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    “El relato lo es todo”

    Sr. Director:

    Motiva estas líneas la posmodernista columna de Gabriel Pereyra publicada en la edición del 10 de marzo pasado. “El relato lo es todo”, titula Pereyra criticando una reciente afirmación de nuestro presidente, Lacalle Pou, de que “dato mata relato” (eslogan de moda, por cierto). El enfoque del columnista llama la atención. Nos dice que el dato no se entiende si no hay relato, algo obvio, pero entiendo que no interpreta adecuadamente el sentido de la frase. Entiendo que lo que esta quiere decir es que el relato que se sostiene en datos es más veraz (y por tanto mejor) que el relato que no lo hace. Se intenta contraponer el relato fidedigno contra el relato falso o falaz, desprovisto de objetividad alguna. Así, entonces, el punto que nos parece de interés no es la obviedad de que todo pensamiento, todo argumento, o todo intento de comunicación requiera de un relato o, más precisamente, de una formulación lingüística y que un dato por sí solo no la suponga, salvo eventualmente en dosis mínimas. En cambio, parece relevante diferenciar los relatos sustentados en hechos o datos, más objetivos o realistas, de los relatos no sustentados en hecho o datos, enteramente subjetivos o ficticios. Y de aquí se sigue que el relato no lo es todo, como afirma Pereyra, sino que necesita del hecho o dato, que siempre es objetivo, contrariamente a lo que dicho columnista sostiene. Nos dice que el dato es tan maleable y subjetivo como el relato, pues todo “depende de la elección y presentación del dato y, sobre todo, de su lectura”. Pereyra confunde aquí dato con relato. La comunicación que incluye ciertos datos y no otros, presentados de cierta manera y no de otra, por más escueta que sea ya supone un relato. El dato aislado, en cambio, siempre es objetivo. Por tanto, un relato como el que refiere el periodista, basado en datos pero que estos han sido seleccionados o presentados en forma tendenciosa, forma parte de los relatos falaces. Esto no lo hace peor que un relato con ausencia de sustento fáctico. Sin embargo, el relato basado en hechos o datos pertinentemente seleccionados y presentados es muy superior a cualquier otro que no revista esas características: es un relato veraz y por tanto confiable. Así, mi punto es que el hecho o el dato son claves para construir un relato confiable y adecuado. Salvo que se pretenda defender que en política no interesa la verdad, sino solo el discurso seductor.

    Pereyra se queja de la mala prensa que supuestamente aqueja al relato aplicado a la política entre algunos liberales. Pero, en realidad, el único tipo de relato que goza de tal desprestigio es justamente el que no se basa en datos adecuadamente seleccionados y presentados, el que falsea o no toma en cuenta la realidad (hechos y datos), el relato que seduce vendiendo a pagar a largo plazo espejitos de colores, el relato que campea en la política menor, que solo se interesa circunstancialmente en los votos y el poder y no, en última instancia, en la gente. En cambio, la política, así, con destaque, es el arte de construir un mejor porvenir para las personas, de construirlo realmente, lo cual deberá constatarse mediante evidencias: hechos, que a su vez darán origen a datos.

    El filósofo estadounidense Harry Frankfurt analiza el valor de los hechos, de los datos, de la verdad que se basa en ellos, inevitablemente encarnados en relatos, en su obra On Truth (Sobre la verdad, Knopf, N.Y., 2006). Bien vale la pena leerlo. La verdad es imprescindible para el relato histórico y para la evaluación de la realidad y la toma de decisiones, ya sea en el plano colectivo como en el individual, como pormenorizada y ejemplificadamente explica en la obra de referencia. Y la verdad no basada en hechos y datos es imposible. Frankfurt concluye afirmando terminantemente que no podemos seriamente desconsiderar la importancia de los hechos y datos, y por tanto de la realidad, en contra de lo que parecen entender Pereyra y tantos otros.

    Parece fundamental reconocer que la verdad es importante para nosotros y por tanto no podemos ser indiferentes a ella. No cualquier relato nos sirve para la vida más allá del mero entretenimiento, y por tanto especialmente para la política. Solo nos sirven los relatos veraces, basados en datos confiables. Por esto, de nuevo, el relato no lo es todo, contrariamente a lo que afirma Pereyra. Además del relato están —ni más ni menos— la realidad, los hechos, los datos, que respaldan o no a los relatos, discriminando así entre los confiables y los prescindibles. Y la diferencia entre hacerlo o no hacerlo es decisiva. Es la diferencia entre vivir “con los pies en la tierra” o “vivir en las nubes”.

    Leonardo Decarlini

    Contador público