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El consentimiento: el placer compartido y consciente

Setiembre es el mes de la salud sexual y la Academia Internacional de Sexología Médica quiso hacer foco en la importancia del "sí" voluntario e informado

“Me sentí vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte. Sencillamente, no fui respetada”. Así describió Jennifer Hermoso, jugadora de la selección española de fútbol femenino, sus sensaciones tras el beso en la boca que le propinó Luis Rubiales, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), tras ganar la final del Mundial femenino, el 20 de agosto en Sídney. “Considero que ninguna persona, en ningún ámbito laboral, deportivo o social debe ser víctima de este tipo de comportamientos no consentidos”, agregó la futbolista en la declaración del 25 de agosto, que publicó en su cuenta de la red social X, donde además anunció que renunciaba a la selección si continuaba la actual dirigencia.

El hecho, que se volvió mediático y causó el rechazo de buena parte de la sociedad española y del resto del mundo, desencadenó la semana pasada en la renuncia de Rubiales a su cargo, luego de que las otras 22 campeonas del mundo expresaran su apoyo a Hermoso, renunciando también a la selección. Pero más allá de eso, es un ejemplo claro del escaso valor que tiene el consentimiento relacionado con la vida sexual y afectiva en la sociedad actual. Un hecho que preocupa a la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM). De hecho, este año la organización eligió el consentimiento como lema para el Día Internacional de la Salud Sexual, que se celebró el 4 de setiembre, pero cuya difusión y llamado a la reflexión se extiende durante todo el mes.

Santiago Cedrés, presidente de AISM dijo a Galería que se eligió ese lema porque se mostraba como “el mayor emergente en el momento que estamos viviendo”, con tantos casos de violencia de género, pornografía infantil y agresiones sexuales de todo tipo en cualquier parte del mundo. En este sentido, precisó que la salud sexual no solo tiene que ver con la ausencia de alguna disfunción, sino que va más allá. “Es un concepto de bienestar respecto a la conducta sexual, la identidad y la orientación sexual, que implica el ejercicio libre de la sexualidad sin discriminación, coacción o violencias, y el respeto por los derechos sexuales de todas y todos”, indicó. Bajo este entendido, el consentimiento como “acuerdo voluntario entre todas las partes que participan es un principio esencial que garantiza el respeto, la dignidad y el bienestar sexual”.

Las claves. Para que el consentimiento sea válido debe ser “un sí dado claramente, conscientemente y libre de presión o de coacción. Debe ser el sí de una persona que es capaz de consentir. No es no decir que no, es decir que sí”, explicó Cedrés. Al respecto, manifestó que muchas veces personas inhibidas, con la autoestima baja, o personas deprimidas, dormidas, alcoholizadas, bajo el efecto de la droga o discapacitadas, incluso, niños y adolescentes, pueden guardar silencio, pero no por eso estar consintiendo. “Y todo acto con el otro, que el otro no me haya consentido, es violencia sexual”, subrayó.

Por esta razón, para que el consentimiento sea real debe cumplir con tres claves fundamentales. La primera de ellas es la comunicación, hablar de lo que cada uno quiere, lo que no quiere, lo que le gusta y a lo que está dispuesto. “Necesariamente tienen que poder decir lo que se sienten cómodos de hacer o no y hasta dónde cada uno está dispuesto a llegar”.

La segunda clave es que sea voluntario, eso implica hacerlo libre de cualquier amenaza, coacción o presión. “Si me está presionando mi novio, no es un consentimiento voluntario. Si soy adolescente y me presiona mi grupo porque soy el único virgen del grupo, no es un consentimiento en el pleno ejercicio de mi libertad”, dijo el presidente de AISM. A su vez, la persona tiene que ser capaz de consentir legal y mentalmente. Es decir, no puede ser menor de edad ni puede tener sus capacidades de consentimiento afectadas por los efectos de las drogas o el alcohol. En cualquiera de estos casos, el consentimiento no es válido.

Por último, es imprescindible que la ­persona tenga la posibilidad de revocar el consentimiento en el momento que quiera. “Porque yo consienta que subas a mi casa después del baile, no quiere decir que yo estoy consintiendo todo. Porque yo consienta un beso, no estoy consintiendo todo lo que viene después. Uno tiene que ser capaz de revocar cuando lo sienta, y ser respetado”. Incluso, dicha decisión no tiene que ser presumible. Es decir, el otro no puede concluir que porque no se le dio el consentimiento para ir un paso más, la relación no funciona. 

El sexólogo señaló que incluso en parejas estables debe existir consentimiento para cada una de las actividades sexuales. Que estén hace tiempo juntos y ya se conozcan, no quiere decir que las personas consientan cualquier acto en cualquier momento.

Valores sexuales. Cedrés manifestó que si bien la sociedad uruguaya ha dado pasos positivos respecto a estos temas, aún “queda mucho por recorrer”, dado que el machismo, el heterocentrismo y el coitocentrismo están muy enquistados. Advirtió que para ir rompiendo estas barreras, el camino es profundizar en la educación sexual, sobre todo entre los adolescentes. “La educación sexual en nuestro país ha avanzado mucho, hay gente que ha trabajado muy bien, pero siempre estamos cortos”, señaló.

En este sentido resaltó que en una cultura que busca habilitar la sexualidad sana y placentera, el principal derecho sexual debe ser el placer. Por esta razón, la educación sexual no puede estar enfocada en evitar el embarazo no deseado o el contagio de VIH, sino en habilitar el placer y bajo este enfoque, encarar lo otro. “Ser sano sexualmente quiere decir que tengo una actividad sexual que me realza como persona, que realza la comunicación con el otro y que saca mi mejor versión y la mejor versión del otro”.

Además de la educación sexual, el experto señaló que también es importante difundir e informar sobre estos temas a la población en general. “Toda población tiene un sistema de valores sexual y eso se construye. El consentimiento y el respeto por mí mismo tienen que ser dos de ellos. Entonces, hablar de estas cosas es fundamental, poner sobre la mesa el derecho de cada uno a decir que sí, saber que si no dijiste que sí, nadie te puede tocar”. Esto hace a la libertad sexual, al poder decidir libremente, sin violencia y sin coacción.

La violencia sexual no es solo física, también puede ser simbólica. A modo de ejemplo, Cedrés mencionó las amenazas, la falta de respeto, el miedo a lo que se va a comentar y la divulgación de fotos íntimas. “Si vos mandaste fotos íntimas y la persona no lo consintió, es un delito y es condenable socialmente”. De aquí la importancia de educar a los adolescentes al respecto para que sean cuidadosos de quién los filma, quién les saca fotos, cuándo, dónde y qué fotos publican ellos en sus redes sociales.

“El consentimiento es la mejor estrategia para la prevención de la violencia y del delito sexual”, afirmó. Si no se trabaja y educa en él, se corre el riesgo de seguir avanzando en el deterioro de la libertad individual, en el sometimiento y en el delito sexual. En definitiva, en el antivalor sexual, con todo lo nocivo que puede ser para nuestra sociedad.

Nadie puede tocar el cuerpo de otra sin permiso

Ante el caso de Rubiales y Hermoso, la Federación Española de Sociedades de Sexología de España, adherida a la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM), emitió un comunicado en el que señala que la manera en que la Real Federación Española de Fútbol manejó el tema, amparando a su presidente, demuestra lo “enraizados” que siguen estando los comportamientos machistas en la sociedad actual. “El consentimiento es un elemento crucial de cualquier encuentro sexual saludable, porque es fundamental respetar y valorar la autonomía y las elecciones de todas las personas. Ninguna persona puede tocar el cuerpo de otra sin permiso con independencia del tipo de relación que tengamos”, expresa el comunicado. La federación también subraya que el consentimiento es necesario para acciones como besos, abrazos, tocar cualquier parte del cuerpo, exponer genitales, tomar o compartir fotos o videos sexuales.

El consentimiento

En 2020, el libro El consentimiento de Vanessa Springora (Lumen), donde la autora expone la relación amorosa y ­sexual que mantuvo a los 14 años con el escritor francés Gabriel Matzneff cuando él tenía 50 años, causó mucho revuelo. Tanto que en aquel momento la Fiscalía francesa actuó de oficio e inició una investigación al escritor por presunta violación de menores, aunque el delito contra Springora ya había prescripto. Más allá de eso, Matzneff ya era conocido por sus relaciones sexuales con adolescentes, relatos que expuso en sus diarios íntimos, y ante los cuales el mundo intelectual de la época aplaudió durante años. Springora tardó más de treinta años en elaborar un discurso que le permitiera escribir sobre el tema del abuso del que fue víctima. Y aunque ella confiesa que sentía atracción por su abusador, la pregunta que deja planteada el libro es qué tan consciente y real puede ser el consentimiento sexual de una adolescente ante un adulto mayor. De todas maneras, tratándose de una menor, su consentimiento no era válido.