Virginia Arlington: "Si se notara todo lo que leo parecería tanto más inteligente"

Nombre: Virginia Arlington • Edad: 56 • Ocupación: Comunicadora • Señas particulares: Lectora compulsiva, hizo la tesis para recibirse a los 47 años, le gusta mudarse

Se acaba de mudar. ¿Es de cambiar de casa seguido? A mi marido y a mí nos gusta mudarnos. Ya vamos como por la sexta mudanza. Creo que ahora ya está. Me gusta este barrio. Palermo es lindo. La gente de Palermo me gusta. Hace muchísimos años que soy de Punta Carretas, pero estoy aprendiendo a moverme en este entorno. Las casas son como los libros. Cuando vos entrás en un libro, si en las primeras páginas te cautiva, siento que de alguna manera llegué a casa. Por lo menos tengo un lugar en el mundo que es ese libro en ese momento. Por eso no me cuesta cambiar de casa. 

¿Lleva la cuenta de los libros que ha leído? Me parece un horror llevar la cuenta. Pero vi que Bill Gates había leído 50 libros el año pasado, que lo publicó como si fuese una cosa brutal, y ahí pensé que yo nunca conté. Llevo un diario de lectura. En los clubes de lectura siempre le decimos a la gente que lleven un diario de lectura precisamente por eso, para que sea significativo lo que leés. Porque si no, en esa especie de ansiedad que tenés, terminás un libro, pasás al otro, y taca, taca, taca. Y de repente a veces hay que detenerse en algo que te interesó e ir anotando. Y ahí los conté. El año pasado había leído como 70 libros. En realidad no significa nada. Porque por ahí leíste dos, pero son dos libros que te cambiaron la vida. Que te dieron vuelta y listo, ya está. Y con eso es suficiente. Esa maratón de uno atrás del otro, no conducía a nada. 

¿Tiene algún hábito o manía a la hora de leer? Tengo poca memoria. Siempre digo que si se notara todo lo que leo parecería tanto más inteligente. Porque no me acuerdo de lo que leo. Leo un libro, lo leo de repente un tiempo después, y me doy cuenta de repente al final que ya lo leí. Leo de noche, por supuesto, siempre. Y tengo todo muy ordenado. Tengo arriba de la mesa los libros que están en danza, los que me acompañan en ese momento. Después tengo en otro lado los libros que todavía no leí, los pendientes, que los tenía en la mesa de luz pero era un caos, entonces ahora tengo como un estante de pendientes. Después tengo libros para devolver, porque soy tan tarada que devuelvo libros. Y presto muchos también.

¿Y espera que se los devuelvan o los suelta? No. Tengo dos estantes que no presto, que son los estantes sagrados. Una vez una amiga me dijo que no tengo tantísimos libros para el amor que les tengo. La verdad que no, porque los libros que tengo son los que sé que amo. Me parece que los libros tienen que circular. ¿Qué hacen ahí en el estante? Nada. Está bien, hay un tema de posesión; yo siento cierta posesión. Por ejemplo, esos que están en los estantes sagrados. Pero si no, que circulen.

Vive con su esposo, un perro y una gata. ¿Sintió el nido vacío cuando se fueron sus hijos? Sí, claro que se siente. Obvio. Pero hay etapas para todo. Y cuando ellos están bien, vos estás bien. Si estuvieran mal, no estaría bien. Pero si los ves felices, que están en su camino, felicidad. Uno vive en Punta del Este y otro vive a tres cuadras. Capaz que más al principio notás la diferencia de vivir sola con tu marido después de tantos años de compartir la casa con los hijos. Y pensás mucho en el tema de cómo maternaste. Creo que lo hice lo mejor que pude, y ahora, a otra cosa. A mí me gustan los cambios. Otra etapa. 

Parte de eso habrá sido formar parte del programa Familia amiga, y acoger en su casa a niños en adopción. Sí. Capaz que haber empezado el tema de Familia amiga tuvo que ver con eso de decir: pará, se viene el nido vacío, vamos a llenarlo de alguna manera. En realidad, todavía no se había ido ninguno de nuestros hijos cuando nosotros empezamos, pero se ve que nos la veíamos venir y dijimos: vamos a prolongar un poquito esto. Y en realidad se nos llenó un poco, porque estábamos todos y fue una experiencia brutal. Es brutal de maravillosa, y en todas sus acepciones. 

¿Qué les dejó esa experiencia? Son fichas que te van cayendo años después. Yo todavía no puedo poner en palabras lo que fue maternar durante un año a dos hermanos. Y después que se fueron ellos, que estuvieron un año con nosotros, esperamos unos meses y llegó el otro que estuvo nueve meses y también fue adoptado. Creo que necesito escribirlo. Yo para elaborar, escribo. El regalo que nos hicieron esos niños fue maravilloso, fue un regalo para aprender lo que es realmente significativo, la importancia de lo que nosotros llamamos “chiquito”, como sentarse a comer alrededor de una mesa, dormir arriba de una cama que es cómoda y que está calentita, agradecer todos los días poder bañarse. Lleva mucho tiempo procesar eso, y eso que fue hace años.

¿Tiene algún lugar en el mundo? San Francisco (Maldonado). Me iría a vivir ahí feliz de la vida. Pasamos parte de la pandemia, pero el trabajo de mi marido hace que él tenga que estar presencial acá todos los días. Si no, nos hubiésemos quedado. Pero vamos todos los fines de semana. Es muy agreste y todavía conserva esa cosa de balneario de antes, con algunas callecitas de tierra, y hay mucho silencio. El silencio para mí es vital. Es hermoso. Creo que si me preguntás qué es lo que más disfruto de San Francisco, no es la playa, no es salir a caminar, que también lo disfruto. Es el silencio.