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    “El perro que no ladró”

    Sr. Director:

    Detalle significativo señalado por Sherlock Holmes al investigar el misterio de la desaparición de un famoso caballo de carrera y el asesinato de su compositor.

    Algo así parece estar ocurriendo en nuestra realidad política. Si no estoy equivocado (lo que me ocurre, no vayan a creer).

    No hace mucho que los titulares de los medios y el foco de su interés referían a paros, movilizaciones, ocupaciones y tal: pateando por la Rendición de Cuentas, el proyecto de ley regulando (flojamente) los sindicatos, la reforma de la educación y temas por el estilo. Y, en algún caso, como el de la educación, la cosa pintaba feo, con una escalada de enfrentamientos y violencia contra el gobierno que hacían temer la búsqueda, deliberada, de un nuevo Líber Arce, (a propósito, ¿alguna vez sabremos qué fue realmente lo que ocurrió?)

    No es que todo se haya convertido en un lago de aceite, pero parecería que la tensión aflojó y que la táctica de buscar el enfrentamiento violento ha sido dejada de lado. La Rendición terminó aprobándose sin ruido, la táctica de “ocupaciones docentes” parece haber sido abandonada e incluso, en un tema como el de la reforma de la seguridad social da la impresión de que la izquierda contestataria cambiaría el choque por una movida proplebiscitaria, buscando movilizar a la gente para otra reforma de la Constitución, que bloquee la postergación de la edad mínima de jubilación (lo que sería un desastre).

    Si mi percepción es cierta, cabe preguntarse: ¿qué está pasando?

    ¿La izquierda manijeadora cambió de actitud?

    ¿O será que no está encontrando suficiente eco para sacar a la gente a la calle y conseguir que se expongan a pasar algún mal rato? Quizás no hay suficiente caldo de cultivo.

    El hecho es que la cosa parece no estar tan crispada.

    También puede ser que la gente está en otra: el Mundial y las fiestas que se vienen.

    Es curioso porque, al mismo tiempo, ese sector de la izquierda (más la sindical que la política —pero que, en definitiva, parece ser la que manda—) está abroquelada en una trinchera de rechazo frontal a todo lo que venga de afuera.

    Al respecto, es impresionante la metamorfosis de Fernando Pereira, que mutó de Dr. Jekyll a Mr. Hyde no bien asumió la presidencia del Frente (igual que el Esc. Miranda, un hombre sensato que terminó enterrándose).

    ¿Será que la cúpula tiene trancada las anteojeras, mientras que la militancia no está tan convencida?

    Cualesquiera sean las causas, si mi percepción es correcta, se podría estar abriendo una ventana de oportunidad.

    Para que la dirigencia más lúcida y equilibrada (de todos los partidos) pueda sentirse con la fuerza suficiente para jugársela en una movida de sensatez y diálogo. Quizás hasta sacando el foco del trillo del escándalo, la calumnia y la ventajita coyuntural.

    La democracia no funciona a los piñazos. No es posible estar agraviando, insultando y atacando y pretender que, al mismo tiempo, cuando sea necesario, se podrá dialogar y negociar. Basta mirar un poco lo que pasa alrededor nuestro. La política ejercida como guerra de exterminio no deja gobernar y no solo al que está de turno, también se extiende al que ayer fue opositor.

    No queda mucho tiempo para las elecciones, tanto quienes hoy gobiernan como aquellos que sueñan con hacerlo mañana, deberían recordar que un clima de enfrentamiento y una política de tierra arrasada son igualmente eficientes para impedir gobernar hoy como mañana.

    Por último, si efectivamente estamos viviendo una pausa en la guerra gaucha, debería aprovecharla la sociedad civil, sus instituciones, para recordarles a los actores políticos que no aprueban los holocaustos (tontos)

    Ignacio De Posadas