N° 1787 - 23 al 29 de Octubre de 2014
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUruguay acaba de habilitar el ingreso de pollos congelados desde Estados Unidos de América, lo que hizo poner el grito en el cielo a los productores locales, temiendo perder ventas dentro de un mercado chico, pero bien protegido.
Suena raro que un gobierno de perfil socialista y estatista, que ayer se opuso a un Tratado de Libre Comercio con la potencia del Norte, esté hoy a favor de la libre competencia para la venta de pollos y sean los empresarios quienes estén “preocupados seriamente” al tener que competir con ofertas de extramuros.
Y estos temores parecen lógicos si tenemos en cuenta que Estados Unidos es el mayor productor mundial de carne avícola y, junto con Brasil, son los dos más grandes exportadores del mundo. Es como enfrentar al Bayern de Münich y al Real Madrid en la misma liga. Entonces, ¿qué hacemos? Las opciones son siempre las mismas:
a) no jugar el campeonato porque es imposible ganar un solo partido. Es lo que hizo Chile con su industria automotriz. Se dieron cuenta de que jamás iban a construir o armar autos con la eficiencia y costos bajos con que lo hacían en Oriente, Europa o Estados Unidos. Por eso se dejaron de fantasías y decidieron importar los autos armados de cualquier parte del mundo. Gracias a esa decisión, los chilenos andan en autos nuevos, buenos, bonitos y baratos. Los uruguayos no.
b) la otra opción la podemos llamar “la gran yorugua”: consiste en pedirle a “Papá Estado” que nos “proteja” con subsidios, barreras arancelarias altas (muchos impuestos a los productos de importación para que luego Juan Pueblo los pague más caros en el supermercado) o con barreras no arancelarias (como son las barreras sanitarias), con el loable propósito de cuidar las salud de tres millones de orientales. Es paradójico que los pollos que comen a diario 190 millones de brasileños y los que comen 320 millones de yankees, sin causar ninguna muerte, ni un aumento de los homosexuales (como sostenía don Evo), podrían sí afectar la salud de los uruguayos y poner en serio riesgo a nuestros plumíferos. No parece un argumento de recibo.
c) la tercera opción sería la de competir de igual a igual con los grandes, como lo hicimos en el Mundial de Sudáfrica, donde vimos a los alemanes y holandeses pedir la hora porque se les venía la noche. Pero para jugar esos partidos hay que prepararse, incorporar tecnología, ser eficientes y no cargar kilos extras en la mochila.
Los empresarios polleros deberían escoger la tercera opción. Tienen todo para ganar: un mercado interno muy competitivo gracias al cual han criado “músculos” para pelear con otros rivales de mayor fuste. Tienen granos en abundancia para alimentar a las aves y con una cadena logística eficiente. Hay puertos para sacar la mercadería al exterior y una red de mercados p?ara la carne vacuna con un muy bien ganado prestigio internacional, al cual podrían subirse los colegas avícolas. Y tienen empresas sólidas, dirigidas por empresarios experientes. ¿Qué más se puede pedir?
Al Estado no tienen que pedirle que les dé nada, sino que les saque mucho: que les saquen los costos extras de la energía monopólica más cara de la región, los impuestos sin retorno en servicios, las leyes protectoras de empleados ineficientes y que les saquen el peso de las Pluna, los Mides, las Ancap, las 19 intendencias y los 250.000 empleados públicos.
Nueva Zelanda así lo hizo. Hagamos lo que hay que hacer y ¡listo el pollo!