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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLe escribo con respecto al excelente artículo de Claudio Paolillo “La política de lo absurdo”, Búsqueda 1.838, que pone de manifiesto una gran interrogante con respecto al funcionamiento democrático republicano de nuestra sociedad.
Si “la oposición y los principales referentes del gobierno (es decir la inmensa mayoría del país) están a favor de que Uruguay participe en la negociaciones del TISA pero Uruguay decidió retirarse de ellas” porque una minoría que prefiero no calificar de cavernícolas como Paolillo dice, ha provocado un trancazo al gobierno y puesto la comunidad en una situación de parálisis, surge entonces la pregunta: ¿cómo damos respuesta a tal grave problema?
En primer lugar mantener el poder y gobernar se ha vuelto muy conflictivo en el Frente Amplio –Desencuentro Progresista”. Al momento de la toma de decisiones la unidad se impone para mantener el poder y el interés general se queda por el camino.
Si don José Mujica pidió formalmente ingresar en la negociación del TISA y el Sr. presidente Tabaré Vázquez conjuntamente con su ministro de Relaciones Exteriores, Nin Novoa, y de Economía, Danilo Astori, quieren llevarlo adelante, a los que se suman los tres partidos de la oposición, ¿cómo se explica que a estos representantes de la inmensa mayoría de los uruguayos, liderados por dos presidentes del República en ejercicio, oportunamente, se les tuerza el brazo y se produzca esta paralización?
Buscando una explicación, encontré en “Los uruguayos y la bicicleta”, del gran Carlos Maggi, publicado en 1995, el artículo Teoría del Curro (p. 81) donde nos explica el “sistema curricu” que perjudica a todos los uruguayos. Nos explica que en el Frente Amplio mandan los pocos que forman el Plenario Nacional en nombre de pocos y no la inmensa mayoría de los frentistas. Cito “La manía encurricada llega al delirio con la creación del Encuentro Progresista… Allí las mayorías son minoría, porque las minorías forman la mayoría desde la cumbre de la pirámide y no desde la base electoral”.
Citando a Astori nos dice: “Muchos frentistas están hartos… lo primero que debe hacer la coalición es cambiar esta estructura”. Y sigue: el general Seregni había avisado que del brete curroide no se sale votando y que Tabaré Vázquez adelantaba no sería candidato si no había modificaciones en la estructura. Transcribo a Rodríguez Camusso: “la situación es dramática”. “Mientras sigan la actual estructura y las actuales mayorías van a ser de un radicalismo absoluto. El Frente Amplio se encamina a una definición ultraizquierdista”. (…) ¿Qué programa podemos esperar cuando los que dominan la organización son totalitarios en un 95%? Las autoridades del Frente Amplio representan apenas el uno o dos por ciento de los frenteamplistas. Y no tenemos medios para cambiar tal situación”.
Y continúa Maggi: “Hacia las elecciones del 94 el Frente-Encuentro cambió su manera de gobernarse, pero no salió del sistema currico decimal; al revés, se diría que el dogal fue reforzado.
Hoy, a veinte años de estos relatos, la inmensa mayoría de los ciudadanos hemos quedado rehenes de una “ortodoxia anacrónica e inservible”, al decir de Paolillo, y nos preguntamos qué podemos hacer. Un conglomerado político ha logrado el poder pero con sus líderes cautivos del “candado ferrucurroso”, al decir de Maggi, y no pueden llevar adelante las políticas que se imponen para el Uruguay que, dadas sus características, se abra cuanto antes al mundo y deje atrás la vergonzosa posición “que el propio canciller Nin Novoa nos ha informado que Uruguay tiene: el mismo grado de apertura que ¡Etiopía!”.
Nos preguntamos qué queda del funcionamiento democrático republicano de nuestra sociedad, cuyo primer propulsor fue don José Gervasio Artigas. ¿Qué camino nos queda?
¿Acaso el respeto a las minorías, fundamento del sistema republicano, exige que las mayorías quedemos cautivas? El Frente Amplio-Desencuentro Progresista está en todo su derecho de tratar de mantener el poder a toda costa (¿costo?) y por lo tanto priorizar su unidad actuando dentro de un sistema criticado por todas sus principales figuras, pero entiendo que la mayoría de la ciudadanía debe tener una salida y no quedar cautiva.
Pienso en el referéndum como solución. Una expresión popular genuina, democracia directa, participativa diría yo, que nos permitiría a la mayoría de los ciudadanos expresarnos libremente y romper el “candado ferrucurroso”.
No soy constitucionalista, pero en 1989 aprobamos un referéndum que amparó a los ingresos de jubilados y pensionistas, votando 81,78% de los uruguayos. Hoy entiendo que un porcentaje aún mayor aprobaría una resolución para que Uruguay se abra al mundo.
¿Será una reforma constitucional que permita el tratamiento de temas puntuales de manera simple como acostumbran los suizos? ¿Será un artículo de la Constitución que diga que Uruguay por sus características debe ser un país abierto al mundo?
No lo sé, pero entiendo que tiene que recurrirse al referéndum para terminar con “la política del absurdo”
Fernando Crispo Capurro
CI 1.035.428-7