N° 1980 - 02 al 08 de Agosto de 2018
N° 1980 - 02 al 08 de Agosto de 2018
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPermítaseme tomar una última bocanada de aire fresco, antes de tener que sumergirme en el análisis del actual marasmo en que aparece sumido, una vez más, el penoso fútbol de entrecasa.
En una de las primeras columnas, previo al comienzo del reciente Mundial de Rusia, di cuenta de la sorpresa de que, en un programa televisivo (en el que, por voto popular, se elegía quién representaba mejor el “ser uruguayo”) en el capítulo del deporte, un director técnico —Óscar W. Tabárez— superaba en la votación a varios de los futbolistas más famosos de nuestra historia. Dicha comprobación fue propicia para hacer una genérica revisión del trabajo de 12 años desarrollado por el Maestro y su cuerpo de colaboradores, al frente de la selección uruguaya.
Apenas culminado el magno torneo, con la obtención del honroso 5º puesto en la clasificación final, el tema de la continuidad o no de lo que se ha dado en llamar “el proceso Tabárez”, se instaló en el ambiente del fútbol. Y ello ha dado lugar a una pública y marcada confrontación entre los críticos y los defensores de la labor desarrollada y de sus resultados deportivos, en tan extenso período.
Hay, empero, algo que ha quedado al margen de toda discusión, y es lo relativo a la seriedad, organización y disciplina interna (basada en la educación y el buen trato hacia todos) implantadas por Tabárez en el desempeño de su tarea, durante todo este tiempo. Aspectos, estos, contrastantes con el caos en que se habían movido —o debieron moverse, por imperio de las circunstancias— la generalidad de los buenos técnicos que le habían precedido al frente de la Selección. Por el contrario, las diferencias de opinión —que las hay y han sido fuertes— aparecen en el plano estrictamente deportivo, relativo a las estrategias o al tipo de fútbol que desplegaran las distintas formaciones por él dirigidas a lo largo de estos últimos años. Sin embargo, en este único punto controversial, y a la luz de los resultados conseguidos (a los que vale echarle un vistazo), puede decirse que el saldo le es también favorable al Maestro.
En un balance retrospectivo, es evidente que, como ocurre en toda actividad desarrollada a lo largo de un período tan considerable, los éxitos y fracasos deportivos se han ido alternando; como lo han sido, también, los futbolistas que estuvieron, sucesivamente, bajo las órdenes de su cuerpo técnico (tanto en la actividad de mayores como en las selecciones juveniles). Así, en lo que hace a la selección mayor, bajo su égida Uruguay participó en tres Mundiales (2010, 2014 y 2018), ubicándose en el 4º lugar en el de Sudáfrica; siendo eliminado por Colombia en octavos de final en el de Brasil, y ocupando el 5ª puesto en Rusia (en el palmarés de Tabárez debe incluirse también el Mundial de 1990 en Italia —en el que Uruguay fue eliminado en la segunda fase— pero ese torneo no es parte del actual proceso). En este máximo nivel, pues, el saldo es sin duda positivo, porque permitió ubicar a nuestra Selección en el selecto grupo de las más poderosas del mundo del fútbol, aunque no se hayan colmado enteramente las expectativas generadas en cada una de esas participaciones.
En otros torneos internacionales el ciclo de Tabárez alternó buenas y malas. Lo más significativo fue la obtención de la Copa América de 2011 en Argentina, con la misma base de Sudáfrica, con la que Uruguay pasó a ser la selección más laureada en el largo historial de ese torneo. No ocurrió lo mismo en las otras ediciones disputadas en este ciclo. Así, ocupó el 4º lugar en Venezuela, en el año 2007, en que el título fue para Brasil; y en la del 2015 en Chile —que resultó el triunfador— ocupó un muy deslucido 7º lugar. En tanto que un año después, en 2016, la participación en la Copa América Centenario, disputada en Estados Unidos, concluyó en un estrepitoso fracaso: Uruguay fue eliminado en la primera fase y se ubicó en el lugar 11º, entre los 16 equipos participantes.
En las categorías juveniles cabe destacar el 2º puesto en el Mundial Sub-20 de Turquía del 2013 y el 3º en el de Corea, en 2017; asimismo, la obtención del título de campeón sudamericano en este mismo año. En tanto que en la Categoría Sub-17 el mayor logro fue el título de vicecampeón en el Mundial de México del año 2011.
Como puede advertirse, en líneas generales, los resultados deportivos en todos estos torneos arrojan un saldo positivo. Ello fue fruto de un trabajo coordinado de todas las selecciones nacionales, bajo la égida del Maestro, que permitió un seguimiento directo de la evolución de los futbolistas que las integraran, desde la categoría de menor edad hasta su culminación en la selección mayor, así como una cierta coherencia en la línea futbolística de todas ellas. Eso hace que tenga bien ganadas pretensiones para continuar al frente del proceso por él instaurado, aunque probablemente sujeto a ciertos ajustes, que el paso del tiempo y su propia condición de salud estarían demandando.
Todo parecería indicar, entonces, la conveniencia de renovar el vínculo con la Asociación Uruguaya de Fútbol, el que —según el propio Tabárez lo señalara— concluyó a la finalización del reciente campeonato del mundo. Más aún, en cuanto ya aparece en el horizonte no tan lejano (en el mes de junio del próximo año) una nueva edición de la Copa América, a disputarse en Brasil, que puede ser un excelente banco de pruebas para poder consolidar ese inevitable recambio generacional, que —como bien quedó demostrado— aún no estaba en el debido punto en el reciente Mundial de Rusia.
Según había trascendido, ese era también el propósito de las autoridades en ejercicio de la Asociación Uruguaya de Fútbol, en caso de ser reelectas. Sin embargo, una suma de acontecimientos, acecidos abruptamente en estos últimos días, determinaron la inesperada renuncia de Wilmar Valdez a su cargo y a la postulación para su eventual reelección, en oscuras circunstancias. Lo que ha abierto un insondable abanico de dudas e interrogantes que, obvio es señalarlo, van mucho más allá de la continuidad o no del cuerpo técnico que encabeza el Maestro Tabárez.
Ello habrá de ser el obligado tema de la próxima columna, cuando el paso de los días permita tener un panorama más claro de una situación que ofrece ciertas aristas que, en principio, parecen ser de una gravedad y trascendencia incalculables. Lo triste es que, una vez más, queda de manifiesto el abierto contraste entre la reciente imagen del fútbol for export, que nos ha enaltecido a los ojos del mundo, y la desoladora realidad interna de nuestra dirigencia, sacudida por sueldos suculentos, grabaciones furtivas, renuncias intempestivas y la firme sospecha de una mano invisible que maneja todos los hilos con la habilidad de un gran titiritero.