Silvina Tocchetti: “Creemos que podemos con todo y tenemos cero respeto por los procesos del cuerpo”

La licenciada en medicina nutricional y especializada en medicina funcional advierte sobre cómo la forma en que nos relacionamos con el medio ambiente influye en la generación de enfermedades crónicas

En el mundo se calcula que el 50% de los adultos tiene al menos una condición de salud crónica. En más del 80% de los casos, esas enfermedades están causadas por factores relacionados con el estilo de vida y el entorno, como por ejemplo, la alimentación y el estrés. Para atacar estas causas y modificar los factores, surge hace más de 30 años la medicina funcional y de estilo de vida, un campo de la salud basado en la evidencia y últimos descubrimientos científicos. Silvina Tocchetti hace más de 20 años que viene trabajando en esta especialidad en Uruguay y se ha convertido en una referente para la región. Licenciada en Medicina Nutricional (Reino Unido), especializada en Medicina Funcional (Estados Unidos) y licenciada en Psicología Clínica (Uruguay), crea en 2010 Mindlatam, el primer centro especializado del Cono Sur. “El objetivo final, aparte de que la persona mejore y se sienta bien, es que inicie un proceso de autoconocimiento de su cuerpo y que lo vaya entendiendo”, dijo a Galería, a pocos días del ciclo El arte de crear salud, que ofrecerá en Cultural Alfabeta los miércoles 30 de agosto y 4 de octubre a las 9 horas.

¿Qué es la medicina funcional? 

Trata los desórdenes crónicos. La definición de medicina funcional y estilo de vida es el estudio de la individualidad bioquímica, fisiológica y psicológica en relación con tu genética y el medio ambiente. Basado absolutamente en ciencia y en los últimos descubrimientos científicos, pero también en la práctica clínica, que es a lo que llaman evidence based medicine (medicina basada en la evidencia). Por eso la medicina funcional es complementaria con la medicina convencional. El concepto que todos tenemos de lo crónico es que es para toda la vida, pero en realidad lo crónico es lo que tiene largo tiempo de gestación. No es una enfermedad infecciosa o un virus. Las cuestiones crónicas pueden ser desde un estreñimiento o diarrea no infecciosa, hasta cuadros de alergias, temas de ansiedad o depresión, dolores de cabeza y migrañas, problemas menstruales, hasta temas más complejos como cardiometabólicos inmunológicos y los autoinumune neurológicos, como son el Alzheimer, Parkinson o enfermedades degenerativas. También, por supuesto, el cáncer. Todo eso no surge de un día para el otro, todo eso demora tiempo en gestarse y en visualizarse.

¿Cómo trabaja la medicina funcional? 

Casi nadie tiene una salud óptima, más bien la mayoría tenemos una salud disfuncional. No todos los que me consultan tienen una patología o un síndrome. Viene mucha gente que me dice: tengo dolor de panza, tengo gases, me duele la cabeza, estoy sin energía, no tengo foco mental, tengo colon irritable, mi pelo está horrible. Un montón de quejas que molestan la calidad de vida. A veces están medicados, pero su salud sigue siendo disfuncional. Si lo dejamos así, se empieza a generar una patología. Entonces, nuestro planteo es que tenemos un muy buen sistema que trata la enfermedad, pero no tenemos un sistema que trate la salud. Para devolver salud, lo que nosotros hacemos es trabajar, mejorando la calidad de tus células, de tus tejidos, de tus funciones. Y optimizar todo eso para que todos tus sistemas en conjunto empiecen a funcionar y te lleven a la salud óptima. Nosotros no tratamos enfermedades, creamos salud.

¿Por eso tiene mucho que ver con la prevención?

Exacto. Si toda esa cantidad de factores no están bien diagramados para la persona, se empieza a afectar su calidad de vida, sus tejidos, células, funciones y empiezan a generar las bases para desórdenes crónicos.     

El hecho de que esté relacionada con la genética y con el medio ambiente hace de la medicina funcional algo muy personalizado.

Totalmente. Podríamos decir que es el estudio del vínculo de la persona con el medio ambiente y cómo afecta en sus genes. Todo esto se estudia de forma individual, en largas entrevistas y mediante análisis que mandamos a hacer al exterior, los cuales estudian toda la individualidad metabólica, gastrointestinal, pero que no buscan diagnosticar. Eso lo hace la medicina convencional. Nosotros no diagnosticamos. 

¿Qué hacen exactamente? 

Buscamos comprender cómo está funcionando y qué es lo que no está funcionando bien. Pero el hecho de que no esté funcionando bien, no necesariamente quiere decir que hay una presencia de patología. Por ejemplo, si el paciente me dice: “Tengo distensión abdominal, tengo gases, un día tengo diarrea y al otro día tengo estreñimiento, todo me cae mal”, lo que nosotros hacemos es unir eso al resto de su historia y al resto de su sintomatología. Porque lo más probable es que me diga que también le duele la cabeza, está falto de energía y que sale apurada de su casa y después toma mate todo el día. A partir de eso, empiezo a buscar la causa, me apoyo en análisis científicos funcionales, que me van a contar cómo esa persona digiere, cómo procesa, si tiene falta de nutrientes, cómo están las membranas del intestino, etc. Con todos esos datos, hago una intervención para ir reparando ese estado de disfunción. Todo esto con cambios en el estilo de vida y trabajando también con nutrientes, suplementación y alimentación. 

¿Cómo la medicina funcional complementa a la alternativa? 

Supongamos que viene a la consulta un paciente con ansiedad y problemas gastrointestinales. Lo más seguro es que esa persona ya venga medicada y que la trate su médico, que está bien. Nosotros vamos a empezar a trabajar desde abajo, a construir salud. Veo mucha gente que cuando empezamos a trabajar, baja el colesterol, se le van las migrañas o dejan de tener síntomas gastrointestinales, entonces, seguramente el médico considere que ya no hay necesidad de medicar. La medicina convencional entra porque la persona no puede más con esos síntomas y la herramienta que hay (para calmarlos) es la medicación o la cirugía. Lo que hace es evitar que la persona siga padeciendo dolor o molestias. Pero si el paciente, por ejemplo, no quiere seguir generando colesterol y tomando medicación para bajarlo, hay que buscar las causas. Para eso está la medicina funcional, que está explotando en el mundo y lentamente está convirtiéndose en nueva tendencia. 

¿Por qué hoy tanta gente sufre disfunciones gastrointestinales, como por ejemplo, colon irritable?  

Hay muchos temas que se cruzan. El intestino es el lugar que procesa los alimentos y estos pueden ser de mejor o de peor calidad. En la época de nuestros abuelos, el alimento era más puro, directo de la granja, se cocinaba más en casa, con menos conservantes. La tierra también se trataba con menos agroquímicos. Después hubo un pico de empeoramiento, que sigue, pero ahora también hay gente que se preocupa mucho y que come de una manera que parece un laboratorio. Por otro lado, nosotros procesamos todo lo que vivimos. Si yo almuerzo apurada, con siete u ocho mensajes de WhatsApp, con el input de energía que me viene de las personas que me escriben, que me hacen pedidos urgentes y sabiendo que estoy llegando tarde a una reunión, todo eso es información que el cuerpo también está digiriendo. Desde el momento en que estamos en estado de alerta, nuestro sistema nervioso simpático está totalmente estresado y el parasimpático, que es el que regula la digestión, está cortado. ¿Te acordás cuando nos decían no te bañes en la piscina porque te corta la digestión? Es lo mismo. El tema es que ahora creemos que podemos con todo, entonces hay cero respeto a los ritmos de las personas y a los procesos del cuerpo. No le damos tiempo y es importante. Entonces, el sistema digestivo corta la digestión y empezamos a digerir mal. Fermentamos, nos inflamamos, producimos gases. 

El intestino trabaja en conjunto con el cerebro, incluso se dice que es el segundo cerebro. ¿Cómo hacer para que esa relación funcione bien? 

Sí, el intestino es nuestro segundo cerebro porque en él se junta una parte muy grande del sistema nervioso y del sistema inmunológico. Por eso es importante en qué contexto yo ingiero, darle un espacio a la comida y a la mente también. Entonces, si yo estoy todo el tiempo en un proceso digestivo asimilativo, porque vivo comiendo y picoteando, la cabeza no tiene la suficiente irrigación, ni energía porque está toda concentrada en el proceso digestivo asimilativo. Cada cosa tiene su tiempo y su lugar. 

¿Por eso es que no es bueno comer entre horas, a no ser que te lo recete el médico?   

Exacto. El intestino es el centro procesador del cuerpo, por eso está absolutamente ligado a lo que sucede en la cabeza y en el corazón, a todo lo que pesa emocionalmente. Eso fue lo que me hizo estudiar Psicología, darme cuenta de que en los desórdenes crónicos más importantes el factor psicoemocional es crucial. Es raro que cuando viene un paciente, aunque no me lo plantee, no haya un tema psicoemocional metido en el medio, consciente o inconsciente. Durante algunos años, lo traté yo como psicóloga, pero hoy los superviso y los derivo. 

¿Llega a haber una curación total? 

El objetivo final, aparte de que la persona mejore, se sienta bien o entre en remisión, es que inicie un proceso de autoconocimiento de su cuerpo, de cómo funciona, cuáles son los síntomas, y que lo vaya entendiendo. Dependiendo del grado de sintomatología o de la patología que tengas, puede haber una curación total o una remisión. En el caso de desórdenes, que ya son patología, que involucran un cambio estructural en el cuerpo o que afectan a un órgano, hay que ver hasta qué punto podés ayudar o entrar en remisión. Entrar en remisión para un autoinmune, por ejemplo, significa lograr que bajen sus anticuerpos, que no haya empujes, que la persona esté bien, incluso sin tomar medicación. Pero si esa persona pretende volver a su antigua vida, probablemente, vuelvan los síntomas. ¿Eso significa que no se curó? No, significa que la salud de sus células y de sus órganos tiene que ver con lo que come, con lo que piensa, con su estilo de vida. Si tú le das otra información, la predisposición va a ser manifestarse nuevamente. La persona tiene que entrar en remisión y sentirse brutal, pero con cambios en su estilo de vida. Al principio son terapéuticos e intensos, se los indicamos nosotros. Después se afloja y es más llevadero. Hay que mantener. 

En definitiva, muchas de las patologías que se están viendo ahora tienen que ver con la manera en que vivimos.

Lo dice hasta la Organización Mundial de la Salud, desde el 70% al 80% de los desórdenes crónicos no se deben a enfermedades transmisibles, o sea, infecciosas, sino a desórdenes del estilo de vida acumulados en el tiempo y por supuesto haciendo sinergia con tu carga genética. 

Un ciclo sobre bienestar, energía y calidad de vida

El arte de crear salud es el ciclo de Encuentros Life que Silvina Tocchetti ofrecerá el miércoles 31 de agosto y el miércoles 4 de octubre en Cultural Alfabeta, a las 9 horas. El primer encuentro denominado El verdadero poder detrás de tu ADN se centrará en el poder que tenemos de crear nuestra calidad de vida, respetando nuestros genes y derribando mitos. El segundo se titula Claves para potenciar nuestro diseño celular y abordará los diferentes factores que impactan en la salud de nuestras células. Además, presentará los últimos avances en rejuvenecimiento celular y su impacto en la calidad de vida y longevidad. “Somos constructores de nuestra vida, de nuestras elecciones y por ende de nuestra propia salud. Podemos elegir cocrear, construir y cambiar”, señala Tocchetti en la presentación del evento.