.

¿Zumba, por ejemplo? Sí, ese tipo de cosas. A veces relego un poco la actividad por falta de tiempo, pero cuando puedo voy. A veces lo pongo en la tele y hago la clase en casa.

¿Qué tipo de películas le gustan? Hay algo que me caracteriza, por lo que mis hijos y mi esposo me joroban. Siempre digo que mirar series o películas de ficción tiene que ser para pasarla bien. Cuando vemos algo juntos o cuando miro yo sola, son más bien comedias románticas o familiares. Uno tiene que reírse, reírse mucho, disfrutar.