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    ¿Habrá tocado fondo Brasil?

    N° 1882 - 01 al 07 de Setiembre de 2016

    El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) publicó ayer miércoles 31 de agosto los datos relativos al comportamiento de la economía brasileña en el segundo trimestre de este año, que mostraron una continuidad del contexto recesivo que comenzara en el primer trimestre de 2015.

    En efecto, el IBGE informó que el Producto Bruto Interno (PBI) de Brasil mostró una caída de 0,6% en términos desestacionalizados en el segundo trimestre del año 2016 con relación al primero, en lo que fue la sexta caída consecutiva. Con relación al período abril-junio de 2015, el PBI mostró una baja de 3,8% en el segundo trimestre, al tiempo de que si se toma el primer semestre de 2016 y los últimos doce meses cerrados en junio de este año y se los compara con los mismos períodos del año pasado, la contracción del PBI alcanzó 4,6% y 4,9% respectivamente.

    Salvo el ligero repunte del sector industrial y de la formación bruta de capital fijo en el segundo trimestre del año en comparación con el primero, todos los sectores económicos (agropecuario, industria y servicios) y todos los principales componentes del gasto (consumo de las familias y consumo del gobierno) mostraron bajas de consideración en las comparaciones a nivel trimestral, en el acumulado del año 2016 y en los últimos doce meses. Eso muestra la extensión y profundidad de la crisis de nivel de actividad por la que está atravesando el gigante norteño.

    El complejo panorama económico brasileño incluye un gigantesco déficit fiscal que alcanzó a 9,6% del PBI en los doce meses cerrados en julio de 2016 (con un déficit primario de 2,5% y pagos de intereses sobre la deuda pública de casi 7,1% del PBI), un desempleo récord de 11,3% en el segundo trimestre de este año (frente al 8,3% del mismo período del año pasado), y una tasa de inflación que aunque viene bajando marginalmente sigue en el eje del 9% en períodos anuales, lo que fuerza al Banco Central de Brasil a subir las tasas de interés domésticas profundizando la recesión.

    A pesar de este complicado panorama, en los últimos dos meses se ha comenzado a observar un incipiente mayor optimismo en los analistas brasileños en el sentido de que las cosas lentamente comenzarán a mejorar hacia fines de este año y sobre todo en el 2017.

    Dos han sido los factores básicos que explican esta mejora en las expectativas respecto al futuro de la economía brasileña. El primero fue el proceso de impeachment que culminó este miércoles 31 con la destitución definitiva de la presidenta Dilma Rousseff y su reemplazo por el vicepresidente Michel Temer, que ahora deberá completar el mandato de Rousseff hasta fines del año 2018. Temer y la coalición de partidos que lo apoyan son vistos como más “promercado” y con mayor capacidad para poder tomar e implementar las medidas necesarias de ajuste fiscal y de reforma estructural para poder bajar la inflación, poner nuevamente las cuentas fiscales y la deuda pública en una dinámica sostenible, y recuperar el crecimiento.

    Pero tan o más importante que los acontecimientos políticos domésticos, ha sido el cambio generado en los mercados financieros internacionales por la votación del Brexit en el Reino Unido el pasado 23 de junio. Esa decisión hizo que los inversores internacionales volvieran a volcarse a los mercados emergentes en general, ante la perspectiva de que por el Brexit los principales bancos centrales del mundo se vieran forzados a mantener las tasas de interés más bajas durante mucho más tiempo. El renovado influjo de capitales hacia Brasil permitió una importante baja de la cotización del dólar, y alimentó subas importantes en los precios de los bonos brasileños y de la bolsa de San Pablo.

    Ambos factores, el fin de la era del Partido de los Trabajadores y mejores condiciones financieras en los mercados internacionales, han llevado a un mayor optimismo sobre las perspectivas de Brasil para los próximos trimestres. Así, en la última encuesta semanal que realiza el Banco Central brasileño entre 100 analistas correspondiente al viernes 26 de agosto, se proyecta un aumento de PBI de 1,23% para el 2017 (frente a una previsión de expansión de 1,1% hace cuatro semanas, y una contracción proyectada de 3,16% para este año), al tiempo que se espera que la inflación se reduzca para el año que viene a 5,14% frente al 7,34% que se estima para este año 2016. A nivel financiero se proyecta un dólar a 3,29 reales para fines de 2016 y a 3,45 reales para fines del que viene, con una tasa Selic de 13,75% para fines de este año y de 11,25% para el cierre del 2017.

    Aunque parece difícil que se repita el descalabro económico del período 2015-2016, habrá que ver si efectivamente Brasil puede volver a tomar un dinamismo económico importante y sobre todo sostenible. Las medidas de ajuste interno que deberá tomar el presidente Temer serán muy significativas y no está claro que vayan a tener el apoyo político necesario. El contexto internacional es cada vez más incierto, y puede cambiar en cualquier momento (la semana pasada la FED dio a entender que está dispuesta nuevamente a comenzar a subir las tasas de interés, esta semana se desplomaron los precios de los granos, la situación de China continúa muy fluida, entre otros). Con la misma rapidez con la que ahora llegan, los flujos de capitales se pueden retirar.