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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn su última columna (Búsqueda 3/Feb/22) el periodista Andrés Danza reflexiona sobre la resistencia a los cambios que en forma especial tenemos los uruguayos. Su análisis se centra en los cambios políticos que experimentamos en 2004 y en 2019. Nada es más constante e inevitable que el cambio, en todos los órdenes imaginables, la experiencia —y la historia— nos indica que estos se producen siempre, lo que cambia es el momento y las circunstancias. Estos se pueden liderar y crear círculos virtuosos que mejoren nuestra calidad de vida, o frenarlos hasta que irremediablemente se produzcan, muchas veces con costos no deseados. Nuestro país tiene que asumir, discutir y diseñar cambios urgentes en varias áreas, el gobierno debe trabajar en la reforma del Estado, que, según el presidente Vásquez, era la madre de todas las reformas, educación —recordar las palabras de Mujica en su discurso de asunción—, abarcando todos los órdenes incluida la investigación científica, previsión social, régimen laboral con foco en el desempleo y la adecuación del salario mínimo, entre otros; me detengo un minuto y menciono: España, PBI per cápita, US$ 27.063,00, salario mínimo 1.000 euros, $ 50.000,00. Uruguay, PBI per cápita US$ 15.438,00, salario mínimo nacional $ 19.364,00. Que los economistas lo expliquen. Y nosotros como sociedad sumar a la tan necesaria y justa agenda de derechos su correlacionada agenda de deberes y responsabilidades, asumir y cambiar la actual priorización del ocio volviendo a dar valor al esfuerzo, trabajo y estudio, que nos conduzca por un camino de superación personal y dándoles movilidad social ascendente a nuestros jóvenes. Los cambios tienen distinta génesis, pero en general hay líderes que los generan y conducen. Aquí es a donde quiero llegar con esta carta, muchos de los cambios imprescindibles en nuestro país deben ser liderados por nuestros políticos, en forma especial por quienes ocupan cargos de gobierno. La realidad es que la gran mayoría de los políticos, de todos los partidos, dependen de su relación con el Estado para vivir y tener esa tan atrapante cuota de poder. Esto hace que sus esfuerzos estén dirigidos a permanecer o volver, en aquellos casos de pérdida de cargos y privilegios. Vivimos en campaña electoral permanente, donde se sabe muy bien cuáles son los cambios que se deben diseñar y liderar, pero como los conservadores charrúas nos aferrarnos a nuestra defensa a ultranza del corporativismo estatal, nos oponemos a todo, sí, a todo, sin importar si nos beneficia, a modo de ejemplo, tenemos la portabilidad numérica. Nadie está dispuesto a afrontar el costo político de liderar cambios profundos, a esta altura muchos de ellos imprescindibles e impostergables, porque este costo se paga con menos votos, o sea menos cargos, menos posibilidad de ocupar el sillón de Don Fructuoso. Los políticos son rehenes del sistema, y por ende nosotros también, el país pasa a ocupar un lugar muy alejado de las prioridades. A modo de ejemplo, con los problemas que debemos afrontar y solucionar, nos ocupamos de si un intendente quiso reencontrarse con una exnovia, si un senador pagó la contribución, dónde veranean los políticos de izquierda, y podría seguir y seguir. El problema es claro, debemos generar cambios que hagan que nuestros políticos roten, no se profesionalicen, que mientras ocupen cargos trabajen por el país. Un camino sería eliminar la reelección indefinida, que condiciona a nuestros políticos a vivir en permanente campaña electoral y no liderar los cambios necesarios por el costo político (menos votos) a los que se arriesgan. Una opción sería que quien obtenga una banca o la ocupe por más de seis meses no pueda postularse en los próximos comicios, además si ocupó cargos de “asesor” o de particular confianza por más de seis meses, en el período anterior, tampoco se pueda postular. Tenemos muchos jóvenes que pueden ocupar las bancas y cargos de gobierno. Entre mis amigos sostengo que esta época no es muy distinta a la Edad Media, donde condes, príncipes, duques, regentes y otros aristócratas con títulos nobiliarios gobernaban, hoy esos títulos son senador, diputado, ministro y algún otro, que acaparan poder y saben muy bien qué es lo que el país necesita, pero la esgrima electoral no les permite hacer y luego dar un paso al costado. No creo en los iluminados ni en los imprescindibles, respeto el talento, la formación, la actitud, el sacrificio y tener como faro en la vida ser una buena persona.
Daniel H. Báez