Nº 2153 - 16 al 22 de Diciembre de 2021
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa frase del título hace alusión a la forma tradicional en que se da a conocer a los fieles de la Iglesia católica de todo el mundo la designación del nuevo papa. Según se dice, ese humo blanco que sale de la chimenea de la Capilla Sixtina del Vaticano es producido por la combustión de las papeletas con los votos de los cardenales que participaron en la elección. Aunque obviamente sin esa ritualidad, suele hacerse un símil en otros ámbitos diferentes, cuando se trata de la compleja elección del mejor candidato para un cargo determinado. Y eso fue lo que ocurriera en las últimas horas de la noche del martes pasado, cuando el cuerpo de neutrales de la AUF —tras un arduo trabajo contrarreloj de varios días— terminó designando a Diego Alonso como nuevo técnico de la selección, tras el abrupto cese del Maestro Tabárez, dispuesto el pasado 19 de noviembre.
Como es notorio, el círculo de posibles candidatos para ocupar ese cargo fue bastante acotado. La prioridad la tuvo, inocultablemente, el actual técnico de River argentino, Marcelo Gallardo, de muy relevantes campañas en el fútbol argentino con el equipo de River y con un recordado pasaje anterior en nuestro medio, en Nacional. Lo sucedido finalmente a su respecto hace pensar que la pretensión de la cúpula de la AUF por lograr su concurso era casi una utopía. Las tratativas al respecto —que fueron siempre con su representante, sin ningún mínimo contacto con el requerido— insumieron muchos días (demasiados), finalmente sin resultado alguno, pues el propio Gallardo, en una conferencia de prensa realizada el miércoles pasado, decidió extender al menos por un año más su vínculo con su actual institución (sin hacer siquiera la más mínima mención al interés de la máxima dirigencia de nuestro fútbol por contar con su concurso). Aparte del argentino —pero en un marcado segundo plano—, los otros candidatos eran técnicos uruguayos: Diego Aguirre, Diego Alonso y Alexander Medina, a los que se sumó ulteriormente Fabián Coito (¡no trascendió por qué quedaron al margen técnicos muy capaces y de más que probada experiencia como Gregorio Pérez, Fossati o Markarian!).
De acuerdo a lo que fuera informado, el vínculo con el finalmente elegido Diego Alonso (actualmente radicado en España) será en principio solo por los cuatro partidos que resta por disputar por las actuales Eliminatorias (ante Paraguay, como visitante; Venezuela y Perú como local, y finalmente Chile en Calama), y eventualmente uno más, en caso de que debiera disputarse un repechaje. Naturalmente, si es que puede lograrse la clasificación, el contrato habrá de extenderse hasta la finalización del próximo Mundial de Catar, o incluso más allá (se habla de hasta el año 2026, aunque bien se sabe que, ciertamente, han de ser los resultados que se obtengan los que finalmente decidan al respecto).
Debemos confesar que, así como compartimos la desvinculación del cuerpo técnico anterior, encabezado por el Maestro Tabárez, la presente elección de Diego Alonso como su sucesor no nos conmueve particularmente. Fue sin duda un futbolista destacado, con la particularidad de haber jugado en los dos equipos grandes de nuestro medio, pero con una escasa participación en la selección nacional. Su logro mayor en ese plano fue el vicecampeonato de la Copa Libertadores de América de 2011 con Peñarol (dirigido curiosamente por Diego Aguirre, uno de sus actuales competidores para dirigir la selección). Tampoco tiene registros demasiado rescatables en su paso por el exterior, sea como jugador o como técnico, aunque su mayor destaque lo tuvo en el fútbol mexicano. Su antecedente más reciente es haber dirigido al Inter de Miami por la Liga de Estados Unidos, y últimamente estaba sin equipo (lo que, por cierto, no es un dato menor).
Todo indica que incidió muy positivamente para su designación la incorporación a último momento a su cuerpo técnico, como preparador físico, de nuestro compatriota, el profesor Oscar Ortega, muy reconocido y valorado integrante desde hace varios años del exitoso cuerpo técnico del Atlético de Madrid, liderado por el Cholo Simeone. Cabe decir que, según lo anunciado, Ortega igual seguirá ligado laboralmente a su actual equipo, y —debidamente autorizado por este— trabajará con la selección únicamente en los días previos a los partidos de las Eliminatorias, aún pendientes (que, al fin de cuentas, era el mismo tiempo del que disponía el profesor Herrera —su antecesor en el cargo— antes de cada partido de nuestra selección). También, como fuera informado, Darío Rodríguez será el ayudante del flamante técnico, en una tarea que se supone será similar a la que estuvo cumpliendo hasta ahora en Peñarol.
Según se explicara, la labor del recién designado cuerpo técnico empezará ya, antes de la firma del contrato respectivo, pues —estando hoy Alonso radicado temporalmente en España— aprovechará para contactarse personalmente con los futbolistas que juegan en ese país, como son los casos de Luis Suárez, José María Giménez y Federico Valverde. Siendo de suponer que cuando Alonso regrese al Uruguay (se lo espera entre el 20 y el 21 del presente mes) podrá hacer otro tanto con aquellos, de los que han integrado recientemente la selección, que hayan venido a pasar las fiestas con sus familiares.
Aunque la labor del cuerpo de Neutrales de la AUF se ha manejado en un nivel de bastante discreción, es de suponer que también haya existido contactos de ese tipo con otros futbolistas calificados o considerados como “referentes” del actual núcleo celeste, requiriendo su opinión o parecer respecto de los posibles candidatos a suceder al Maestro Tabárez (al igual que con algunos que ya no están, pero que siguen teniendo peso dentro de ese círculo íntimo, tales como Diego Forlán o Sebastián Abreu). A nuestro juicio, se trataba de un elemento importante (aunque no determinante) para la decisión a adoptar. Y no incluyo al excapitán Diego Lugano, pues tengo entendido que se ocupó de apoyar —o promover— a Diego Aguirre, justamente otro de los candidatos para dirigir la selección. Ha terminado la incertidumbre; y ahora solo debemos esperar que el recientemente designado logre el objetivo que todos deseamos: ¡clasificar al Mundial de Catar!
La importancia de este tema nos impide destacar como correspondería la muy oportuna y saludable decisión del actual fiscal de Flagrancia de 9º turno, Dr. Fernando Romano, que hizo comparecer en su sede a dirigentes y futbolistas de Peñarol y Nacional que últimamente tuvieron conductas reprobables en las redes sociales. Era ya hora de que la Justicia penal tomara cartas en el asunto, aunque más no fuera (pues finalmente no se adoptó ninguna decisión a ese nivel) para demandar de las autoridades del fútbol una pronta y muy especial atención a tal respecto. Prometemos ocuparnos de todo ello, si antes no lo ha hecho nuestro querido amigo Raúl Ronzoni en su columna especializada en temas judiciales.