Nº 2112 - 24 de Febrero al 2 de Marzo de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos uruguayos estamos enojados con Bill Gates. El hombre más rico del mundo anda promoviendo la carne sintética y diciendo que el ganado contribuye a empeorar el efecto invernadero. Si el mundo le sigue la corriente, Uruguay la puede tener complicada. Pero tal vez no sea tan así.
Nuestra primera reacción fue enfrentar a Bill, con diversos tipos de argumentos. El primero, es que la manera en que se produce carne en Uruguay, con ganados libres en el campo (y no confinados en corrales abarrotados), compensa el efecto negativo del gas metano generado. Otros usaron argumentos semánticos, diciendo que la “carne de laboratorio” no es técnicamente carne (un camino similar a los franceses, que no permiten utilizar la denominación “champagne” a los vinos espumantes que no se producen en la región y con los métodos franceses). Otros lo invitaron a comer un asado para que compare sabores y calidades y entienda que “somos diferentes”.
Pero lo cierto es que este producto va a avanzar. Y mucho más rápido de lo que queremos. Para empezar, el propio Bill invirtió 75 millones de dólares en la empresa Impossible Foods, quien ya había recibido otros 250 millones desde su fundación en 2011. Y hay otros multimillonarios y fondos de inversión, dispuestos a seguir a Bill.
Además, cuando una idea se incorpora en la sociedad, es difícil quitarla. No importan demasiado los argumentos técnicos o científicos, sino que el partido se juega en el terreno de las modas, los prejuicios, lo políticamente correcto o los intereses económicos.
¿Seguirá la carne vacuna el mismo camino que la lana? Uruguay llegó a tener unos 25 millones de cabezas de ovinos, cuando la lana era el principal rubro de exportación, llegando a generar el 50% de las divisas en la década de 1950, con precios muy altos, debido a la gran demanda durante la posguerra y luego con la guerra de Corea.
Pero hoy son apenas 6,5 millones (cuatro veces menos). La explicación la da el propio SUL (Secretariado Uruguayo de la Lana): “No obstante, fueron esos altos precios internacionales de la lana los que favorecieron las inversiones en la fabricación de fibras sintéticas alternativas, estimulando un gran crecimiento de la producción de fibras artificiales y provocando desde fines de la década del 60 un profundo e irreversible cambio en la industria y el comercio textiles”.
La “culpa” de esta caída no fueron los Bill Gates de la industria textil, sino nosotros, los consumidores. ¿No me cree? Abra su propio ropero y cuente cuántas prendas “naturales” tiene y cuántas “artificiales”.
Pero no veamos esto como un caos, sino como una oportunidad. La marca Uruguay Natural habrá que potenciarla, no como un mero artilugio de marketing, sino como un verdadero cambio en el cultivo orgánico de todo lo que podamos producir así: hortalizas, frutas, granos, vinos, con cañadas de agua limpia y aire puro.
Como en muchos otros rubros, nosotros no podemos competir en volumen, sino en calidad, yendo a mercados de “nicho”, que aunque sean pequeños, no lo serán para nosotros. Somos chicos. Veamos eso como una virtud, no como un problema. Pero chico y lento, no. Chico y ágil.
Debemos agradecerle a Bill que nos haya abofeteado para espabilarnos. Para seguir produciendo alimentos de calidad (que son, en principio, más caros), no solo habrá que cambiar técnicas pastoriles y de crianza, sino que hay que achicar el Estado, quitar burocracia y dejar al productor ganadero o agrícola, que corra esta carrera contra los laboratorios y la tecnología, sin mochila y sin parásitos.
Por lo tanto, ¡gracias, Bill!