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La mayor de las paradojas españolas. En su columna del 10 de este mes, Danilo Arbilla analizó algunas de las extrañas paradojas que ofrece la actual situación española. En líneas generales comparto el comentario de Danilo, pero la que a mi juicio es la mayor de las paradojas no fue mencionada: que el pueblo español eligió para superar la grave crisis que padece el país al que la provocó, o sea, el Partido Popular (PP).
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Porque el derrotado gobierno de Rodríguez Zapatero, al que voté, porque en esos años vivía en Cataluña, fue incapaz, sobre todo en su segundo mandato, de neutralizar o eliminar las causas de una crisis muy similar a la que vivió Estados Unidos desde 2008: la sobrevaloración del mercado inmobiliario y la proliferación de hipotecas basura, sin el adecuado respaldo. Y la crisis inmobiliaria e hipotecaria condujo a la financiera, que puso en graves aprietos a todo el sistema bancario.
Esta situación se originó durante los gobiernos de José María Aznar (1996-2004), período en el que el PP y buena parte de sus dirigentes se convirtieron en una especie de gran empresa inmobiliaria y constructora. En las comunidades autónomas y en los municipios gobernados por el PP se produjo un festival de recalificaciones de tierras, que de rurales pasaron a urbanas, multiplicando varias veces artificialmente su valor. Detrás de esos negocios estaban alcaldes, altos funcionarios y dirigentes del partido, como lo demostraron investigaciones periodísticas y judiciales. En la sede central del PP, en la calle Génova de Madrid, se dio durante años el pasaje continuo de grandes empresarios inmobiliarios y de la construcción, porque allí se redactaban las resoluciones administrativas y legales, y se planificaban y se cerraban los negocios.
En el marco del destrozo que se hizo de la costa mediterránea en las comunidades de Valencia y Murcia, aún hoy hay grandes complejos habitacionales que no han podido ser ocupados por estar levantados, increíblemente, en zonas donde no hay agua. Para construirlos, los bancos concedieron préstamos hipotecarios que nadie paga porque los apartamentos no se pueden habitar. Situaciones similares se dieron en los alrededores de Madrid, en Baleares, en Castilla-León y en Galicia. También hubo ejemplos de corrupción en municipios gobernados por el PSOE, pero en una proporción ínfima si se los compara con la cantidad en la que se vio involucrado el PP.
La crisis derivada de esta situación de sobrevaluación del sector inmobiliario y de la concesión de hipotecas incobrables explotó en el segundo gobierno de Rodríguez Zapatero, quien absurdamente negó las dificultades y careció de habilidad para resolverlas. Así, con una estrepitosa derrota, pagó su desafortunada gestión en las elecciones del año pasado.
Fue como si el pueblo español se hubiese olvidado de quién provocó la crisis, y sólo castigó al que no supo enfrentarla. Pero España es apenas un capítulo de una lección más profunda y digna de estudio, que en principio muestra que los pueblos, ante crisis muy agudas, optan por el cambio sin calibrar antecedentes, y como pensando que lo nuevo no puede ser peor que lo que se descarta. Así, desde 2010, en Europa en crisis se ha pasado de centroizquierda a derecha, y viceversa, como lo muestran los resultados de las elecciones celebradas en los dos últimos años en Gran Bretaña, Hungría, Finlandia, Portugal, Dinamarca, Eslovaquia, España, Francia, y el domingo último en el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia. Comicios a los que hay que agregar los irregulares cambios de gobierno que vivieron Italia y Grecia. Tema para que analicen los politólogos.
Ojalá el PP sepa sanearse, revertir esa situación creada por él mismo y desarrollar una política que beneficie a todos los españoles. Pero, como dice el presidente Mujica, lamentablemente, difícil que el chancho chifle.