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    ¡Cómo cambian las cosas!

    Nº 2180 - 30 de Junio al 6 de Julio de 2022

    Saben bien nuestros habituales lectores que las letras de los clásicos tangos de la insuperable década de los 40 han sido pródigas para proveer de títulos a varias de nuestras columnas. Y la frase que encabeza la presente forma parte de la letra de Como dos extraños, obra de la siempre inspirada pluma de José Ma. Contursi. Bien que con la precisión de que el dolido protagonista de ese amor perdido, que trata vanamente de reconquistar, alude al inexorable cambio que produce el paso de los años, en tanto el que enfocaremos seguidamente se ha producido en un tiempo sensiblemente menor: apenas en lo que corre del presente mes.

    En nuestra última columna habíamos hecho notar la peculiar circunstancia de que ambos equipos grandes, después de estar casi desahuciados al promediar el Torneo Apertura, llegaron casi parificados a la última fecha y hasta con la chance —aunque remota— de pelear por el título en disputa (la que ambos se encargaron de tirar por la borda, cerrando con sendas derrotas sus respectivos compromisos). Así las cosas, al concluir dicho torneo la diferencia en el puntaje entre ellos era apenas de dos puntos en favor del equipo tricolor. Sin embargo, ese panorama de relativa paridad se ha visto radicalmente alterado en estas primeras jornadas del Torneo Intermedio. Ubicados en dos grupos diferentes, Nacional ha ido sumando de a tres en el suyo (ganó todos los partidos que disputó ante Defensor Sporting, River Plate y Danubio), en tanto Peñarol solo ganó uno (ante Deportivo Maldonado en la segunda fecha) y perdió ante Montevideo City Torque y ante Liverpool. Y como fiel reflejo de esta disímil realidad, en la tabla anual (o acumulada), que tanto importa para definir el campeón de la temporada, aquella pequeña ventaja inicial que Nacional le llevaba a Peñarol se fue ampliando considerablemente y ahora son ocho los puntos que los separan. Lo que permite demostrar a esta altura —y parafraseando el título de esta columna— ¡cómo cambian las cosas el tiempo!

    ¡Lo de Peñarol es harto preocupante! Existe una alarmante declinación en su rendimiento si se compara con el que tuvo en la temporada anterior. Lo que puede explicarse, en muy buena parte, con las numerosas bajas que ha tenido su plantel en estos últimos tiempos, las que la dirigencia (y quienes tienen la específica misión de asesorarla en lo estrictamente futbolístico) no han logrado subsanar adecuadamente. No tanto en el sector defensivo, el que, aún sin convencer del todo, y al influjo de un gran momento del arquero Dawson, se ha desempeñado adecuadamente. Los problemas empiezan de allí hacia adelante, porque depende solo de lo que pueda aportar Gargano desde la media cancha, carece de un eficiente generador de fútbol ofensivo y, muy especialmente, ha demostrado una alarmante falta de goles, al punto de exhibir históricos registros negativos a ese respecto. Sin su goleador de los últimos tiempos Álvarez Martínez (transferido al exterior después de una sequía impredecible), sumado a las anteriores bajas de Facundo Torres y Cannobio, hoy Peñarol solo cuenta en ofensiva con la velocidad y desbordes de Laquintana (no siempre bien culminados) sin que las pruebas que se vienen realizando con varias promisorias figuras juveniles hayan tenido un resultado medianamente aceptable. Los goles convertidos muestran uno de los peores registros de la historia, a lo que se acumula un récord de tres derrotas seguidas en el Campeón del Siglo. Los hinchas aurinegros ya han perdido la paciencia y piden a gritos cambios en la dirigencia; los que no podrán llegar sino cuando haya concluido el actual certamen. Y por cierto Larriera ya no aparece tan firme en el timón de este barco escorado.

    Podría pensarse que la campaña de Nacional ha sido sensiblemente superior, pero —aunque pueda sonar extraño, por la ya apuntada apreciable diferencia en el puntaje— ello no ha sido tan así. Es cierto que su técnico Repetto ha podido, poco a poco, encontrar su mejor alineación y que merced a ello pudo resolver favorablemente varios partidos que se le presentaron muy complicados. Sin embargo, aún presenta baches e inconsistencias varias que deberá resolver cuanto antes. Es claro, empero, que esa muy sólida ventaja en la competencia interna iba a permitirle afrontar con una mayor tranquilidad su paralela incursión en el ámbito internacional, a partir del martes pasado con el partido de local ante Unión de Santa Fe, en los octavos de final de la Copa Sudamericana. Pero 48 horas antes ese auspicioso panorama pareció complicársele abruptamente por el inesperado contagio de Covid 19 de varios futbolistas que iban a ser titulares (Marichal, José Luis Rodríguez, Yonathan Rodríguez y Zabala); los que, por lo demás, habían resultado fundamentales para el repunte futbolístico del equipo. Y huelga decir que esas bajas imprevistas vinieron a ponerle una impensada dosis de incertidumbre al resultado de ese partido, que se consideraba vital para el futuro del equipo tricolor en dicho torneo.

    Sin embargo, el choque ante el equipo argentino vino a resolverse pronto en favor del dueño de casa. Mucho incidió para ello el prematuro gol de Fagúndez, cuando recién despuntaba el partido. Nacional se adueñó casi por completo de la iniciativa, cortando de raíz todo intento de reacción de su rival. Y a los 20 minutos llegó el segundo gol por parte de Lozano, que tomó con una formidable volea de sobrepique una pelota que había salido despejada del área rival tras un tiro de esquina. El rival quiso reaccionar pero no pudo, y eso pese a que Nacional aflojó el ritmo y no apuró las acciones en la segunda mitad desperdiciando incluso dos clarísimas situaciones de gol en los últimos minutos, que perfectamente pudieron dejar ya liquidada la serie antes de tener que jugar la revancha en Buenos Aires. Pero, aunque es probable que el rival crezca en su producción jugando en su propia casa, somos de la idea de que el equipo dirigido por Repetto tiene grandes posibilidades de sortear este primer escollo y esperar a ver cómo se dirime el pleito entre Olimpia de Paraguay y el Atlético Goianense para intentar acceder a los cuartos de final de esta edición de la Copa Sudamericana.

    Volviendo al plano local, es por demás claro que la situación que hoy se vive en ambos equipos grandes es radicalmente diferente. En tanto Nacional viene armándose de forma trabajosa, a medida que su técnico Repetto tiene más tiempo de trabajo, y sumando puntos en su haber, en la vereda de enfrente Larriera ve cómo paulatinamente se viene desmoronando lo mucho de bueno que había elaborado en el año anterior. Claro que aún queda mucho camino por recorrer. Sin olvidar que en esa competencia entre ambos equipos grandes, la historia reciente demuestra que suelen colarse algunos equipos chicos. ¡Y la última conquista de Liverpool es una clara muestra de ello!

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