N° 1854 - 11 al 17 de Febrero de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando en una organización algo sale mal, la primera pregunta que surge es: ¿quién fue? Se busca encontrar alguien que cargue con las culpas. Si cambiando personas se resolvieran los problemas, sería algo bastante sencillo manejar una empresa. Pero la cosa es más compleja.
Las investigaciones y la experiencia muestran que la mayoría de los fracasos de las personas en las organizaciones no son por sus propios deméritos, sino porque en la organización no hay una clara estrategia con metas y un camino para alcanzarlas y tampoco cuentan con la estructura organizacional, logística o física para ejecutar en buena forma.
Y es lo que está pasando en Ancap, donde luego del desastre de la gestión Martínez, Sendic, Coya, el presidente Vázquez cree que cambiando directores y gerentes va a conseguir mejores resultados. Pero está profundamente equivocado.
Ya hemos citado varias veces a Larry Bossidy y su libro “Executivo”, donde dice que en toda organización corren en forma simultánea tres grandes procesos: 1) el proceso de la “estrategia”, que implica entender cuál es la razón de existir de la empresa, su propuesta de valor y cómo piensa crear una ventaja competitiva sustentable en el largo plazo. 2) El proceso de las operaciones o la “estructura”, con la finalidad de darle forma y soporte a la estrategia, como ser: una estructura jurídica acorde al negocio, la estructura organizacional y la forma en que se toman las decisiones, las estructuras físicas de fábricas, bodegas, equipos y hasta la estructura de soporte informático. Y el tercer proceso es el del “personal”, para asegurarse de tener a las personas adecuadas a la estrategia y que sepan utilizar la estructura dada.
El problema de Ancap no se resuelve cambiando gente; se resuelve cambiando la estrategia del ente (para qué existe) y su estructura (organización monopólica).
Para empezar, Ancap no tiene ninguna razón de ser ni de existir como “empresa”. Nunca será competitiva en la refinación de petróleo porque la refinería de La Teja es muy pequeña y este es un negocio que requiere grandes escalas para ganar dinero por volumen.
Pero aun pudiendo producir un combustible barato, jamás lo van a vender barato, porque al ser un monopolio, el monopolista busca el maximizar su renta monopólica, es decir, abusarse de sus clientes cautivos (más esclavos o rehenes que clientes) y así obtener ganancias que jamás obtendría en un régimen de libre competencia.
Por otra parte, como no tienen una estructura de evaluación del desempeño para ninguno de sus directores (políticos), ni para sus gerentes, cualquier mala inversión, cualquier mala decisión como las pésimas que han tomado, no tienen ninguna consecuencia. Por lo tanto, da lo mismo hacer bien que hacer mal, ganar plata o perderla.
Para despedir a un empleado público se tiene que reunir el Senado de la República, luego de un proceso de meses o años para demostrar “omisión, ineptitud o delito”, cosa que casi nunca se logra. Conclusión: cualquier inepto o mediocre puede flotar como gerente del ente petrolero sin que lo descubran.
Ancap no va a mejorar un ápice cambiando a directores y gerentes de “la barra” de Sendic por otros de ¨la barra” de Astori (y tampoco si traen a los mejores gestores del mundo). Ancap va a mejorar el día que deje de ser un monopolio, el día que sus empleados dejen de ser inamovibles, el día que su principal misión no sea ser un instrumento de recaudación feroz para llenar las arcas de un Estado insaciable o tapar los grotescos errores que cometan los gobernantes de turno, o el día que los ciudadanos les exijan a los responsables de la cosa pública, profesionalismo y resultados de gestión.
Y ese día, bajo la égida del Uruguay culturalmente estatista, nunca llegará.