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    ¡Cuando hay plata guardada en el banco!

    Nº 2194 - 6 al 12 de Octubre de 2022

    ¡No se les ocurra a nuestros habituales lectores pensar que vamos a hablar de economía! Obviamente que no. Entendemos poco y nada del tema (la materia específica en la Facultad de Derecho la aprobamos tras muchas vicisitudes) y en estas mismas páginas de Búsqueda hay muchos expertos en esa área.

    La alusión del título obedece simplemente a una frase muy común en el fútbol: la relativa tranquilidad con la que se encuentra un equipo, fruto de una exitosa trayectoria anterior, cuando los beneficios obtenidos en ella se le empiezan a escurrir paulatinamente de entre las manos. Y algo así es lo que hoy le ocurre a este Nacional. Desde hace un buen tiempo, el tricolor aparece al tope de las posiciones, tanto del Torneo Clausura como de la Tabla Anual o acumulada. En este actual certamen, tras perder su primer partido, fue luego, poco a poco, recuperando posiciones hasta acceder a la punta, aunque perseguido muy de cerca por varias de las instituciones menores (pero no, en cambio, por su tradicional adversario, Peñarol, que quedó visiblemente retrasado y sin chance de pelear por el título). Ocurre, sin embargo, que Nacional viene de una racha negativa de cuatro partidos sin ganar (entre ellos, uno por la Copa AUF Uruguay), por lo que, a solo cuatro fechas para la culminación del torneo, resulta aventurado pronosticar si finalmente se quedará con él. No obstante, tiene la tranquilidad de que nadie podrá birlarle la chance primaria de pelear por el título mayor del presente año, pues tiene a buen resguardo la indescontable ventaja que le lleva a sus escoltas en la Tabla Anual, que acumula los puntos de estas dos últimas temporadas.

    Este momento tricolor (el peor en lo que va del año, aunque se mantenga como líder del actual torneo) tiene algunas explicaciones. La defensa, uno de sus puntos fuertes, ha perdido consistencia con la venta de Marichal. Laborda no ha podido disimular su ausencia y, paralelamente, ha bajado el rendimiento del brasileño Coelho. En la mitad del terreno, Carballo suele ser el que más aporta (fue brillante su despliegue en el último clásico, por ejemplo) pero esa zona hoy otorga facilidades. Fagúndez se ha ido desvaneciendo en su tarea de crear fútbol, por lo que Luis Suárez debe bajar unos metros en el terreno y pierde gravitación en el área rival, que es donde más pesa (no ha podido anotar en los últimos partidos que ha jugado). Sumado a ello, Repetto (que con el correr de los partidos había logrado afirmar una oncena titular de auspicioso rendimiento) se ha visto obligado a ensayar diversas variantes en busca de soluciones que no llegan. Así, Trezza corre y lucha, pero aporta poco, Zabala aparece de a ratos y Cándido es mucho más proyectándose al ataque que marcando la punta. A lo que se agrega cierta tozudez del técnico, en no procurar —al menos como una prueba— un mejor acompañamiento para Suárez, como pueden ser Gigliotti o el propio Colorado Ramírez en una dupla ofensiva. Ha sido tan claro el bajón tricolor que, tras su agónico empate ante Fénix en la última fecha, estuvo a punto de perder la punta del Clausura, lo que no llegó a concretarse al día siguiente por el empate entre Deportivo Maldonado y River Plate, sus inmediatos escoltas. Sin perjuicio de esa merma notoria —que, en caso de mantenerse, puede comprometer su chance primaria—, tranquiliza a la gente tricolor saber que la indescontable ventaja, que hoy lo tiene al tope de la Tabla Anual, funciona como un sólido resguardo para la ulterior definición del título mayor de la presente temporada.

    Es radicalmente opuesto el panorama aurinegro. El paupérrimo rendimiento del equipo en las primeras fechas del “Clausura”, que determinó la intempestiva renuncia de su anterior técnico, Larriera, casi no ha mejorado con la asunción de su reemplazante Leonardo Ramos. Y ocurre que sus posibilidades en el actual certamen son hoy casi nulas, más allá de que en la reciente fecha recortara en algo la distancia con quienes le aventajan. Tras el agónico empate tricolor, son seis los puntos que ahora le separan del líder, con apenas 12 por disputar, pero ocurre que también tiene por delante a otros cuatro equipos (los dos ya nombrados, River Plate y Deportivo Maldonado, pero además Defensor Sporting y Danubio), lo que lo deja prácticamente sin posibilidades de terciar por el título en disputa. Tras perder de forma agónica ante MCTorque, el aurinegro logró ganar con justicia su último compromiso ante Wanderers, pero sin elevar mucho su actual pobre nivel de juego. Es que Ramos ha debido asumir la dirección técnica de un plantel mal estructurado por quien le antecediera en el cargo y no ha podido lograr —pese a su esfuerzo— enderezar el rumbo. Es bien sabido desde siempre que los torneos se ganan o se pierden en los períodos de pases, y debe convenirse que, en el de más reciente data, Peñarol estuvo muy lejos de potenciar un plantel seriamente raleado al haber perdido consecutivamente a varios de sus mejores exponentes. Salvo Rack y, en menor medida, Crisóforo y Kevin Méndez, las nuevas incorporaciones han aportado muy poco. Y de quien más se esperaba, que era Lozano (con el antecedente de alguna anterior convocatoria en la selección mayor), el fiasco ha sido mayúsculo, pues ni siquiera ha logrado exhibir el mayor atributo que se le adjudicaba, que era la potencia y la precisión de sus remates. Y cuando el técnico optó por otorgarles una oportunidad a algunos juveniles promisorios, como Alonso, Núñez o Rossi, faltó darles cierta estabilidad dentro del equipo principal, lo que —como bien se sabe— suele ser indispensable para que puedan asentar un rendimiento acorde a sus reales condiciones naturales.

    Sin lograr pues un funcionamiento medianamente aceptable, y a los tumbos, Peñarol ya se ha despedido del Clausura y —aun de un modo más terminante— también de la Tabla Anual. A esta altura, la única meta a perseguir es poder acceder —bien que por la puerta de atrás— a la próxima Copa Libertadores, siempre que pueda obtener el máximo de puntos por disputar. No tiene dinero guardado en el banco y, cuando revuelve en sus bolsillos casi vacíos, lo único que encuentra en lo inmediato —aunque como un discreto “premio consuelo”— es ser el primer equipo en ganar la flamante Copa AUF Uruguay, un torneo experimental que funcionó de forma aceptable en su tramo inicial —básicamente con equipos del interior— pero que en el siguiente quedó relegado a un segundo plano por los equipos capitalinos (que optaron por afrontarlo con planteles de alternativa) y en el que el aurinegro mantiene su chance por obra y gracia de una milagrosa actuación del golero suplente, Thiago Cardozo, en la definición por penales de su último cotejo ante Boston River.