Ese período silenciado de la maternidad que llaman puerperio

En términos médicos el puerperio dura 42 días, mientras que desde la perspectiva psicológica abarca casi todo el primer año después del parto. En cualquier caso, se trata de un período de alta exigencia física y emocional que las madres suelen transitar en silencio

La sensación más inmediata de una madre que acaba de parir suele ser de alivio, bienestar, distensión. Atrás queda la etapa de embarazo y la incontable bibliografía consumida para transitarlo. En adelante, empieza otra, una que se percibe colectivamente como de pura ternura y felicidad. Como señala la psicóloga clínica, especialista en psicoanálisis y género Adriana Frechero, la construcción de la mujer desde ese momento “queda capturada en la sacrosanta representación de la madre casi como las madonnas renacentistas, la madre como signo de exclusivos sentimientos amorosos, abnegación, entrega, sostén vital, ternura”.

Los nacimientos están rodeados de halagos, festejos, regalos en abundancia, lluvia de consejos. Mientras tanto, la madre que acaba de parir empieza a atravesar los cambios más drásticos y desafiantes de, probablemente, toda su vida. Comienza la involución uterina, su vulva se edematiza, los músculos de su suelo pélvico se tornan flácidos y comienzan los loquios, una secreción de fluidos y tejido placentario que progresa durante aproximadamente un mes. Luego empieza —en la mayoría de los casos— la amenorrea, es decir, la ausencia de período menstrual. A la vez, su fisiología se prepara para la lactancia a través de cambios abruptos en los niveles de hormonas como la prolactina y progesterona, por mencionar solo unos pocos de los primeros cambios. Y así, entre transformaciones abruptas en su cuerpo, el bebé llega a los brazos de su madre para pasar a depender completamente de ella.

Todo este conjunto de grandes desafíos para su cuerpo y psiquis está comprendido dentro del puerperio, una etapa que toda madre atraviesa y de la que muy poco se habla. Para muchos, es el gran olvidado en el mundo de la maternidad.

Natalia Villanueva tenía 29 años cuando fue madre por primera vez y jamás había escuchado esa palabra. Pensaba que sería la única de todas las madres de recién nacidos del planeta que se acostaba a dormir entre lágrimas. “Era un desconocimiento total. Sentía tristeza muchos días, me acostaba a dormir y lloraba, liberaba todo. Empecé a ver qué importante era cuidar a la madre en ese período. Muchas veces no me bañaba, no me peinaba, y es imposible que una lleve una crianza saludable desde un lugar de no darle importancia a lo que a una le está pasando”, relató a Galería.

Efectivamente, el puerperio es un período en el que las expectativas e imágenes idílicas en torno a la maternidad se chocan de frente y sin previo aviso con la realidad, una que indica que entre un 50% y un 80% de las nuevas madres experimentan lo que se denomina como baby blues o tristeza posparto, según datos del Manual para la atención a la mujer en el proceso de embarazo, parto y puerperio del Ministerio de Salud Pública. Este estado se caracteriza por una confusión generada entre el gozo por el nacimiento del hijo con la adaptación al nuevo rol de madres y las exigencias físicas y psíquicas que de golpe recaen sobre ella. A su vez, un 16,5% de las madres de niños mayores a seis semanas y menores de un año en Montevideo presenta síntomas de depresión, indica el primer estudio sobre la prevalencia de depresión materna en el primer año posparto realizado en 2011 en los servicios de salud públicos y privados de la capital.

Claudio Sosa, presidente de la Sociedad Ginecotológica del Uruguay, subraya que “es un período de mucha vulnerabilidad y fragilidad”. Lo compara con el delante y detrás de escena de una obra de teatro: “A veces se van las visitas y las vemos llorando, es bastante frecuente. Es todo un shock por el cambio drástico que tiene en el puerperio”.

Para diagnosticar la depresión puerperal en el mundo se utiliza la Escala de Edimburgo, una herramienta creada en Escocia en 1987 que consiste en una serie de preguntas para evaluar la condición emocional de las madres. En Uruguay, esta escala se emplea en los controles puerperales cuando existe algún indicio de depresión posparto.

En términos médicos, el puerperio es una etapa que dura 42 días, tiempo que tarda el cuerpo en retornar fisiológicamente al estado previo al embarazo, algo así como “desembarazarse”. Las argentinas Julieta Puleo y Sabrina Graña son las fundadoras de AyMamucha, una comunidad en redes sociales que busca apoyar la experiencia de las mujeres en la maternidad. Consideran que “nada es acertado” en la definición médica de puerperio: “Ni los órganos vuelven a su estado ‘original’, ni el puerperio dura 45 días, pero sobre todo, la mujer nunca jamás vuelve al estado anterior a la gestación. Es una definición que no hace más que causar un daño gravísimo en quienes acabamos de transformarnos para siempre e ingresamos en la maternidad esperando algo tan distinto a lo que en verdad sucede”, señala Graña.

Desde la perspectiva psicológica, de hecho, el puerperio es mucho más extenso y abarca gran parte del primer año de vida. Según Frechero, se trata de una etapa de alta exigencia física y emocional, de gran vulnerabilidad, cargada de sentimientos ambivalentes que no son todo el tiempo de felicidad; hay temores e inseguridades, alegrías y agobios, y esto se contradice con el imaginario acerca de cómo debe ser una buena madre. A esto se le suma la culpa que sienten las madres al experimentar vivencias alejadas a ese ideal de alegría y felicidad, lo que las lleva a transitarlas en silencio. A esto se refiere la española Esther Vivas en su libro Mamá desobediente: “A las mujeres no nos está permitido hablar de la dureza de la maternidad y el posparto porque nos tildan de malas madres. Se espera que estemos enamoradas de nuestro bebé, siempre disponibles y felices”.

De entrada, los especialistas sostienen que la reciente madre atraviesa un “microduelo” al encontrarse con un recién nacido muy distinto al de los sueños y fantasías, que tiende a parecerse más al que tiene la vitalidad y el tamaño de uno de tres o cuatro meses. El bebé real, en cambio, es un pequeño ser humano frágil, arrugado y que llora sin parar.

Olvidadas. Nada es casual. No se habla del puerperio como tampoco se hablaba antes de la menstruación, ni de la menopausia o la sexualidad femenina. Frechero asegura que “en nuestra cultura, los temas vinculados al cuerpo femenino fueron históricamente silenciados” y asociados a valores como impureza y suciedad, algo que generó como consecuencia sentimientos culposos y avergonzantes en las mujeres. “Estos procesos de cambios en la fisiología femenina y sus efectos psicológicos, tan mal valorados, remiten al campo reproductivo y a la sexualidad de las mujeres. Las connotaciones negativas son un modo de disciplinamiento y control sobre ellas, a través de las miradas higienistas”, concluye la psicóloga, integrante de la Coordinadora de Psicólogos del Uruguay. Para Frechero, hablar y conocer más las diversas experiencias de puerperios es animarse a resquebrajar este ancestral mito de la mujer-madre y ser más libres a la hora de transitarlo.

Graña y Puleo, socias de AyMamucha, dieron unos cuantos pasos más e impulsaron el Día del Puerperio (el primer miércoles de agosto) en Argentina, declarado oficialmente en la provincia del Chaco. “El hecho de que podamos identificar un Día del Puerperio nos va a permitir echar luz sobre un tema que la sociedad invisibiliza porque incomoda”, indica Graña.

Uno de los signos psicológicos más fuertes de este período es “la descentralización del yo”, indica Frechero. “El corrimiento de sí misma que realiza la madre para darle un espacio psíquico y afectivo al recién llegado”. No dormir, no bañarse, no alimentarse adecuadamente son solo algunas de las manifestaciones de abnegación en esa etapa. Tras el parto, las mujeres batallan en solitario con su estado de fragilidad y desgaste ante las exigencias del nuevo rol, mientras el entorno las relega para centrarse únicamente en el recién nacido. Así lo sintió Villanueva: “Después del embarazo pasé a un ultimísimo plano. Yo también necesitaba dormir. A partir de que vos estás bien, que tenés lo básico y suficiente para descansar, un baño, comida calentita, podés criar de manera sana, con una especie de liviandad. Es muchísima la carga y el estrés de criar a una persona en condiciones de invisibilidad”.

Sosa advierte sobre la importancia de asistir a los talleres de parto y puerperio, y de acceder a información adecuada y de calidad para disminuir la incertidumbre.

Del romanticismo a la frustración. A veces, un asesoramiento en lactancia vale mucho más que 20 diseños diferentes de bodies para el bebé. De haberlo sabido, cuántas madres hubieran evitado la frustración de tener que lidiar con algo que parecía tan intuitivo y pleno como la lactancia. En realidad, se trata de uno de los procesos más idealizados y a la vez complejos del puerperio biológico y psicológico. La acción de amamantar se espera con mucha expectativa y es, en muchos casos, una fuente de ansiedades. “A veces es frustrante para algunas mamás que les cuesta que les salga leche; a veces el calostro (primera leche producida por el pecho) cuesta, a veces no tienen leche, o la ven muy clara y piensan que es mala. La lactancia es un período increíble pero sin dudas es un cambio fisiológico en el que a veces el recién nacido no se adapta rápidamente”, explica el presidente de la Sociedad de Ginecotología del Uruguay. Muchas madres se sienten frustradas ante una succión fuerte que les provoca dolor y hasta lesiones que le impiden seguir amamantando. El Ministerio de Salud Pública considera que toda mujer tiene el derecho a decidir si amamantar o no, y apunta que el personal de salud tiene el deber de informar a las madres sobre el proceso de lactancia, sus beneficios y las otras alternativas de alimentación que existen.

La sexualidad es otro de los temas poco abordados durante el puerperio. Sobre este punto, la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo, directora del Centro Sexológico Plenus, sostiene que culturalmente no se asocia a la mujer embarazada y luego del parto como un ser erótico, sexualmente activo, capaz de sentir deseo o necesidad de experimentar placer. Entiende que los profesionales del sistema de salud en general no cuentan con formación especializada en salud sexual, a la vez que las pacientes y sus parejas pueden sentirse avergonzados de expresar sus inquietudes. “Temen ser juzgados, y no sienten quizás la habilitación del profesional”.

Aunque las vivencias serán diferentes para cada mujer y pareja, los cambios más notorios de la función sexual durante el puerperio son la disminución del deseo, dificultades para la excitación, la lubricación y el orgasmo, y la presencia de dolor coital debido a la sequedad vaginal producida por los bajos niveles de estrógenos. Son alteraciones que pueden pronunciarse en el último trimestre del embarazo y extenderse hasta los seis meses durante la lactancia. Pombo señala que la influencia de la lactancia en la sexualidad posparto es un tema “muy debatido y poco estudiado”. “Se ha observado que las mujeres que amamantan se quejan de escasa lubricación, dolor en el coito, necesitan más tiempo para recuperar su deseo sexual y reanudar las relaciones sexuales. No está muy clara la causa, parecería que inciden varios factores, como los hormonales, la relación de la mujer con su cuerpo, la relación de pareja y la exclusión de las mamas como zonas erógenas, destinadas durante la lactancia solo a la función nutricia”.

Tras el parto, el tiempo biológico estipulado para el reinicio de las relaciones sexuales es de 40 días, aunque puede variar dependiendo de aspectos psicológicos, orgánicos y del restablecimiento del deseo de cada mujer. Luego, es posible retomar con anticonceptivos específicos para el período puerperal. La especialista subraya la importancia de ampliar el repertorio de estímulos sexuales en la pareja, más allá de la penetración. “Si se desaconsejara el coito vaginal durante el embarazo o puerperio, eso no implica que no se pueda tener relaciones sexuales. Los estímulos no falocéntricos o coitocéntricos pueden prodigar igual o más placer sexual para ambos”, indica.

El cansancio, el estrés, la falta de sueño reparador, la atención focalizada en el recién nacido, los cambios en la imagen corporal (que a muchas les resulta poco atractiva), sumado al temor al dolor, son algunos de los factores psicológicos que más se ven en las mujeres que consultan. Además, hábitos como el colecho —cuando el bebé duerme con los padres—, entre otros, conspiran contra la intimidad de la pareja, agrega Pombo. “Observamos en la consulta que dificulta la recuperación de la respuesta sexual de la mujer y la reconexión erótica de la pareja”.

Otro de los mayores desafíos para las madres recientes durante el año de puerperio es el regreso al trabajo. Dominan la culpa, la sensación de abandono temporal del bebé y ansiedad que puede llegar a convertirse en depresión. Es frecuente que en esos momentos se genere un conflicto entre sus aspiraciones laborales y los ideales de maternidad con los que aún carga. Frechero entiende que si bien se avanzó en el marco legal con nuevas normativas en el mundo del trabajo, los esfuerzos son aún insuficientes. Se necesitan redes de apoyo social y comunitario “reales” a la hora de pensar en las crianzas; más varones comprometidos con sus paternidades y mayores licencias para ellos. “Necesitamos asumir que estamos en una transición de paradigmas en cuanto a las subjetividades maternales y paternales, con nuevos ideales y formas de ejercerlos. Necesitamos cambiar la mirada y concebir una fuerte corresponsabilidad del colectivo en la crianza, porque el bebé será un futuro integrante de la comunidad, un ciudadano”. A partir de sus vivencias durante el puerperio, Natalia Villanueva creó Puérpera Mía, un emprendimiento que se enfoca en brindar productos y servicios específicos para el cuidado de las madres durante esta fase de su vida (ver recuadro). Ahora, como madre de dos hijos se embandera con una frase: el cuidado del bebé empieza con el bienestar de la mamá. 

Un mimo para la mamá

Tras su primer puerperio, Natalia Villanueva fundó Puérpera Mía, un emprendimiento que se enfoca en la atención y el cuidado de las madres durante ese período mediante información en sus redes y “kits salvadores” de productos para el posparto, como apósitos, protectores mamarios, geles para la lactancia, compresas. El armado de los kits es personalizado, según la necesidad de cada madre, y cada uno ronda los 1.500 pesos. “El kit tiene todo lo que fui viendo en el mercado que podía solucionar una necesidad, y por lo menos sentir: ‘alguien pensó en mí, alguien me mimó, esto es para mi bienestar’, porque necesitás estar bien vos para poder cuidar a tu hijo”, subraya.

Puerperios reales

Sabrina Graña describe cómo fue su primer posparto: “Sentí que alguien me había arrojado fuera del mundo, que seguía girando sin notar que yo ya no estaba ahí. Me sentí sola, incomprendida, triste, ansiosa, con muchas dudas y miedos que muchas veces me daba miedo expresar. Se suponía que estaba viviendo los días más felices de mi vida, y yo no siempre me sentía así. No entendía nada”, subraya. Sintió que su identidad cambió de la noche a la mañana. Incluso llegó a sentirse al borde de la locura, hasta que supo que no estaba sola, que el sentimiento era tan frecuente como reprimido.

Julieta Puleo, socia de Graña en AyMamucha, cuenta que estaba convencida y decidida a tener un parto vaginal. Finalmente, tras 30 horas de trabajo de parto, tuvo a su hijo por cesárea. “Cuando volvimos a casa, la primera noche lloré un montón. Estaba muy feliz de estar con mi hijo, al mismo tiempo muy asustada y muy dolida por la experiencia. Estaba muy frustrada y enojada. Después se suma lo que nos pasa a todas: un amor infinito, que duele. Decís: ‘no puedo amar tanto a una persona’. Da miedo, empezás a tener miedo de que le pase algo, o que le pase algo que no sepas, y qué hacés sin ese ser humano si pasa algo. Toda esta sensación de felicidad y de muerte en algún punto, porque ya no sos la que eras, y eso empieza a invadir el cuerpo”.