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    ¡La violencia otra vez!

    Nº 2165 - 10 al 16 de Marzo de 2022

    No es esta la primera vez que nos ocupamos del tema. Especialmente, cuando se ha manifestado en el ambiente del fútbol, lo que no quiere decir que no tengamos en claro (y la penosa imagen de este mundo convulsionado hasta extremos impensados, en el que hoy nos toca vivir, es un ejemplo de ello) que la violencia puede darse en todos los ámbitos y en las formas más diversas. En este clima global tan angustiante, puede pues parecer hasta pueril ocuparnos de un par de hechos ocurridos antes y después del partido, que el sábado pasado, protagonizaron Peñarol y Danubio, en el estadio de este último. ¡Pero es imposible soslayarlo!

    El primer suceso preocupante fue que Martín Soppi, uno de los integrantes de la terna arbitral designada para dirigir el cotejo entre Nacional y Montevideo City Torque, el pasado domingo, recibió una muy seria amenaza (cuando estaba circunstancialmente fuera del país) por parte de alguien autoidentificado como hincha tricolor, razón por la que solicitó no ser tenido en cuenta para esa oportunidad. También uno de los líneas del partido entre Nacional y Liverpool, la semana anterior, había denunciado amenazas de similar índole, una vez que había finalizado ese cotejo. Aunque este hecho ya había originado molestias y preocupación en la Audaf, esta creyó prudente hacer un compás de espera, antes de dar cuenta de lo ocurrido a las autoridades de la AUF. Así las cosas, la muy seria amenaza de muerte recibida por Gustavo Tejera, en pleno campo de juego, no bien concluyera el partido en Jardines del Hipódromo, por parte de un fotógrafo vinculado al club locatario, fue la gota que desbordó el vaso. Y como inmediata reacción, y previo a procurar una solución de fondo por parte de las autoridades de la AUF, la gremial decidió no arbitrar el resto de los partidos pendientes de esa cuarta fecha, el domingo y lunes siguientes.

    Bien se sabe que los jueces de fútbol tienen una labor particularmente delicada: la de impartir justicia. Se pretende de ellos que no cometan ningún error, cuando son muchos y repetidos los que cometen los demás actores de un partido. ¡Y son los únicos que no tienen hinchas! Desde siempre han recibido presiones de todo tipo y a varios niveles —que en algunos casos fueron denunciadas ante la Justicia— antes y después de los partidos que debieron arbitrar. Y no siempre sus justas demandas para sancionar a los responsables —o cuanto menos evitar que esos hechos se repitieran— fueron debidamente atendidas. E incluso, más de una vez, ciertos dirigentes clubistas que se sintieron perjudicados por algún fallo, lejos de intentar poner coto a esos actos intimidatorios, sumaron su voz a las protestas, reclamando públicamente sanciones para sus autores, o bien pretendiendo que no se les designara en el futuro en los partidos en que jugara su equipo. Y en algún caso de notoriedad… ¡lograron su objetivo!

    Tras la paralización de actividades, la gremial de árbitros, en los contactos con las autoridades de la AUF, manifestó su pretensión de contar con una seguridad mayor en los escenarios en los que deben actuar, de tener representación en el Tribunal de Ética de la AUF y de endurecer las sanciones del Código de Ética, aprobadas a fines del año pasado (las que van desde la mera advertencia o amonestación al transgresor, la suspensión temporal del ingreso a un escenario deportivo o directamente su prohibición, desde un mes a cinco años, cierto tipo de reparaciones económicas y hasta la inhabilitación de todo vínculo con el fútbol). Tenemos conocimiento de que hubo también fuertes críticas hacia el Tribunal de Ética por su lenidad respecto de dos denuncias concretas (a raíz de las presiones ejercidas por Peñarol sobre los jueces Cunha y Christian Ferreira, así como a expresiones inaceptables, que su presidente Ignacio Ruglio subiera en su estado de WhatsApp). La respuesta del Comité Ejecutivo de la AUF ha sido que la atención y consiguiente análisis de esas demandas van a insumir un cierto tiempo, por lo que instó a la gremial referil a deponer de su actual medida, de modo de reanudar cuanto antes la actividad hoy suspendida. Entretanto Nacional —por boca de su presidente, José Fuentes— hizo notar la incoherencia de la gremial de árbitros por no haber reaccionado del mismo modo en situaciones similares ocurridas en la anterior temporada, objetando asimismo su pretensión de que los dirigentes no puedan expresar en forma pública sus reparos, ante un desempeño referil que consideren perjudicial para el equipo que representan.

    Confieso que no veo de qué forma pueden evitarse por entero situaciones como las que hoy se denuncian (y conste que he ejercido mi profesión como abogado penalista durante casi medio siglo, y la docencia en materia penal en un tiempo casi similar), aunque sí deberían ser sancionadas con arreglo a las normas y los medios hoy disponibles. Quiérase o no, la profesión de árbitro de fútbol está, de por sí, expuesta siempre al juicio ajeno, que puede ser justo o injusto. Y los excesos a ese respecto deben ser juzgados con arreglo a los procedimientos disciplinarios ya existentes en el propio ámbito del fútbol; o —en su caso, y si correspondiere— aplicando las normas de alcance general previstas en la actual legislación penal, que se nos antoja suficientes. Lo que sí debe procurarse es reducir al máximo los errores de los árbitros (la utilización plena del mecanismo del VAR es indispensable para ello), y que los distintos estamentos de la AUF apliquen rigurosamente las normas sancionatorias ya vigentes, cuando ello sea pertinente. Y, por su parte, que los dirigentes clubistas que se sientan afectados por un fallo que no comparten, se abstengan de ventilar públicamente sus discrepancias (para “quedar bien” con la hinchada), y acudan a los mecanismos internos estatuidos con ese fin.

    El martes 8, a última hora, todo apuntaba a que se habría llegado a un acuerdo para que, contemplándose en lo posible los reclamos de la Audaf, el fútbol pudiera reanudarse, de modo de completar, ya este fin de semana, la fecha suspendida. Según lo trascendido, la AUF se compromete a dar mayores garantías en cuanto a la seguridad de los jueces en los campos de juego y en sus adyacencias, y también a darle cabida a un representante del gremio en el Tribunal de Ética (en el lugar que fuera ocupado por Oliver Viera hasta el año 2011). No, en cambio, a endurecer las sanciones del Código de Ética, como les fuera solicitado, sino a procurar que ellas se apliquen de un modo más estricto.

    ¡Todo bien! Aunque también se debería agilitar la reanudación de la aplicación irrestricta del VAR, lo que permitiría subsanar de cuajo algunos errores de los árbitros, y las consiguientes reacciones indeseadas de los afectados por ellos.

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